La
Comunidad Suramericana (CS) ha nacido
oficialmente tras la firma de la
Declaración de Cuzco. Ya tiene su
partida de nacimiento y todos los
documentos necesarios que la convierten
en una realidad, al menos en los
papeles. Pero, ¿llegará a ser algún día
algo más que eso? Los países
latinoamericanos tienen mucha ilusión en
este proyecto aunque no hay demasiadas
razones para el optimismo. Esta CS la
integran los países de la Comunidad
Andina de Naciones (CAN), los del
Mercosur y Chile, Guayana y Surinam.
Pero ni la CAN ni el Mercosur por sí
mismos han logrado la integración que
esperan hacer extensiva a todo el
subcontinente. Un mal presagio.
De hecho,
la CS ha nacido mutilada. En un
principio se planteó que nacería como
una organización con sus propias
instituciones -como un parlamento o un
tribunal de disputas- que la dotaran de
un contenido económico, pero también
político y social. Sin embargo, se ha
impuesto la creación de un organismo más
light, sin organizaciones propias.
Algunos economistas creen que este hecho
impedirá contar con un mecanismo eficaz
que convierta su simple formulación en
una realidad con capacidad de actuar.
El acuerdo
firmado en Cuzco (Perú) durante la
clausura de la "III Cumbre de
Presidentes de América del Sur" (que
dejará de celebrarse para dar paso a las
reuniones entre los gobernantes del
nuevo organismo integrador) establece
que las reuniones de jefes de Estado de
los países que lo integran, en total 12,
serán la instancia máxima de conducción
política de la Comunidad.
Rifirrafe.
¿Lograrán ponerse de acuerdo? Parece
complicado. Incluso en el acto del
nacimiento de la CS hubo problemas, a
pesar de que se trataba de un evento
feliz y esperanzador. El principal
desencuentro lo protagonizaron el
presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y
el brasileño, Lula da Silva.
El rifirrafe entre Chávez y Lula
sorprendió a los asistentes a la Cumbre.
Según asegura el diario venezolano
Descifrado.com, los roces entre ambos
mandatarios comenzaron después de que
Chávez asegurara en unas declaraciones
que la integración debía ser hecha por
los pueblos y no por los intereses
económicos.
El miércoles, en el transcurso de una
reunión privada entre algunos
mandatarios latinoamericanos, los
representantes de algunos países se
quejaron de que las cumbres
presidenciales se estaban convirtiendo
en encuentros burocráticos sin
resultados concretos. Lula no estuvo de
acuerdo y de paso contestó a Chávez.
El
mandatario brasileño se quejó por la
"ansiedad" por conseguir resultados
mostrada por Chávez. En ese momento, el
presidente venezolano no contestó. Lo
hizo después, al salir de la reunión,
ante los periodistas. Chávez aseguró que
ansiedad es la que tienen los pobres y
desempleados, "tal vez sea yo quien les
da voz", afirmó el venezolano.
Mercosur.
El enfado entre Lula y Chávez es
revelador. Brasil es precisamente el
principal impulsor de esta iniciativa,
pero también es el más poderoso
económicamente, una fortaleza que hace
pensar en los problemas generados por
las asimetrías entre países. Esta misma
dificultad está entorpeciendo el
desarrollo del Mercosur. Algo que lleva
sucediendo desde 1991.
Está claro
que la integración no es una tarea
fácil. El Mercosur lo forman cuatro
países: Argentina, Brasil, Uruguay y
Paraguay. El mismo proceso con 12 países
será bastante más costoso.
Las
dificultades en el seno del Mercosur se
han puesto en evidencia esta misma
semana, a sólo unos días de la
celebración de la XXVII Cumbre del
Mercosur que se celebrará entre el 15 y
el 17 de diciembre en Minas Gerais
(Brasil). Brasil y Argentina se han
enzarzado en una de sus ya habituales
disputas comerciales.
Hace unos
meses, el ministro de Economía
argentino, Roberto Lavagna, fue a la
capital brasileña a pedir comprensión
con la necesidad de Argentina de
proteger su sector industrial, en pleno
proceso de recuperación. La verdad es
que en un principio el país austral sí
recibió esa comprensión. De hecho, Lula
intentó convencer a los exportadores
brasileños de que limitaran las ventas a
Argentina.
Pero hay
declaraciones que no pueden ocultar que
entre los dos países algo falla. Esta
semana, el encargado de las relaciones
de Brasil con América del Sur, Luiz
Felipe de Macedo, advirtió que "Brasil
no puede responsabilizarse de la
economía de sus vecinos". Más claro...
Además,
según algunas informaciones el propio
Lula, que meses antes evitó interceder
en el conflicto entre las empresas
brasileñas y las argentinas, ahora ha
tomado una posición clara de defensa
explícita de las compañías brasileñas.
Todos
estos desencuentros incluso se han
trasladado a la creación de la CS. Según
algunas informaciones, en Brasil sentó
muy mal que el presidente Néstor
Kirchner no acudiera a Perú a firmar su
acta de nacimiento. Algunos lo han
interpretado como un intento del
Gobierno de Argentina de mostrar su
disconformidad con la actitud de Lula y
su deseo de liderar el proceso de
integración regional.
Ni
siquiera las relaciones comerciales
entre el Mercosur y la CAN (Bolivia,
Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela) son
espectacularmente buenas. El comercio
entre estos dos bloques es bastante
bajo. En octubre firmaron un acuerdo
para iniciar un proceso de reducción
arancelaria para corregir esta
situación. Pero durará entre 10 y 15
años.
Parece que
las dificultades para el desarrollo de
la CS serán muchas. La CS tiene 361
millones de habitantes, más de 17
millones de kilómetros cuadrados de
extensión, un Producto Interno Bruto que
asciende a 973.000 millones de dólares
(730.000 millones de euros), con
exportaciones valoradas en 188.000
millones de dólares y reservas de gas,
petróleo y minerales para más de un
siglo.
Estas son
sólo unas cuantas características de
esta Comunidad que podría convertirse en
una de las principales zonas económicas
del mundo. ¿Será posible lograrlo? El
desafío es muy grande. Tiene muchas
cosas buenas pero también una muy mala.
En Latinoamérica existen 220 millones de
pobres, el 44% de la población, y tiene
la peor distribución del ingreso del
planeta.