ALCA - AREA DE LIBRE COMERCIO DE LAS AMÉRICAS
 

Seminario/Taller Regional sobre las negociaciones del ALCA
Lima, 10 y 11 de diciembre de 2002

El ALCA y los países en desarrollo de América Latina: Oportunidades y desafíos

Por Roberto Betancourt R.
Subsecretario de Relaciones Multilaterales de Ecuador

El ALCA constituye, en la coyuntura, el gran desafío de las Américas, en particular de los países en desarrollo de la región. Este proyecto nos promete mejorar las condiciones de aprovechamiento de la capacidad productiva. Se espera que la creación del ALCA estimule el crecimiento económico, consolide las relaciones que existen entre nuestros países, fortalezca el logro de una democracia plena, permita -por la vía del aumento de las inversiones- el empleo y la generación de ingresos y apoye la lucha contra la erradicación de la pobreza. Se espera, en suma, que el ALCA sea un medio para alcanzar el desarrollo y la prosperidad.

Las oportunidades del ALCA están principalmente en las expectativas de obtener mejores condiciones de acceso a los mercados de una zona de libre comercio que será la más grande del mundo: 800 millones de personas. El ALCA ofrece al mismo tiempo la posibilidad de atraer inversión extranjera hacia los países de América Latina y el Caribe, lo que representa ingreso de divisas, generación de empleo y transferencia de tecnología. Pero el ALCA representa también enormes desafíos para los sectores productivos y para la población en América Latina y el Caribe.

El análisis de los impactos potenciales del ALCA sobre los flujos comerciales y de inversiones de los países en desarrollo no debe ser sobrestimado. ALCA no es solo un mecanismo de desgravación arancelaria, hay otros temas en juego: inversiones, servicios, compras gubernamentales, entre otros, que interactúan directamente con regulaciones domésticas y pueden tener impactos sobre el margen de autonomía de los países para formular políticas de desarrollo y para regular las actividades de los agentes económicos.

En esta ocasión no voy a referirme a la génesis del ALCA, pues todos ustedes la conocen bien. Creo que será más útil referirme al estado de la agenda de las negociaciones y los principales desafíos que ella encierra.

Se ha avanzado mucho sin duda, pero lo más complejo está por llegar. Me refiero a las negociaciones específicas de las condiciones de acceso a los diferentes mercados de las mercancías industriales y agrícolas, de los servicios y de las inversiones. Las negociaciones van a entrar a su fase decisiva a finales de 2002. Quedando aún por tratar aspectos de la normativa del ALCA que son de vital interés para cada uno de los 34 países.

Un gran esfuerzo se ha realizado en los últimos encuentros del Comité de Negociaciones Comerciales (CNC) del ALCA para llegar a definiciones que delinean el estilo de las negociaciones de compromisos específicos en el área de acceso a mercados.

Hasta el momento los temas de la agenda de negociación tienen que ver con aranceles y medidas no arancelarias, salvaguardias, reglas de origen, procedimientos aduaneros, normas y barreras técnicas al flujo de comercio, tratamiento de los subsidios a las exportaciones de bienes agrícolas y otras prácticas que distorsionan el comercio, las medidas de ayuda interna, y las medidas sanitarias y fitosanitarias. En cada área se presentan grandes desafíos para los negociadores. Veámoslos con más detalle.

En lo que respecta a los aranceles y medidas no arancelarias, que son elementos fundamentales en un acuerdo de libre comercio como el ALCA, identifico ya un primer desafío, pues los países van a iniciar una negociación de eliminación arancelaria para lo sustancial del comercio en plazos relativamente cortos, con un cronograma que incluye cuatro fases: inmediata, hasta 5 años, hasta 10 años y plazos mayores para la eliminación de aranceles.

En materia de acceso a los mercados hay muchos más desafíos técnicos, económicos y políticos. Por ejemplo, el tema de cómo tratar a las economías según su nivel de desarrollo está por supuesto entre las preocupaciones que deberán evacuarse en materia de acceso a mercados. La incorporación de dicho régimen en la normativa del ALCA es prioritaria, teniendo en cuenta, de modo particular, las amplias diferencias en los niveles de desarrollo que caracterizan a las economías participantes en el proceso. Su ausencia podría reeditar experiencias anteriores de esquemas de integración en los cuales, al cabo de cierto tiempo, los beneficios tendieron a concentrarse en pocos países, dejando en situación de desventaja a la mayoría.

El cambio de las condiciones de acceso a mercados que potencialmente surgiría del ALCA podría revertir situaciones vigentes, produciendo competencia entre fuentes de suministro que hoy no existen.

