La reciente
suscripción del nuevo convenio automotor
andino fue considerada por Jaime Ardila,
presidente de la General Motors "Colmotores"
con sede en Colombia, como un "hito en
la historia del sector" en la subregión.
Ardila destacó, entre
otros aspectos, la mayor estabilidad que
el nuevo convenio da a los inversores,
el establecimiento de metas más
realistas, la prohibición taxativa a la
importación de partes y piezas usados y
la posibilidad que otorga de negociar
sobre una base más homogénea futuros
acuerdos regionales.
El Convenio de
Complementación en el Sector Automotor
fue suscrito el jueves 16 en Lima por
Colombia, Venezuela y Ecuador, países
miembros de la Comunidad Andina (CAN).
Entrará en vigencia el 1 de enero del
2000 por un período prorrogable de diez
años.
¿Qué importancia
tiene el convenio?
Marca un hito en la
historia del sector en la subregión,
especialmente porque nos da diez años de
estabilidad y de tranquilidad para
programar las inversiones sobre la base
de un mercado ampliado que involucra a
los tres países de la Comunidad Andina
que han venido trabajando en el tema:
Ecuador, Colombia, Venezuela.
¿Para su empresa
en particular qué relevancia tiene?
Para la General
Motors es un acuerdo de suma
importancia, toda vez que nosotros
tenemos presencia y planta de ensamble
en los tres países. Por iguales motivos,
participamos activamente cuando se firmó
el primer convenio, en 1993.
¿Cuáles fueron los
resultados que arrojó el primer
convenio?
El primer convenio
fue un buen punto de partida y sirvió de
experiencia a los tres países, tanto a
los gobiernos como al sector privado .
Nos permitió ampliar el mercado y
empezar un proceso de sustitución de
productos importados por productos de
fabricación nacional y de integración de
proveedores que debió aumentar la
eficiencia y los niveles de integración
locales.
Creemos que a partir
del nuevo convenio ese proceso puede
profundizarse, porque corrige algunas
deficiencias del anterior y nos da un
marco de estabilidad mayor, teniendo en
cuenta que ahora ya no van a ser cinco
sino diez años de vigencia.
¿Qué diferencias
fundamentales encuentra entre el nuevo y
el antiguo convenio?
Con el nuevo
convenio, hay que cumplir un requisito
específico de origen para tener derecho
a la exención arancelaria, la cual será
a partir de la fecha de cero para el CKD
importado que cumpla ese requisito y de
35 y 15 por ciento, dependiendo de la
categoría de vehículos, para aquellos
que no cumplan o vehículos terminados.
Esto es bastante
consistente con las normas que existen
en la Organización Mundial de Comercio (OMC)
y por supuesto con otro tipo de acuerdos
comerciales, como el Tratado de Libre
Comercio de América del Norte (TLCAN).
Por consiguiente, le da a la región
andina la posibilidad de negociar sobre
una base más homogénea futuros acuerdos
regionales.
¿Qué otro aspecto
destacaría del nuevo convenio en
relación con el anterior?
Además de los 10 años
de vigencia, me parece que el nuevo
convenio tiene la ventaja de establecer
unas metas de integración local que son
más realistas que el primero en el
sentido de que la integración
subregional que hay que alcanzar de
partes y piezas empieza con unos niveles
relativamente comprables a los que
tenemos ahora y va aumentando a partir
del cuarto o quinto año a niveles mucho
más altos , con el propósito de terminar
al cabo de 10 años con niveles de
integración cercanos al 50% que se
considera un verdadero desarrollo
industrial automotor.
¿En qué consiste
el régimen suspensivo que se menciona en
el convenio?
Es una parte crítica
del convenio y también una ventaja con
respecto al anterior. Consiste en que
aquellas compañías que pretendan ser
ensambladoras y cumplan con requisito
específico de origen pueden solicitar al
gobierno establecer una zona aduanera en
su planta de ensamble, sea ella de
vehículos terminados o autopartes, en la
cual puedan importarse las piezas sin el
pago de los aranceles y sin pago de
ningún derecho de importación hasta
tanto se produzca la nacionalización del
vehículo.
Esto quiere decir que
en lugar de pagar al momento de
importación, se paga al momento en que
se nacionaliza el producto, lo cual no
solamente trae algunas ventajas de orden
financiero para las compañías que están
en proceso de ensamble sino que les da
también una mayor facilidad
administrativa en sus relaciones con la
aduanas de los respectivos países. Es
una relación de confianza entre el
ensamblador y la aduana mediante la cual
todos productos entran con unos
aranceles suspendidos hasta que se
produzca la respectiva nacionalización.
Un aspecto que
llamó la atención es la prohibición de
la importación de vehículos y autopartes
usados. ¿Qué puede decir al respecto?
El acuerdo prohibe
tanto la importación de vehículos y
autopartes y piezas usados. En cuanto a
vehículos, el acuerdo anterior ya
establecía esa prohibición, lo que no
ocurría con las partes y piezas.
Nosotros hemos apoyado mucho al sector
autopartista en ese aspecto por razones
de seguridad, por razones ambientales y
equilibrio en la competencia y porque
creemos que es altamente inconveniente
que los países autoricen la importación
de repuestos usados.
El nuevo convenio
establece de manera taxativa una
prohibición a la importación de partes y
piezas usados. Es un gran avance que en
Colombia ya existe y que al incorporarse
en un acuerdo subregional, le da mayor
coherencia y consistencia.
Cuáles son las
perspectivas del sector con el nuevo
convenio?
Los tres países
estamos produciendo alrededor de 300 mil
unidades, de los cuales corresponderían
150 mil a Venezuela, unos 120 mil a
Colombia y entre 30 a 40 mil a Ecuador.
Ahora las ensambladoras van a llegar no
a un mercado más grande. Eso abre las
perspectivas. Pueden aprovechar mucho
más las economías de escala, tanto
ensambladoras como autopartistas;
especializarse más en determinados
modelos, racionalizar más sus líneas de
productos y ampliar las escalas de
producción.
¿Qué posibilidades
hay de que los otros miembros de la CAN
se sumen al Convenio?
En el caso de Perú,
mi percepción es que, a medida que los
beneficios del convenio se hagan
palpables, este país va a replantear su
posición. En el caso de Bolivia me
parece algo más difícil porque tiene
situación especial respecto a Brasil y
además la industria de autopartes es
inexistente, a diferencia de Perú donde
podría desarrollarse como ya ocurrió en
los años setenta. En consecuencia creo
que si bien en el corto plazo no hay
posibilidades, en el mediano plazo sí lo
habrá.
Se afirma que
habrá un salto cualitativo de la
industria de ensamble a la de
producción. ¿Cómo se alcanzará esta
meta?
Las posibilidades de
que eso ocurra son reales siempre y
cuando se sepa de qué se está hablando.
Los motores y transmisiones no se van a
poder producir porque requieren
economías de escala mayor, alrededor de
un millón de unidades para justificar
una producción de motores. En cambio, el
mercado ampliado andino, con 300 o algo
más de unidades, sí va a permitir
aumentar los porcentajes de integración
y dar ese salto cualitativo del que se
habla.
Quiero destacar la
muy buena disposición de los tres
gobiernos en la negociación que rara vez
lo hemos visto nosotros, los del sector
privado. Es también digno destacar el
papel que cumplió Perú, que sin ser
firmante del convenio y en su condición
de miembro de la CAN, ha jugado un papel
cardinal en todo el proceso que ha
culminado con la suscripción del
convenio.