Hay iniciativas de Chávez que Kirchner acompaña y Lula cuestiona
Antiguos y nuevos ruidos cruzan los intentos de integración sudamericana
 

La puja de liderazgos se ve en la lista de organismos que se crean, uno tras otro. La viabilidad del Banco del Sur depende de cuánta plata haya y de quién la ponga.

Alcadio Oña
aona@clarin.com
Clarín de Argentina
Buenos Aires, 8 de mayo de 2007 

La región —incluido el Mercosur— está zarandeada por los mismos ruidos de siempre, más los que se le van agregando. Lula da Silva acaba de admitir que la integración atraviesa por un "proceso turbulento", durante una reunión que tuvo lugar, la semana pasada, en la Cancillería brasileña. 

Los mismos ruidos de siempre son los históricos reclamos de Uruguay y Paraguay, que se consideran discriminados por los socios mayores. Definida como asimetrías económicas, la brecha se expresa ostensiblemente en las muy desiguales cifras del comercio bilateral. 

Según datos oficiales de 2005, Paraguay tiene un déficit de 532 millones de dólares con la Argentina y otro de 558 millones con Brasil. Cifras de 2006 cantan para Uruguay: desequilibrio de 777 millones con Argentina y de 496 millones con Brasil. 

En la reunión de Itamaraty, Lula también consideró imperioso "resolver" esas asimetrías. Pero las propuestas que Brasil ha llevado al Mercosur siguen en vía muerta, ante la intransigencia de la Argentina: más concretamente, se dice, la del propio presidente Kirchner. 

Los ruidos más recientes provienen de los movimientos de Hugo Chávez, ese hombre que según Lula "marcha en un Fórmula 1 a 300 kilómetros por hora, cuando nosotros sólo podemos ir a 230". Y no están en cuestión los posicionamientos internacionales del presidente venezolano, sino más precisamente sus aspiraciones regionales. 

Iniciativas de Chávez —algunas compartidas por Kirchner, otras rechazadas por Lula— son la Unasur, la Oppegasur, el Banco del Sur, el Fondo del Sur (¿un FMI propio?), la Alternativa Bolivariana para las Américas, que se suman a la ristra de organismos y organizaciones que ya existe en la región. Tantos, que difícilmente haya alguien con capacidad de retener todas las siglas en danza. 

La Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas) es una criatura del venezolano que vio la luz durante la cumbre energética de Isla Margarita. Tendrá sede en Ecuador. Y está planteada como una organización política, aunque resultará por lo menos difícil que sea capaz de armonizar voces tan disonantes como las de Venezuela, Colombia o Chile, por citar sólo tres casos. 

Eso sí, puede servir para sepultar una idea de Lula: la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN). Otro tironeo por los liderazgos, la CNS apenas tiene dos años y nadie ha dicho todavía qué será de ella. 

Definida pomposamente como la OPEP de esta zona, la Oppegasur tal vez nunca pase de ser una sigla. Venezuela, Argentina y Bolivia han manifestado disposición a integrarla, pero Lula le puso el pie encima en Margarita. 

Parte del mismo complejo es el Banco del Sur, una entidad pensada para financiar obras de infraestructura, comercio exterior y planes de desarrollo regionales. Brasil, que siempre lo resistió y cuenta ya con el poderoso Banco de Desarrollo, acaba de formalizar su incorporación al proyecto. Lo que sigue, verdadero nudo del problema, es definir de dónde saldrá la plata, y cuánta habrá, para fondear el Banco del Sur. Finalmente, es lo que le dará existencia y viabilidad reales, por encima del prematuro revoleo de dólares que ha empezado a desatarse. 

De paso, coexistiría con la Corporación Andina de Fomento, que tiene de socios a Venezuela y otros cuatro países y de accionistas, entre varios más, a la Argentina, Brasil y Chile. En 2005, la CAF financió proyectos por US$ 4.746 millones. 

En semejante maraña de organizaciones, es común ver países que comparten sillas en unas pero no en otras. O intentos de participar simultáneamente en algunas que son incompatibles: como Bolivia, que quiere integrarse al Mercosur sin dejar la Comunidad Andina de Naciones (CAN).  

Ahora también se dice que Chávez estaría repensando su decisión de dejar la CAN: igual que Evo Morales, pretendería estar en las dos mesas al mismo tiempo. Si todo esto no es lo confuso que parece, cuanto menos resulta eso que cuidadosamente Lula llama "turbulento proceso" de integración.