El momento sudamericano
Por Sebastián Alegrett
Secretario General de la Comunidad Andina
Lima, 29 de agosto de 2000

La invitación del Presidente del Brasil, Fernando Henrique Cardoso, a constituir un espacio sudamericano introduce una nueva dimensión en los procesos de integración y desarrollo de América Latina que implica una formidable operación política.

En su visita a la sede de la Comunidad Andina en Lima, en julio de 1999, el Presidente Cardoso pronunció una conferencia en la que nos anticipaba su iniciativa en los siguientes términos: "lo fundamental es la integración con América del Sur. Con esto no quiero decir una no-integración con ALCA, una no-integración con Europa, una no-integración con lo que sea, pero la realidad más cercana al Brasil es la realidad de América del Sur".

Meses después, en febrero del presente año, se materializó su convocatoria a la Cumbre de Jefes de Estado de América del Sur, basándose en que "la contigüidad geográfica hace de la aproximación de los países de la región una meta al mismo tiempo natural y necesaria". De esta forma: "la paz, la democracia y la estabilidad en nuestra región, así como el desarrollo económico y social de cada uno de nuestros países, pueden ser favorecidos de forma muy importante por la profundización de la red de intereses recíprocos".

Es inmenso el desafío, pero también son inmensas las oportunidades. América del Sur constituye un enorme espacio territorial excepcionalmente rico en recursos naturales como el agua, los minerales, los hidrocarburos y biodiversidad, que ofrece grandes perspectivas para el crecimiento y desarrollo de sus economías y de sus sociedades.

Sudamérica ocupa unos 17.8 millones de kilómetros cuadrados, tiene una población de 341 millones de habitantes, un Producto Interno Bruto superior a 1 207 000 millones de dólares y sus exportaciones se situaron en 134 000 millones de dólares en 1999, todo lo cual representa un importante mercado real y potencial para el logro de una inserción más favorable y competitiva en la economía mundial y un innegable peso político en el escenario internacional

Desde esta nueva perspectiva, la creciente vinculación entre sus dos procesos de integración, la Comunidad Andina y el Mercosur, adquiere la mayor relevancia.

En abril de 1998, luego de un largo proceso de aproximaciones, la Comunidad Andina y el Mercosur firmaron en Buenos Aires el Acuerdo Marco para la creación de una Zona de Libre Comercio que incorporó otros temas de cooperación y concertación entre ambos bloques.

En la actualidad, los acuerdos de preferencias arancelarias suscritos por la Comunidad Andina con el Brasil y luego con la Argentina contribuyen a despejar la vía para abordar directamente las negociaciones de la zona de libre comercio. De esta forma, de contarse con el consentimiento de los otros dos miembros del Mercosur, Paraguay y Uruguay, podría iniciarse a la brevedad el proceso que lleve a la conclusión de este acuerdo comercial, el cual aspiramos pueda entrar en funcionamiento hacia mediados del próximo año.

En este contexto, la articulación con Chile, actualmente miembro asociado del Mercosur, será indispensable, como también será necesaria la aproximación a estos procesos de Guyana y Surinam.

Son estas las razones que hacen de la relación entre la Comunidad Andina y el Mercosur la piedra angular en la formación del espacio sudamericano. Para nosotros, este proceso debe sustentarse simultáneamente en la profundización y consolidación de la integración al interior de cada bloque, en su creciente interrelación y en el desarrollo de una acelerada convergencia hacia el nuevo objetivo común.

Pensamos que esta relación puede ir enriqueciéndose desde ahora si emprendemos juntos tareas concretas y útiles como la armonización de normas para la interconexión de las telecomunicaciones y sobre transportes entre países, así como sobre las normas técnicas y sanitarias, y las prácticas y trámites aduaneros que faciliten el comercio. También se debe avanzar en el desarrollo de la infraestructura física y de los pasos de frontera que resultan vitales si queremos que este espacio geográfico se convierta en un mercado activo.

La consolidación al interior de la Comunidad Andina y del propio Mercosur, la convergencia de ambos bloques en la construcción del espacio sudamericano y el fortalecimiento de la integración regional son procesos concurrentes que debemos emprender con premura porque el tiempo corre en contra nuestra.

Cada grupo de países deberá contribuir con lo mejor de lo que tiene aprovechando las sinergias. El esfuerzo común no sólo se debe dar en el campo del comercio y de la producción, sino debe abrir espacios de cooperación en los temas monetarios y financieros, en el área de la informática y de las nuevas tecnologías donde existe un gran potencial a desarrollar.

Para la Comunidad Andina el establecimiento de una zona de libre comercio con el Mercosur no debe ser el resultado de una "negociación de regateo", sino de cooperación. La finalidad es buscar fórmulas en las que ganen ambas partes y eso es posible. Más aún, consideramos que esta relación no puede limitarse a los aspectos meramente comerciales y debe abarcar el diálogo y la concertación política.

Dentro de estos principios generales, creemos que el desarrollo de un espacio económico y de cooperación entre los países de América del Sur debe ser congruente con el propósito de avanzar cada vez más hacia una integración de la América Latina y del Caribe, promoviendo desde ahora una concertación regional que contribuya a alcanzar una participación más equilibrada en las negociaciones para la creación del Area de Libre Comercio de las Américas en el año 2005.

La consolidación progresiva del espacio sudamericano constituye el mayor aporte que podemos hacer para alcanzar una participación más armónica, equilibrada y equitativa de nuestros países en la economía mundial. Su realización depende, en lo fundamental, de nuestras propias capacidades y representa una de las respuestas más sólidas frente a un proceso de globalización que corre el riesgo de beneficiar principalmente a los países desarrollados.