Bajo el “espíritu de Quito” se construye un nuevo modelo de desarrollo andino

Por Antonio Araníbar Quiroga
Director General de la Comunidad Andina
Artículo publicado en el diario La Prensa de La Paz (26-8-04), Los Tiempos de Cochabamba (19-8-04) y La República de Lima (14-8-04)

Nuevos vientos soplan en los dominios de la integración andina. La constatación surge a propósito del desarrollo y el resultado de la reciente Cumbre presidencial, realizada en Quito, el pasado 12 de Julio.

Nuevos-viejos temas para la renovada agenda andina de integración, por un lado. Por el otro, inéditas formas de un genuino y fecundo diálogo presidencial. Ambos aspectos están contenidos o implícitos en el documento que refleja directamente las ideas y preocupaciones que los Presidentes andinos intercambiaron en aquella oportunidad. Titulado “Diálogo Presidencial sobre el futuro del proceso andino de integración y su proyección en Sudamérica”; allí se encuentra lo que podríamos denominar el “espíritu de Quito”que, de aquí en más, está llamado a presidir al proceso subregional de integración que congrega a Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela.

El “espíritu de Quito”, surgiría, por un lado, de un dato objetivo: la inflexión que en materia económica y política caracteriza, más o menos abiertamente y con peculiaridades propias, a la situación crítica que en materia de cohesión social, representatividad y gobernabilidad viven la casi totalidad de los países andinos. Por otro lado, plasmaría un componente subjetivo: la disponibilidad presidencial para el diálogo y la interacción genuina entre pares tan dispares, valga el juego de palabras.

En la confluencia de ambos factores, objetivo y subjetivo, está el reconocimiento -implícito en el documento pero explícito en el propio diálogo presidencial- del agotamiento y consiguiente necesidad de superación de las políticas derivadas del “Consenso de Washington” entre las que el abandono del concepto del desarrollo -por considerarse que éste sería un resultado automático del funcionamiento irrestricto del mercado- ocupaba lugar relevante. Ese lugar de primerísimo plano es el que los Presidente han querido dar a la recuperación de aquel concepto cuando en la primera frase del documento sostienen: “coincidimos en la necesidad de promover una reflexión conjunta en torno a un modelo de desarrollo propio centrado en la promoción de las inmensas potencialidades de nuestros pueblos”. Para agregar luego, que la mencionada reflexión debiera apuntar a formar criterios comunes acerca del “impulso de una estrategia de desarrollo territorial” y en torno a “un nuevo enfoque del ‘Estado sostenible’ en la conducción de los asuntos del desarrollo”; así como debiera proponerse el estímulo de un proceso de cohesión social en nuestra subregion” y la búsqueda de “equidad en las relaciones económicas internacionales que permita corregir injusticias en los términos de intercambio”.

Que no se trata de arranques meramente retóricos o de alcance puramente burocráticos está por verse en el futuro, a la luz de los resultados que se vayan produciendo en el desarrollo concreto de las políticas públicas nacionales y en el del propio proceso integrador andino. Esa perspectiva del mediano y largo plazo con la que será necesario medir la significación de lo que hemos dado en llamar el “espíritu de Quito”, no deja de plantear en lo inmediato, lo legítimo que resulta congratularse por señales tan significativas de claridad conceptual y de voluntad política de la que han hecho gala los Presidentes Andinos en su última reunión Cumbre la que, de algún modo, deberá validarse y proyectarse con más fuerza hacia el futuro en la cita que, para efectuar esa “reflexión conjunta en torno a un modelo de desarrollo propio”, se ha fijado entre ellos para el próximo 7 de Diciembre, en el mágico escenario de Machu Picchu y bajo la Presidencia pro témpore del Perú.