La invitación del
Presidente del Brasil, Fernando Henrique
Cardoso, a constituir un espacio
sudamericano introduce una nueva
dimensión en los procesos de integración
y desarrollo de América Latina que
implica una formidable operación
política.
En su visita a la
sede de la Comunidad Andina en Lima, en
julio de 1999, el Presidente Cardoso
pronunció una conferencia en la que nos
anticipaba su iniciativa en los
siguientes términos: "lo
fundamental es la integración con
América del Sur. Con esto no quiero
decir una no-integración con
ALCA, una no-integración con
Europa, una no-integración con lo
que sea, pero la realidad más cercana al
Brasil es la realidad de América del Sur".
Meses después, en
febrero del presente año, se materializó
su convocatoria a la Cumbre de Jefes de
Estado de América del Sur, basándose en
que "la contigüidad geográfica hace de
la aproximación de los países de la
región una meta al mismo tiempo natural
y necesaria". De esta forma: "la paz, la
democracia y la estabilidad en nuestra
región, así como el desarrollo económico
y social de cada uno de nuestros países,
pueden ser favorecidos de forma muy
importante por la profundización de la
red de intereses recíprocos".
Es inmenso el
desafío, pero también son inmensas las
oportunidades. América del Sur
constituye un enorme espacio territorial
excepcionalmente rico en recursos
naturales como el agua, los minerales,
los hidrocarburos y biodiversidad, que
ofrece grandes perspectivas para el
crecimiento y desarrollo de sus
economías y de sus sociedades.
Sudamérica ocupa unos
17.8 millones de kilómetros cuadrados,
tiene una población de 341 millones de
habitantes, un Producto Interno Bruto
superior a 1 207 000 millones de dólares
y sus exportaciones se situaron en 134
000 millones de dólares en 1999, todo lo
cual representa un importante mercado
real y potencial para el logro de una
inserción más favorable y competitiva en
la economía mundial y un innegable peso
político en el escenario internacional
Desde esta nueva
perspectiva, la creciente vinculación
entre sus dos procesos de integración,
la Comunidad Andina y el Mercosur,
adquiere la mayor relevancia.
En abril de 1998,
luego de un largo proceso de
aproximaciones, la Comunidad Andina y el
Mercosur firmaron en Buenos Aires el
Acuerdo Marco para la creación de una
Zona de Libre Comercio que incorporó
otros temas de cooperación y
concertación entre ambos bloques.
En la actualidad, los
acuerdos de preferencias arancelarias
suscritos por la Comunidad Andina con el
Brasil y luego con la Argentina
contribuyen a despejar la vía para
abordar directamente las negociaciones
de la zona de libre comercio. De esta
forma, de contarse con el consentimiento
de los otros dos miembros del Mercosur,
Paraguay y Uruguay, podría iniciarse a
la brevedad el proceso que lleve a la
conclusión de este acuerdo comercial, el
cual aspiramos pueda entrar en
funcionamiento hacia mediados del
próximo año.
En este contexto, la
articulación con Chile, actualmente
miembro asociado del Mercosur, será
indispensable, como también será
necesaria la aproximación a estos
procesos de Guyana y Surinam.
Son estas las razones
que hacen de la relación entre la
Comunidad Andina y el Mercosur la piedra
angular en la formación del espacio
sudamericano. Para nosotros, este
proceso debe sustentarse simultáneamente
en la profundización y consolidación de
la integración al interior de cada
bloque, en su creciente interrelación y
en el desarrollo de una acelerada
convergencia hacia el nuevo objetivo
común.
Pensamos que esta
relación puede ir enriqueciéndose desde
ahora si emprendemos juntos tareas
concretas y útiles como la armonización
de normas para la interconexión de las
telecomunicaciones y sobre transportes
entre países, así como sobre las normas
técnicas y sanitarias, y las prácticas y
trámites aduaneros que faciliten el
comercio. También se debe avanzar en el
desarrollo de la infraestructura física
y de los pasos de frontera que resultan
vitales si queremos que este espacio
geográfico se convierta en un mercado
activo.
La consolidación al
interior de la Comunidad Andina y del
propio Mercosur, la convergencia de
ambos bloques en la construcción del
espacio sudamericano y el
fortalecimiento de la integración
regional son procesos concurrentes que
debemos emprender con premura porque el
tiempo corre en contra nuestra.
Cada grupo de países
deberá contribuir con lo mejor de lo que
tiene aprovechando las sinergias. El
esfuerzo común no sólo se debe dar en el
campo del comercio y de la producción,
sino debe abrir espacios de cooperación
en los temas monetarios y financieros,
en el área de la informática y de las
nuevas tecnologías donde existe un gran
potencial a desarrollar.
Para la Comunidad
Andina el establecimiento de una zona de
libre comercio con el Mercosur no debe
ser el resultado de una "negociación de
regateo", sino de cooperación. La
finalidad es buscar fórmulas en las que
ganen ambas partes y eso es posible. Más
aún, consideramos que esta relación no
puede limitarse a los aspectos meramente
comerciales y debe abarcar el diálogo y
la concertación política.
Dentro de estos
principios generales, creemos que el
desarrollo de un espacio económico y de
cooperación entre los países de América
del Sur debe ser congruente con el
propósito de avanzar cada vez más hacia
una integración de la América Latina y
del Caribe, promoviendo desde ahora una
concertación regional que contribuya a
alcanzar una participación más
equilibrada en las negociaciones para la
creación del Area de Libre Comercio de
las Américas en el año 2005.
La consolidación
progresiva del espacio sudamericano
constituye el mayor aporte que podemos
hacer para alcanzar una participación
más armónica, equilibrada y equitativa
de nuestros países en la economía
mundial. Su realización depende, en lo
fundamental, de nuestras propias
capacidades y representa una de las
respuestas más sólidas frente a un
proceso de globalización que corre el
riesgo de beneficiar principalmente a
los países desarrollados.