La ausencia de dispositivos idóneos de modulación de los costos que podrían derivar de la apertura una vez puesta en vigencia la normativa resultante de las negociaciones, podría inducir en determinados casos a recurrir a medidas de protección si los países de menor desarrollo económico no cuentan con instrumentos que les permita ajustar paulatinamente sus estructuras productivas, con miras a incrementar su productividad y competitividad en el mercado hemisférico, pues las condiciones de partida son, en toda evidencia, altamente dispares.

Igualmente, se deberá resolver cómo coexistirá el nuevo acuerdo ALCA con la red de más de 40 instrumentos comerciales preferenciales existentes en el Hemisferio o con los que se llegue a concretar hasta el 2005. Esto implica definir cómo se tomarán en cuenta los compromisos de acceso a mercados contemplados en tal red acuerdos preferenciales. Recordemos que cada uno de tales acuerdos tiene su propio esquema de eliminación arancelaria, regímenes de reglas de origen y otras disciplinas técnicas y documentales separadas.

La complejidad radica en que hay múltiples programas de eliminación de aranceles, con ritmos propios, establecidos en virtud de coyunturas especiales y negociaciones particulares. Cuál será el tratamiento a estos acuerdos dentro del ALCA, que incluyen excepciones y concesiones para sectores especiales o sensibles ?.

Estos acuerdos contienen además regímenes particulares de reglas de origen. Aquí el desafío es más complejo y consiste en definir la forma cómo coexistirán tales reglas de origen, al menos en el período de transición o en el camino hacia la consolidación del ALCA. Por ejemplo, a cuál régimen de origen se acogerá un exportador si para un mismo producto puede estar vigente la regla de un acuerdo anterior o la del ALCA? Los temas arancelarios y de origen son -me parece-, los más complicados, y en ellos se revelan aun posiciones disímiles entre países y agrupaciones de países.

Otro desafío radica en simplificar las numerosas disciplinas que regulan los procedimientos de exportación e importación, los requisitos, las etiquetas, los reglamentos y normas técnicas, las certificaciones, etc. que han negociado los países antes del ALCA. La materia es un reto a la imaginación y el poco tiempo disponible aumenta la presión sobre los negociadores. Lo cierto es que el ALCA va a dejar en evidencia cierto grado de obsolecencia de varios acuerdos regionales y/o subregionales. Como contrapartida el ALCA podría impulsar la convergencia de algunos de esos acuerdos a los que me he referido.

Como ya se ha dicho, en el tema de acceso a mercado en el ALCA está en juego la negociación de las condiciones de ingreso de los bienes y servicios/inversiones a cada mercado. En ese tema visualizo tres áreas adicionales de retos fundamentales: la etapa de definición de ciertos detalles antes del inicio de las negociaciones, las reglas de origen-acumulación, y las salvaguardias.

Así en la etapa de definición de detalles deberán quedar claramente identificados los elementos para la eliminación arancelaria, a saber: arancel base, el número de fases o "canastas" de liberalización, los plazos o ritmos necesarios para llegar a un arancel igual a cero, la forma en la cual se efectuará la asignación de los productos a cada "canasta", los procedimientos de revisión de ofertas y ulterior negociación de equilibrios o búsqueda de balances en las concesiones, la nomenclatura arancelaria, el registro de las concesiones, la aplicación del principio de NMF regional. Algunas de las cuestiones anteriores han sido definidas en los últimos meses bajo la Presidencia del Ecuador en el CNC. Se espera poder culminar en la próxima reunión Ministerial de Quito la metodología de negociación arancelaria.

Algo más en cuanto al problema de las reglas de origen, cuya complejidad ya anticipé anteriormente. La negociación en esta materia se advierte difícil, ya que involucra un replanteo de regímenes de origen negociados bilateral o subregionalmente entre países con diferencias importantes en sus sistemas productivos. Encierra también la necesidad de definir si habrá autoridades que certifiquen el origen o si bastará con contar con un proceso de auto-certificación. Un grupo ad-hoc de reglas de origen ha sido creado recientemente y comenzará sus labores en las próximas semanas para negociar todas estas cuestiones.

Un mecanismo de salvaguardias es importante dentro de las negociaciones de acceso a mercado del ALCA, pues así se ayudaría a no desestabilizar y generar problemas de orden político en los países y a conseguir que ciertos sectores productivos gravemente afectados por la competencia de los bienes importados lleguen a ajustarse al libre comercio. La definición de un conjunto de reglas para las salvaguardias es una tarea desafiante y su desarrollo aún no está completo.

El tema agrícola es cada vez más un elemento de desafío a la imaginación de los negociadores del ALCA. Al menos a nivel del ALCA hay un primer consenso en el sentido de que los subsidios a las exportaciones agrícolas deben ser eliminados (Declaraciones de Ministros del ALCA en Toronto y San José) y que las ayudas internas y otras medidas de efecto equivalente a los subsidios a las exportaciones agropecuarias deben ajustarse a una mayor disciplina.

