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El
TLC con Estados Unidos
Nuevo espacio para la integración andina
Por
Allan Wagner Tizón, Secretario General
de la Comunidad Andina
Artículo publicado en el diario El
Comercio de Lima (10-6-04), La Razón de
La Paz (9-6-04) y Portafolio de Bogotá
(2-6-04)
El pasado 18 de mayo se dio inicio en
Cartagena de Indias, Colombia, a las
negociaciones para la suscripción de un
tratado de libre comercio entre tres de
las cinco economías de la Comunidad
Andina y Estados Unidos, con la
incorporación posterior de Bolivia como
cuarto país andino. Este hecho
constituye un hito muy importante en la
historia de nuestras naciones, no solo
por lo que representa en materia de
acceso al mercado más importante del
mundo, sino además por los efectos que
el proceso pueda generar sobre la
integración andina.
Las concesiones unilaterales otorgadas
por Estados Unidos a través de la Ley de
Preferencias Andinas (ATPA) en 1991
fueron la base para el desarrollo
exportador hacia ese importante destino,
y su reciente renovación y ampliación,
para dar lugar al ATPDEA, generó una
mayor dinámica en exportación de
productos no tradicionales. No obstante,
este instrumento unilateral concluirá su
vigencia en diciembre del 2006, hecho
que genera inestabilidad e inseguridad
en las condiciones de acceso que los
productos andinos tienen en el mercado
norteamericano.
Frente a este panorama la negociación de
un TLC se abrió paso como un elemento
dinamizador del proceso de
aproximaciones comerciales de cuatros
países andinos con Estados Unidos, en un
momento de gran incertidumbre sobre el
rumbo del ALCA. A medida que se ha
venido delineando el cronograma de las
negociaciones, ha resultado cada vez más
visible la complejidad que entraña la
negociación aislada de cada una de las
naciones seleccionadas. Por ello, con
una alta dosis de pragmatismo, los
países andinos involucrados en este
proceso han buscado explícitamente, en
sus reuniones previas de coordinación,
la puesta en marcha de una estrategia
compartida que les permitiría consolidar
posiciones comunes en la máxima medida
de sus intereses y sensibilidades
comunes.
La decisión de EE.UU. de avanzar en la
negociación de un solo TLC con Colombia,
Perú, Ecuador y Bolivia ha sido clara
desde el comienzo. Las razones políticas
y comerciales para incluir a estos
países en un tratado de libre comercio
tienen que ver con la política
estratégica regional de
corresponsabilidad con los países
andinos en el combate al narcotráfico,
el fortalecimiento de las instituciones
democráticas y la promoción del
desarrollo socioeconómico.
El acuerdo de libre comercio con Estados
Unidos constituye así un reto y una
oportunidad para las economías andinas.
Por una parte, permitirá consolidar una
agenda común frente al libre comercio y
brindará la oportunidad de actualizar y
profundizar la normativa comunitaria
andina, fortaleciéndose en proceso de
integración. Pero, por otra parte, les
obliga a generar las bases jurídicas y
la estrategia competitiva que les
permitan a sus sectores productivos
sortear las dificultades de una mayor
exposición a la competencia y ganar
nuevos mercados, especialmente en los
sectores rural y de las PYME.
Es claro que los beneficios que se
buscan en la parte comercial están
acompañados por concesiones y
compromisos en disciplinas que pueden
requerir ajustes importantes en las
economías andinas y en las normas
subregionales, así como impactos
notables en el corto plazo sobre el
consumidor y la actividad empresarial en
su conjunto.
De allí la trascendencia de la acción
coordinada que han emprendido nuestros
países para alcanzar el mayor grado de
éxito posible en las exigentes
negociaciones que apenas marcaron la
cancha en la ronda inicial de Colombia.
En la próxima ronda de negociaciones,
prevista para mediados de junio en
Atlanta, se definirán posiciones más
concretas en las modalidades de
negociación, compromisos básicos en cada
uno de los capítulos e intercambio de
información estadística. Solo será hasta
la tercera ronda a fines de julio, en
Lima, cuando se produzca el intercambio
de listas de productos.
Los países andinos han mostrado, en su
debut en Cartagena, un alto grado de
preparación. Tengo la convicción de que
la positiva decisión de unir esfuerzos y
el apoyo técnico de la Secretaría
General permitirán fortalecer la
capacidad negociadora de nuestros países
y asegurar un resultado beneficioso que
impulse su desarrollo y fortalezca la
integración andina.
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