Se forma la Comunidad
Sudamericana de Naciones
Isaac Bigio, Analista internacional
7 de diciembre de 2004
Este 9 de diciembre se creará la
Comunidad Sud Americana de Naciones (CSN)
en Ayacucho (Perú) celebrando el 180
aniversario de la batalla que selló la
retirada española de los Andes. Para su
principal promotor, el ex presidente
argentino Duhalde, se trata de un paso
histórico y el inicio de la plasmación
del sueño de los libertadores. Su
objetivo sería emular a la Unión Europea
planificando un mercado, parlamento y
moneda comunes.
Sin embargo, las posibilidades de
plasmar tal unión despierta opiniones y
pronósticos contrastados. Los más
entusiastas son los presidentes del
llamado eje ‘progresista’ atlántico
(Brasil, Argentina y Venezuela) mientras
Chile, Uruguay y Colombia se mueven con
cautela pues quisieran mejorar vínculos
bilaterales con EEUU y la UE, y dicen no
querer formar otro organismo
burocrático. Tras las distintas posturas
se esconden distintos intereses y
estrategias.
El planteo optimista afirma que la
Comunidad Sudamericana tendría un área
de 17 millones de kilómetros cuadrados,
361 millones de consumidores, un
Producto Bruto Interno (PBI) de más de
US $800,000 millones, exportaciones por
valor de $US 188,000 millones, el 27%
del agua dulce del planeta, 8 millones
de kilómetros cuadrados de bosques,
recursos en gas y petróleo para un siglo
y el liderazgo mundial en muchos
productos alimenticios.
La conformación de una Comunidad
Sudamericana podría servir de imán para
el resto de la América al sur de EEUU.
Panamá y Méjico han mostrado su interés.
Surinam y Guayana podrían integrarse con
lo cual se incorporarían poblaciones de
lengua holandesa e inglesa y con la
mayor inmigración sud-asiática en las
Américas. Esto, a su voz, influenciará
en el proceso hacia mayor autonomía o
descolonización de las dependencias que
aún Francia, Holanda, Reino Unido y EEUU
poseen al norte de Sudamérica.
La gestación de tal unión ayudaría a
solucionar los diferendos fronterizos
entre Chile, Bolivia y Perú, entre
Venezuela con Colombia y Guayana, y
entre Ecuador y Perú. También podría
mejorar la situación de las naciones
indias. Por ejemplo aymaras y quechuas
podrían cruzar las fronteras
artificiales que les separan y pedir
(como en la UE) estatutos de autonomía y
oficialización de sus lenguas e
instituciones.
Mas, la mayor ventaja sería, según
proponen los propulsores, mejorar la
capacidad de las economías sudamericanas
para renegociar menores aranceles para
sus exportaciones hacia EEUU y la UE y
menos restricciones que les son
impuestas para la atracción de capitales
e importaciones desde el hemisferio
norte.
¿Nueva ‘UE’ sudamericana nacería hueca?
Al momento de tratar de comparar la idea
de ir a una Unión Sudamericana con
respecto a lo que hoy es la Unión
Europea hay que ver algunas cifras. La
UE tiene unos 450 millones de habitantes
pero un territorio equivalente a la
quinta parte de Sudamérica. La ventaja
que la CSN podría tener ante la UE es
que es más homogénea desde el punto de
vista cultural, idiomático, religioso e
histórico. Mientras que en los países de
la UE hay más de 25 lenguas oficiales y
fuertes minorías religiosas, el 95% del
subcontiente entiende dos lenguas que
son mutuamente inteligibles y practica
el cristianismo (sobre todo el
catolicismo). Mientras Europa libró dos
guerras totales, Sudamérica nunca ha
tenido tal clase de confrontación y hace
más de un siglo que ninguna capital
sudamericana ha sido invadida.
