Por una Sudamérica integrada

Por Óscar Maúrtua de Romaña, Embajador peruano
El Comercio de Perú
Lima, 18 de enero de 2005

La Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN) ha nacido con el fin de integrar el espacio regional, promoviendo la convergencia de la CAN, Mercosur, Chile, Guyana y Surinam a partir de la institucionalidad existente y en torno a objetivos comunes, sustentándose en el diálogo y la concertación de las distintas posiciones que pudiesen surgir. La CSN surge como un nuevo espacio de cooperación y concertación política y de promoción de la integración regional. El mandato de la Declaración del Cusco señala que la consecución de los objetivos trazados contará con la cooperación de Aladi, OTCA, Mercosur y de la CAN, así como de otros esquemas de cooperación e integración subregional. La importancia de ello radica en que se evitará la duplicación y superposición de esfuerzos que impliquen mayores gastos financieros o económicos para nuestros países.

La Secretaría General de la CAN convocará próximamente la primera reunión para elaborar, conjuntamente con las organizaciones sudamericanas implicadas, el plan de trabajo que permita organizar sus actividades. Un claro avance de la CSN se hizo evidente a la semana siguiente del encuentro presidencial en el Cusco, cuando con ocasión de la Cumbre de Presidentes del Mercosur -realizada el 17 de diciembre en Brasil- el Consejo del Mercado Común solicita a la Aladi concentrar esfuerzos con la CAN y la Secretaría Técnica del Mercosur para elaborar propuestas y lineamientos de acción en la elaboración del diseño institucional de la Comunidad Sudamericana de Naciones. Estamos convencidos de que los esfuerzos entre la CAN y el Mercosur serán complementarios para promover la unificación del subcontinente. Para ello existen principios rectores como -tal como ha sido conceptualizado- "los de solidaridad y trato preferencial para los países de menor desarrollo relativo, de gradualidad en su implementación conforme a las prioridades que se definan a partir de la identificación de los intereses comunes, de flexibilidad para adaptarse a la realidad y dinámica del entorno regional, y de complementariedad en la búsqueda del valor añadido a las relaciones socioeconómicas de ambos bloques".

Además del resultado concreto que supuso para esta naciente unión sudamericana la formalización entre el Perú y Brasil del acuerdo para la carretera Iñapari-Inambari, próximamente se materializará la integración eléctrica del Perú con Ecuador y de integración energética entre el Perú y Chile, todos ellos dentro del marco de colaboración energética diseñado por Olade. Existen otros plausibles proyectos como la creación del fondo de emergencia social, con una contribución inicial de US$100 millones que a través de un voluntariado destinado a las zonas de miseria alivie la extrema pobreza. A la Corporación Andina de Fomento (CAF) se le conferiría -mediante fideicomiso- la administración del mismo.

Debemos saber utilizar las experiencias exitosas de otras regiones para apuntar con gran optimismo a una alternativa similar en este nuestro espacio sudamericano. Iniciativas -que saludaron el nacimiento de la CSN- como la europea (Unión Europea), la norteamericana (Nafta), centroamericana (SICA), caribeña (Caricom) o la del sudeste asiático (Asean), entre otras, son merecedoras de una mirada atenta por cuanto significan importantes lecciones que debemos saber recoger y adecuar a la realidad de nuestro subcontinente. Es así que la integración sudamericana se esboza como una conjunción de tres vertientes: la económica y comercial, que apunta en última instancia a un libre comercio regional, la de cooperación y concertación política, y la física (infraestructura, energía y comunicaciones).

Esperemos que este gran esfuerzo genere un sustancioso debate que contribuya a materializar y fortalecer este destino común para bien de nuestros pueblos y de los sectores de extrema pobreza que así nos lo demandan.