Santa Cruz 2002: Nuevos aires para la Comunidad Andina

Por Jorge Castro Bernieri
Profesor de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. 
Consultor Jurídico de la Secretaría General de la Comunidad Andina.
Lima, 24 de enero de 2002

El gobierno de Bolivia, a cargo de la presidencia rotatoria de la Comunidad Andina, convocó una reunión cumbre de los cinco países del grupo para el próximo 30 de enero en Santa Cruz.

La reunión de Santa Cruz pudiera ser el acontecimiento más importante en la región, desde el consejo presidencial efectuado en diciembre de 1991 en Cartagena. En esa oportunidad, con el fin de dar nueva vida al proceso andino de integración, los jefes de estado decidieron establecer una zona de libre comercio sin excepciones y un primer arancel externo común.

Los resultados de Cartagena han producido enormes beneficios de la integración que todavía disfrutamos. En pocos años, el comercio intracomunitario se multiplicó más de cuatro veces en medio de una situación económica mundial incierta. Hoy en día, el comercio entre los países de la región alcanza casi los seis mil millones de dólares y genera alrededor de medio millón de empleos.

Sin embargo, y a pesar de lo avanzados que fueron en su momento, los acuerdos alcanzados en 1991 son hoy insuficientes. Desde hace diez años, el esquema comercial convenido en Cartagena solo ha sido desarrollado marginalmente. Pero si deseamos mantener la vigencia de este proceso de integración, para que los pueblos de la región puedan beneficiarse cada vez más, los países andinos debemos profundizarlo seriamente.

Como lo vienen anunciando los jefes de estado desde hace unos años, el paso siguiente es transformar la Comunidad Andina en un mercado común, en el cual los factores productivos circulen con libertad. Esto implica extender a los capitales, servicios y trabajadores andinos, los beneficios que actualmente disfrutan las mercancías. En otros términos, eso significa que la Comunidad Andina funcione, desde el punto de vista comercial, en forma análoga a un mercado nacional. Es un proceso equivalente al que Europa acometió en su momento y que tantas ventajas ha traído a esa región.

En la práctica, el mercado común traerá dos tipos de beneficios. Por un lado, contribuirá a asignar de manera más eficiente los recursos de la subregión, haciendo que los mismos generen mayor riqueza y bienestar. Así aumentará la especialización, se generará competencia regional, mejorará la competitividad y la capacidad de consumo de los habitantes de la región.

Pero por otro lado, se fortalecerá la capacidad de los países andinos de enfrentar en conjunto los escenarios comerciales más importantes durante los próximos años: las negociaciones con Mercosur, el acuerdo hemisférico del ALCA, las relaciones con Europa y otros países y bloques y las negociaciones que acaban de lanzarse en la OMC.

La actuación conjunta de los países andinos representa la única posibilidad de aprovechar constructivamente las oportunidades que ofrecen estos foros.

El esquema que acordamos hace diez años fue bueno en su momento. Pero la integración ha crecido y necesita uno nuevo. Ante la cita de Santa Cruz los gobiernos andinos tienen un reto histórico equivalente al que tuvieron en Cartagena en 1991.