Sin embargo, el talón de Aquiles de la
nueva CSN es la economía. Lo que inició
lo que hoy es la UE es el acuerdo de
1952 sobre tarifas para el acero y el
carbón. Duhalde reconoce que la CSN no
puede ponerse de acuerdo con tarifas
arancelarias y por eso está tratando de
hacer lo inverso de la UE: quien antes
de ir hacia una unión política hizo
convergencias económicas.
Los fundadores de lo que hoy es la UE
fueron potencias con amplia experiencia
colonial, ricas e industrializadas con
un elevado comercio entre ellas y
autonomía ante EEUU. Ninguno de los
miembros de la CSN ha tenido un imperio
y todos han sido dependencias. Sus
economías son pobres y débiles y muy
subordinadas al dólar y al capital
extranjero. Varias de éstas, como la
argentina o uruguaya, están en crisis.
Generalmente cada uno de ellos comercia
más con EEUU que con sus vecinos. Apenas
el 4% de las exportaciones del MERCOSUR
van hacia la CAN.
El PBI de la CSN es por lo menos 10
veces inferior a los $US 11,000 millones
que tiene tanto la UE como los EEUU.
Mientras el PBI per cápita de la UE es
de $US 24,000 anuales (frente a casi $US
38,000 de EEUU y casi $US 34,000 de
Japón). Según la Wikipedia el PBI per
cápita sudamericano es de unos $US 7,000
anuales. Según el libro de datos
mundiales de la CIA las repúblicas
sudamericanas tienen un producto por
habitante que es entre dos y diez veces
menor al de la UE. El PBI per cápita de
Brasil (la mitad del CSN en términos de
territorio y población) es de $US 7,600,
el cual está debajo del de Uruguay ($US
12,800) Argentina ($US 11,200) o Chile ($US
9,900) pero por encima del de Colombia ($US
6,300), Perú ($US 5,100) Venezuela ($US
4,800), Paraguay ($US 4,700), Ecuador ($US
3,300) y Bolivia ($US 2,400).
Para diversos economistas resulta una
utopía pensar que Sudamérica con el
carácter de sus economías pudiese
desdolarizarse y adoptar su propia
moneda común. El propio MERCOSUR ni si
quiera logra implementar la mayoría de
sus acuerdos.
El empresariado chileno no ha querido
entrar de lleno a ninguno de los dos
bloques económicos vecinos (MERCOSUR y
CAN) pues cree que ello implicaría
‘contaminar’ su economía (que la creen
saneada) con la de quienes están con
bajas o nulas tasas de crecimiento. La
resistencia del socialista Lagos a dicha
unión y su insistencia en preferir
acuerdos bilaterales con la UE y EEUU
refleja esa presión.
USA ante la Nueva USA
El nombre de la nueva entidad aún está
por definirse. La tesis de ir hacia una
Unión Sud Americana (cuya sigla en
castellano o portugués es USA) podría
implicar ciertos recelos en los EEUU.
No se trata de la batalla por un nombre
sino del concepto. Los EEUU quieren que
el resto de las Américas se una en una
zona de libre comercio desde Alaska
hasta Tierra del Fuego. Varios países
andinos y centroamericanos creen que la
liberalización de sus propias economías
(si bien ha podido arruinar a varias
industrias nacionales) a la larga podría
permitir flujos de inversiones y nuevos
mercados para sus exportaciones.
Sin embargo, para los gobiernos del
MERCOSUR y Venezuela existe una relación
desigual. Reclaman que las economías de
EEUU y la UE les demandan que acaban el
proteccionismo que tienen ante varios
productos internos mientras ellos
mantienen altas tasas arancelarias para
productos agropercuarios claves que
ellos quieren exportar al hemisferio
norte.
Chávez viene de hacer una gira
transcontinental visitando opositores de
Bush en España, Rusia, Libia e Irán, y
haciendo una campaña para evitar un
desplome del precio del petróleo.
