El TLC Bajo la Lupa
Las negociaciones del Tratado de Libre Comercio según Allan Wagner, secretario general de la Comunidad Andina.

Revista Caretas
Entrevista MARCO ZILERI
Lima, 16 de setiembre de 2004

"El legítimo propósito que nos asiste para impulsar el libre comercio y la inversión productiva en las Américas, debería estar acompañado de un esfuerzo simultáneo de cooperación interamericana alrededor de la reconversión productiva de los países andinos y las condiciones de acceso y competitividad para las pequeñas y medianas empresas urbanas y rurales", propuso el ex ministro de Relaciones Exteriores del Perú y actual secretario general de la Comunidad Andina (CAN), Allan Wagner, en la VIII Conferencia Anual de la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Diálogo Interamericano sobre Comercio e Inversión en las Américas, celebrado en Washington el pasado jueves 9.

Pocos días después arrancó en San Juan de Puerto Rico la III Ronda de Negociaciones del TLC entre Estados Unidos y el Perú, Ecuador y Colombia, en curso al cierre de la presente edición. La Comunidad Andina observa la negociación del TLC desde un prisma particular, puesto que no la integra orgánicamente en la medida que sólo negocian tres de los cinco países andinos. Sin embargo, hay puntos de vista muy definidos.

Un botón (botoncito, más bien) de muestra del proyecto que plantea Wagner en la presente entrevista se sucribió el lunes 13, en Lima, entre la CAN y la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos, y que casi triplica la cooperación, de los actuales US$ 2,5 millones a US$ 6,6 millones, para fortalecer las capacidades comerciales andinas.

-¿Cuál es la evaluación de la Comunidad Andina sobre la marcha de las negociaciones del TLC?

-Positiva. Nuestros países han venido negociando estos temas desde hace varios años en el ámbito andino, pero también en el del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y eso se está reflejando en las negociaciones. No hay secretos en las negociaciones.

-¿Qué fortalezas percibe?

-Tenemos una normativa andina unitaria para manejar plazos de salvaguardas, medidas antidumping, asuntos de competencia, normas de origen. Toda una batería, que es un buen punto de partida. De hecho, un reciente estudio de la CAN concluyó que hay un alto nivel de compatibilidad entre la normativa andina y las normas sobre temas similares contenidas en los acuerdos que Estados Unidos ha firmado con Chile.

-¿Y debilidades?

-La más clara es que no participan los cinco países andinos. Felizmente en la Cumbre de Quito, en mayo pasado, se logró matizar el problema, estableciendo un mecanismo de consulta entre los países, lo cual permitirá vencer situaciones sensibles.

-¿Cuál será la incidencia de un TLC sobre la normativa andina?

-En Quito se acordó que las relaciones entre los países andinos continuarán regidas por el Acuerdo de Cartagena, cualquiera sea el resultado del TLC, a fin de no generar cuerpos jurídicos paralelos. Si tuviéramos dos o tres regímenes comerciales que operan simultáneamente, no sabríamos cuál aplicar entre los países andinos. Sería una torre de Babel.

-¿Cuáles son los temas más sensibles?

-El tema más importante es el agro. Estados Unidos ha adelantado que no está de acuerdo con el mecanismo de franjas de precios en el agro porque viola las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Ese es un tema que tendrá que ser negociado para encontrar, en cualquier caso, un sistema que permita atender la situación evidentemente inequitativa de competir con productos que vienen subsidiados de un país tan poderoso como EE.UU.

-En materia de propiedad intelectual y medicamentos, ¿acaso la propuesta norteamericana no va más allá de lo estipulado por la OMC?

-Sí, la norma existente en la OMC es la que está reflejada en la norma comunitaria andina. En todo caso, aquí se debe preservar el derecho público al acceso a la salud. No a los medicamentos para la calvicie o bajar de peso, sino para curar el cáncer, el Sida, la tuberculosis. Los medicamentos de los Programas Nacionales de Salud.

-¿El Tratado de Libre Comercio allanará el camino al desarrollo?

-Hay una agenda que no sale todavía a la superficie: la de competitividad e inclusión social. Lo planteé la semana pasada en la conferencia anual organizada por la Corporación Andina de Fomento (CAF) y Diálogo Interamericano sobre Comercio e Inversiones en América Latina, en Washington. Yo le doy mucha más importancia a esto que a la negociación propiamente dicha. La negociación del TLC va a terminar en abril del próximo año. Todos lo esperamos, pero quedará pendiente esta otra agenda que hay que empezar a construir desde hoy día, mejor dicho desde ayer, porque hay mucho atraso.

-¿En qué sentido?

-Una negociación para conseguir condiciones de libre comercio en ciertos mercados, en sí misma no es una solución. Es una oportunidad. Para materializarla hay que trabajar en el desarrollo de capacidades competitivas, y eso pasa por muchas cosas: infraestructura física de transporte, de comunicaciones y de energía. Pero también tenemos infraestructura industrial y la necesidad de innovación tecnológica. Por otro lado, tenemos necesidad de incorporar en ese proceso a los grandes sectores sociales. En el caso urbano, a la micro, pequeña y mediana empresa. Y en el caso rural, a la enorme población campesina, de muy baja productividad, y donde las condiciones de libre comercio son muy complicadas para ellos.

