A finales del mes de
enero se reunirá en Bolivia el Consejo
Presidencial Andino, el órgano más
importante del Sistema Andino de
Integración, constituido por los
Presidentes de los cinco países de la
región. Es una "cumbre" que desde 1989
se realiza al menos una vez al año para
llegar a importantes acuerdos
relacionados con este proceso y para
adoptar las decisiones políticas que
sean necesarias para impulsarlo.
Esta vez el Consejo
Presidencial Andino tiene una
significación especial. Desde hace
tiempo, los presidentes no se reunían
para revisar el destino de la Comunidad
Andina, como parece que va a ocurrir
ahora. Y es que esta organización, pese
a haber logrado notables avances,
necesita sincerarse, especialmente
cuando todavía no se ha podido
perfeccionar el Arancel Externo Común,
para tener de verdad una unión aduanera.
Si queremos que el
Mercado Común Andino sea una realidad,
como está planteado que ocurra en el
2005, es necesario que cada país haga un
ejercicio de reflexión y manifieste su
posición respecto al proceso andino de
integración, de manera transparente y
frontal. Las organizaciones andinas,
especialmente su Secretaría General y su
Tribunal de Justicia, han hecho
encomiables esfuerzos para llevar
adelante este proceso, de acuerdo como
lo prescriben los tratados. Pero este
proceso también necesita que los propios
países y sus ciudadanos participen
activamente en el mismo, cumpliendo
cabalmente las normas comunitarias y
accediendo directamente a las instancias
comunitarias como lo permiten los
tratados andinos de una forma única en
el mundo.
Debemos mejorar ahora
la integración andina, porque quizás
después sea muy tarde. Para esto, sin
lugar a dudas, será muy útil el camino
que hemos transitado desde 1969. Vale la
pena recordar lo que ocurrió en los años
ochenta, cuando las Comunidades Europeas
fueron relanzadas después de un período
de estancamiento preocupante y hoy esas
naciones tienen una realidad llamada la
Unión Europea, con un mercado común y
una moneda única. El proceso andino
puede perfeccionarse de muchas maneras
para adaptarlo más a nuestras realidades
y necesidades, especialmente en estos
momentos de crisis que aconsejan la
búsqueda de alternativas. Sin embargo,
no debe despreciarse ni subestimarse el
pasado y mucho menos el presente de la
Comunidad Andina. Ahora es cuando más se
hace necesario llevar adelante procesos
de integración como el andino y ahora es
cuando hay que hacer su revisión.
Por esta razón, es
destacable la iniciativa del gobierno de
Bolivia y sus gestiones para convocar a
una nueva reunión en la que parece que
finalmente los gobiernos van a poner las
cartas sobre la mesa. La integración
andina es un proceso como pocos en el
mundo y necesita para su desarrollo el
concurso de todos los órganos andinos,
de los países, especialmente sus
gobiernos y jueces, y los propios
ciudadanos, para juntos llevar adelante
una empresa que ciertamente no es fácil
de realizar, pero que es, probablemente,
la única vía que nos queda a los
latinoamericanos para salir de la crisis
y el subdesarrollo.