Lo que Washington quiere es que la CSN
sea una etapa hacia un Tratado de Libre
Comercio integral. Lo que quiere Lula es
su propio bloque eco-político.
Brasilia ha venido girando su
diplomacia: desde privilegiar las
relaciones con el Norte hacia encabezar
un bloque continental. La Unión
Sudamericana es el corolario que quiere
el quinto país del mundo (en tamaño y
población) para poder proteger y
expandir su industria nacional, entrar
como miembro pleno y permanente al
Consejo de Seguridad de Naciones Unidas,
y poder maniobrar con la UE, Rusia,
China, Japón e India para ir hacia un
mundo multi-polar distinto a la visión
bushista de un globo unido en torno a su
hegemonía.
El peso brasilero en la nueva CSN sería
muy grande pues este país tendría la
mitad (o un poco más de ésta) del
territorio y de la población de dicha
unión. Esta relación está a medio camino
de lo que es la UE (donde ni Alemania ni
ninguna potencia tiene si quiera la
cuarta parte de la población o
territorio de la unión) o lo que es el
Espacio Económico en torno a Rusia
(ampliamente dominado por Moscú).
Mientras las costas Pacífica y Atlántica
de Norte América están integrada vial y
férreamente desde hace más de un siglo,
las de Sudamérica no solo se mantienen
separadas por el Amazonas o los Andes,
sino por las anteriores políticas
exteriores que se centraban en promover
vínculos con el Norte.
Brasilia es consciente que la nueva
unión requiere de promover mucho más
vuelos comerciales y acelerar la
construcción de caminos que unan ambas
costas. Una pista debe acabar integrando
puertos del sur del Perú y Brasil.
También implica un giro en la política
idomática brasilera. Ahora ese país
promoverá la enseñanza del castellano en
sus escuelas. El hecho que Brasil apunte
a que toda su población pueda hablar el
español (como segunda lengua)
incrementará las chances que el
castellano (que ya aventaja levemente al
inglés como la lengua maternal
occidental más hablada) se vaya tornando
en otra lengua franca universal.
En la actualidad hay más de 400 millones
de hispano-hablantes y unos 200 millones
de luso-hablantes. Las dos lenguas
ibéricas son inteligibles entre sí y el
90% de quienes hablan portugués son
brasileros.
El español viene avanzando en los EEUU
(donde tiene unos 40 millones de
hablantes y se torna otra lengua oficial
en las grandes urbes). Este idioma (más
su hermano portugués) pudiese ser un
importante capital para la nueva CSN.
Los EEUU podrían ver con buenos ojos un
acuerdo comercial que les garantice un
flujo de inversiones. El problema
estaría en que si la nueva unión
adoptaría tasas proteccionistas o
posiciones independientes ante
Washington en políticas externas.
Hay gobernantes, como Chávez, quienes
temen que la Casa Blanca pudiese adoptar
actitudes como las que ésta ha venido
optando en Georgia y Ucrania promoviendo
a aliados locales partidarios de una
mayor integración con la UE y la OTAN en
contra de los intereses de Moscú de
crear un espacio político y económico
con sus antiguos socios soviéticos.
¿Será viable?
La Comunidad Sudamericana nace con
muchos pronósticos optimistas. Sus
impulsores creen que puede producir otro
milagro (como el chino y antes el
europeo). Más, a diferencia de China
(que siempre ha sido un gran estado) y
Europa (tan fuerte y soberana),
Sudamérica es pobre y sujeta a numerosas
tendencias externas e internas. Por una
parte EEUU y las diversas potencias del
norte han buscado separar y controlar a
sus diversas repúblicas. Por otro lado
existe la creencia en diversos sectores
que esta unión puede ser otro organismo
burocrático que trabe el libre comercio
con los gigantes metropolitanos.
La nueva Unión Sudamericana puede estar
siendo proclamada pero aún queda un
largo camino donde habrán constantes
cuestionamientos.