La población rural podrá tener durante un largo tiempo un nivel de protección de la competencia, pero en el horizonte a mediano y largo plazo tenemos que trabajar para mejorar la productividad del sector campesino y permitir que se incorporen de manera dinámica al proceso.

-El subsecretario del Tesoro de EE.UU. John Taylor declaró a CARETAS la semana pasada que los beneficios sociales se van a percibir en cuanto se capten mayores inversiones privadas con un TLC y se genere mayor crecimiento económico.

-Esa es una condición necesaria, pero no suficiente. Generar la infraestructura, incorporar a la pequeña y mediana empresa en el proceso de industrialización moderna y de exportaciones, y resolver el problema de la baja productividad del medio rural requiere de mucha inversión. Si no se resuelve el tema de la competitividad y la inclusión social positivamente, el TLC puede resultar contraproducente; significaría mantener un patrón de producción primaria exportadora y .profundizar la brecha social histórica.

-¿Qué plantea la Comunidad Andina como solución?

-El ejemplo de la Unión Europea es pertinente. Los países europeos destinaron una parte importante de su Producto Bruto a la creación de fondos estructurales para financiar la competitividad de las regiones atrasadas, y alcanzarán lo que llaman la "media europea". Identificaron cuáles eran los sectores dinámicos y cuáles los atrasados, no a nivel de sectores transversales, sino en áreas territoriales, y ahí focalizaron su acción. Ese es el tipo de planteamiento que nosotros estamos impulsando desde la secretaría general de la CAN. Es el llamado nuevo diseño estratégico, y así ha sido comprendido por los presidentes en la Cumbre de Quito, lo cual dio lugar a la decisión de celebrar en diciembre de este año en el Perú la Cumbre Andina por el Desarrollo.

Hay recursos de cooperación que podrían ser reorientados con ese objetivo. También hay que pensar en los llamados mecanismos financieros innovadores que fueron planteados en la agenda del Grupo de Rio el año pasado, y no encuentran concreción.

-El subsecretario del Tesoro de EE.UU. no pareció compartir el concepto de mecanismos financieros innovadores.

-Quizás no comprendió la pregunta. El staff del Fondo Monetario Internacional ya ha comenzado a avanzar en la configuración de uno de los aspectos, que es el de no registrar como gasto corriente las inversiones que el Estado realiza en obras de infraestructura. Eso ya comienza poco a poco a abrirse camino. Lo que tenemos que hacer es abrir el camino más rápido, porque eso permitiría un nivel de inversión pública mucho mayor.

El otro tema importante es la deuda externa. No se trata aquí de declarar la nulidad de la deuda o cosas por el estilo, pero tenemos un problema de magnitud y perfil de la deuda que ha llevado a los países a un nivel de saturación de la capacidad de endeudamiento. El peso de la deuda externa en los países andinos fluctúa entre 30% y, en algunos casos, más del 60%.

-Pero el grueso de la deuda externa está contraída con la banca privada o banca multilateral.

-Actualmente, cualquier inversión que se realiza tiene que ser financiada, y el financiamiento se registra como déficit. Así, por ejemplo, cuando se construye una carretera en dos años que cuesta US$ 500 millones, ingresa al déficit de esos años. En cambio, si existiera un fondo fideicomiso de apoyo a la realización de obras de infraestructura, el déficit podría ser incorporado en el plazo de los 25 años que toma el pago del crédito. Ese fue el planteamiento que se hizo, y sobre eso se está trabajando. Es como hacer un leasing de una carretera e ir pagando por armadas durante 25 años.

-¿Y qué dicen los norteamericanos?

-En general nadie se resiste a este tipo de opiniones. ¿Pero cómo constituyes el fondo de fideicomiso y quién lo respalda? Hay un problema de arquitectura financiera de por medio. Lo que se está buscando son fórmulas que permitan combinar recursos públicos con recursos privados para potenciar la capacidad de inversión. La CAF está trabajando en este campo, lo mismo el BID y el Banco Mundial. No es una utopía y no es demasiado complicado.

-¿Cómo entender que en el marco de un tratado de libre comercio, EE.UU. haya planteado que algunos productos andinos que ya ingresan al mercado norteamericano libres de aranceles vía el ATPDEA, como los espárragos del Perú o las flores de Colombia, pierdan ese beneficio?

-Es parte del regateo. En el fondo no se está negociando partidas arancelarias, sino normativas de lo que hoy se denomina disciplinas comerciales, que tiene que ver con cosas tan importantes como propiedad intelectual, bienes e inversiones, políticas de competencia, compras gubernamentales, normas técnicas y estatutarias. En fin, toda una parafernalia de temas que son los que hoy en realidad definen las relaciones comerciales entre los países, y, por consiguiente, desde nuestro punto de vista, un modelo de desarrollo social. Eso es muy importante. El conjunto de disciplinas comerciales que se negocia es una oportunidad de darles estabilidad a las políticas económicas, y por esa vía generar un clima apropiado para atraer inversiones, desarrollar la economía, ofrecer empleo. Pero si el resultado es congelar el actual patrón de producción primario exportador, habremos hecho un mal negocio.