Sudamérica y un
viejo sueño
La
creación de la Unión Sudamericana
responde a un añejo anhelo
inconcluso, pero también a una
necesidad: nuestros países no
pueden enfrentar solos los
desafíos del nuevo orden político
y económico mundial.
Eduardo
Duhalde. PRESIDENTE DE LA
COMISION DE REPRESENTANTES
PERMANENTES DEL MERCOSUR
Clarin de Argentina
Buenos Aires, 6 de diciembre de
2004
Presiento que
la América no olvidará el día que
nos abracemos", escribía San
Martín en una carta dirigida a
Bolívar en los prolegómenos del
encuentro de los libertadores en
Guayaquil. Ambos entendían que no
habría real independencia y
posibilidades de progreso sin
unidad de los pueblos del sur de
América. Ignorando aquella verdad,
vivimos casi dos siglos de
espaldas los unos a los otros,
en soliloquios inconducentes.
Este 9 de diciembre en Ayacucho,
Perú, aquella misma convicción que
animó las luchas por la
emancipación impulsará a los
mandatarios de nuestras repúblicas
a firmar el Acta Fundacional de
la Unión Sudamericana.
No será un hecho más de nuestras
diplomacias. Estamos ante un
acontecimiento trascendente,
impregnado de un fuerte contenido
emocional, que coloca al
subcontinente en un nuevo rumbo
histórico.
No se llega a Ayacucho
imprevistamente. La Unión será
un nuevo estadío en nuestro
proceso de integración, que
parte de la conjunción de la
Comunidad Andina, Chile y el
Mercosur. Como lo pensaba el
peruano Francisco García Calderón,
la estrategia es consolidar la
unidad por regiones. Esa misma
concepción estuvo en la prédica y
propuestas del Barón de Río
Branco, para alcanzar la
unidad de Argentina, Brasil y
Chile (ABC), años después
retomadas por Juan Domingo Perón.
Tampoco se llega a Ayacucho sin
una ardua labor previa. Seis años
trabajaron los negociadores de las
cancillerías para alcanzar
acuerdos comerciales entre los
diez países que ahora, ya
consolidado ese paso, se lanzan a
la unión política.
En esta decisión de los
presidentes sudamericanos han
pesado factores insoslayables,
principalmente la conciencia de la
inviabilidad histórica para
experiencias nacionales
solitarias.
Estamos inmersos en un gran
proceso de cambio a escala
planetaria, en el que hasta
los conceptos mismos de nación y
de soberanía está en mutación.
Las negociaciones se dan de
bloques a bloques o entre
grandes naciones. Si deseamos
participar activa y creativamente
en el diseño de este nuevo orden
político y comercial del mundo, la
integración se torna
indispensable.
De modo que la unión en sí, aunque
no fuese más que una respuesta
defensiva a los desafíos de la
hora, ya es necesaria y pone a
nuestra región en la dirección
adoptada por la Historia.
Sin embargo, la realidad
sudamericana impone otras tareas.
Hay factores instrumentales en
cuya concreción ya se ha comenzado
a trabajar:
Integración física. A través
de la Iniciativa de Integración
Regional Sudamericana (IIRSA) el
Banco Interamericano de Desarrollo
y los gobiernos han consensuado un
conjunto de grandes obras-ancla de
infraestructura, que implican
inversiones por unos 17 mil
millones de dólares. Las
inversiones privadas jugarán en
esto un papel importante.
Integración energética. Se ha
comenzado la elaboración de una
carta energética, al modo de la
que en su momento suscribiera la
Unión Europea, con el objetivo de
crear un anillo que englobe a
la región para superar los
problemas actuales en esta
materia.
Integración financiera. A
partir de la exitosa experiencia
de la Corporación Andina de
Fomento, juntamente con bancos
nacionales de desarrollo, se busca
la creación de fondos
especiales para financiar el
desarrollo económico y de
infraestructura.
Integración cultural y
comunicacional. Es necesario
crear un nuevo imaginario
sudamericano y reafirmar la
identidad del subcontinente, para
que el proceso de globalización
que vivimos permita un orden
distinto, atento a las
diversidades y a los aportes de
regionales y subregionales.
Integración institucional. A
la par que se amplía la unión de
nuestros pueblos, se hace
imprescindible fortalecer la
institucionalidad de los bloques
regionales. Es preciso avanzar
en la construcción de instrumentos
supranacionales: parlamento,
justicia, moneda, etcétera.
Al mismo tiempo, hay aspectos
estratégicos de la agenda de
la integración, dictados por la
realidad internacional y local:
Unión para
dar batalla a los problemas
comunes: exclusión social,
desindustrialización, desempleo,
pobreza, inseguridad.
Posturas
comunes en los grandes foros
mundiales y ante otras
regiones y naciones, para hacer
escuchar nuestras voces en la
Organización Mundial de Comercio,
Naciones Unidas, y para negociar
en mejores condiciones acuerdos
comerciales, políticos y de
cooperación con el ALCA, la Unión
Europea, China, India, Rusia,
etcétera.
La Unión Sudamericana fruto maduro
de la paz y la democracia
laboriosamente conquistadas por
nuestros pueblos nos dará
presencia política y protagonismo
económico en el concierto mundial.
Desde esta plataforma nos
dispondremos a enfrentar las
dificultades del tiempo nuevo y
ante los dolores del mundo
proclamaremos nuestra voluntad de
contribuir unidos al entendimiento
y la convivencia que desde
siempre estuvieron cifrados en la
utopía de América.