¿El
Perú fuera de la CAN?
Por José Antonio
García Belaunde, Embajador
El Comercio de Perú
Lima, 22 de agosto de 2005
La inminente incorporación del Perú a la
zona de libre comercio andina, a la que
accedió gradualmente a partir de un
cronograma negociado con los socios
andinos hace ocho años, y que significa
que para el final del 2005 los pocos
productos que habían quedado fuera de
ella --particularmente el azúcar, el
petróleo y derivados-- tendrán arancel
cero, ha suscitado reacciones que se
asemejan demasiado al debate en tiempos
de Fujimori cuando su Gobierno planteó
la salida del Perú de la hoy Comunidad
Andina.
Conviene hacer un poco de historia. Es
larga, pero la presentaré sucintamente.
El año 1997 al Perú se le exigió que
definiera su posición respecto a la zona
de libre comercio. Había conseguido, en
1993, salirse de ella. Esa decisión,
tomada por la comisión (los ministros de
Comercio), era violatoria del Acuerdo de
Cartagena y fue demandada ante el
Tribunal Andino, pues el acuerdo prohíbe
que una vez incorporado un producto al
denominado Programa de Liberación
Comercial, no puede ser retirado, por el
principio de seguridad y permanencia de
los compromisos. Se inició una larga y
complicada negociación en la que el Perú
exigía hasta siete años (aunque se supo
que podía aceptar seis) para ingresar a
la zona de libre comercio, y Colombia no
estaba dispuesta a dar más de tres. Ante
la imposibilidad de lograr un acuerdo,
el Perú anunció su retiro y empezó a
negociar las condiciones del mismo.
En medio de este proceso, el Perú viró
hacia una nueva negociación y los
negociadores peruanos obtuvieron ocho
años para culminar la desgravación
arancelaria, más de lo que había sido su
meta. En todo este toma y daca,
involucrado como correspondía estuvo al
frente del equipo negociador el
Ministerio de Comercio, con Gustavo
Caillaux y Diego Calmet, ministro y
viceministro respectivamente. Participó
también el Ministerio de Economía, a
través del jefe de asesores, Fritz du
Bois.
Ganó el Perú y cumplió rigurosamente con
el cronograma que se había establecido
para incorporarse al libre comercio
entre los andinos. Era un procedimiento
simple y lineal, rebajar anualmente un
porcentaje hasta llegar a cero. Pero
hizo algunas excepciones, entre ellas el
azúcar y el petróleo, productos que
tenían 20% de preferencia, esto es, los
andinos tenían que pagar el 80% del
arancel peruano, y al final de estos
ocho años se liberaría por completo. En
el caso de azúcar, se dijo que ese era
el tiempo requerido para modernizar y
hacer competitiva nuestra industria. En
el caso del petróleo, el argumento era
la necesidad de colectar los aranceles,
pues la caja fiscal no podía darse el
lujo perder esa recaudación.
Como quiera que no hay plazo que no se
cumpla, se ha llegado al final del
período de transición y nos hemos vuelto
a encontrar con los mismo argumentos de
la década pasada. Y más grave ahora,
porque quienes plantean revisar la
permanencia del Perú en la CAN están
advirtiendo a nuestros nuevos socios
(léase EE.UU. Unión Europea, Tailandia,
etc.) que sus acuerdos con el Perú
pueden ser materia de revisión y
denuncia si llegado el momento no
consideramos estar en condiciones de
cumplir las obligaciones.
La seguridad jurídica que necesitamos
garantizar y la estabilidad que
ofrecemos con los acuerdos
internacionales, se verían profundamente
afectados. Y esto para no hablar del
impacto sobre las exportaciones peruanas
no tradicionales, que en un casi 20% se
dirigen a la Comunidad Andina, mismo
porcentaje que tiene a Europa como
destino.
Hagamos un esfuerzo para evitar caer en
tentaciones autodestructivas enviando
mensajes pocos serios y con tufillo
mercantilista.