Sin embargo, como en el ALCA no están presentes otros grandes países como la Unión Europea, que subsidia fuertemente el sector, se debate, por ejemplo, sobre cuál es el foro más apropiado, si la OMC o el ALCA, para discutir/negociar la eliminación de los subsidios a las exportaciones agrícolas hacia terceros países, en los cuales las exportaciones de otros países del ALCA serían afectadas pues venden sin subsidios. Se debate además, sobre cómo tratar las importaciones subsidiadas desde terceros países que podrían afectar los productos agropecuarios no subsidiados de países del ALCA. Es fácil ver que este tema tiene incidencias profundas sobre países exportadores e importadores de productos agrícolas y también sobre países importadores netos de alimentos.

Respecto a las medidas de ayuda interna y otras medidas de efecto equivalente a los subsidios a las exportaciones agropecuarias, la cuestión también se ha visto dificultada porque se deberá definir el foro apropiado para su negociación: nuevamente OMC o ALCA. Estas medidas constituyen uno de los aspectos que más distorsionan el mercado internacional de productos agropecuarios.

Sobre Servicios se ha avanzado rápidamente resolviendo discrepancias respecto al texto base para las negociaciones, aunque como en el caso de otros grupos en los que el acceso a mercados es un punto clave de la negociación, subsisten diferencias sobre la forma y procedimientos que serán utilizados para establecer los compromisos de acceso.

Esto tiene que ver, esencialmente, con el enfoque que se aplicará para negociar tales compromisos específicos; vale decir, el de las denominadas listas positivas o de listas negativas y sobre la forma cómo la eventual presencia comercial de un suministrador externo de servicios será tratada en el Acuerdo. Las posiciones de los países son todavía dispares en esta materia.

Sobre la presencia comercial, se discute si deberá ser abordada en el GNSV o en el grupo de negociación sobre inversiones del ALCA.

Respecto a inversiones se discute sobre las posibles reservas que se aplicarían y la definición de la garantía de pre-establecimiento de las inversiones.

Otro tipo de desafíos del ALCA es de carácter interno en cada país y de carácter técnico como, por ejemplo, el que plantea la definición de la nomenclatura arancelaria o la necesidad de una rápida adopción de las enmiendas al sistema armonizado (SA). Aspecto que reviste no poca dificultad y demanda no sólo capacitación, sino cambios a nivel de instituciones como las aduanas, modificación de documentos y bases de datos, uso de tablas de correlación etc.

El ALCA representa un objetivo ambicioso, pues busca la integración comercial de 34 economías heterogéneas con enormes diferencias de desarrollo y tamaño. El ALCA significa un intento de ordenar la diversidad de acuerdos comerciales vigentes en la región. "Implica un esfuerzo por acercar tradiciones comerciales muy dispares como pueden ser, por ejemplo, los enfoques técnicos de los acuerdos tipo NAFTA en comparación con los adoptados en los acuerdos negociados bajo el marco de la ALADI".

Desde otro ángulo y desde la perspectiva de nuestros países el ALCA plantea desafíos adicionales.

El posicionamiento de un país ante el ALCA debe ser analizado por medio de una evaluación objetiva de las condiciones iniciales de la economía en el momento de negociar el acuerdo. Tales "condiciones iniciales" son de orden doméstico y externo.

Algunas condiciones iniciales domésticas: inestabilidad macroeconómica; la fragilidad institucional y reguladora; incentivos a la inversión productiva y a la exportación; la política de comercio exterior y de atracción de inversiones; inflación; política cambiaría vs. competitividad.

Algunas condiciones iniciales externas: Dos aspectos interrelacionados deben ser considerados al evaluar la dimensión externa de las condiciones iniciales en la perspectiva de constitución del ALCA:

a) La estructura dinámica del comercio exterior del país en lo que se refiere a comercio con los países del hemisferio y de los flujos de IED.

b) La inserción del país en la red de acuerdos comerciales preferenciales existentes en el hemisferio.

A partir del análisis del primer aspecto se puede evaluar prospectivamente, los principales impactos de una liberalización intra - ALCA sobre los actuales flujos comerciales de IED.

A través del estudio de la inserción en la red de acuerdos comerciales vigentes es posible, cuantitativamente, integrar al análisis los riesgos y oportunidades asociados a la coexistencia del ALCA con otros acuerdos preferenciales en el área de comercio de bienes.

En primer lugar, es claro que esto demandará un importante esfuerzo del sector público por lograr la regulación macroeconómica y la estabilidad y, también, demandará el esfuerzo de los distintos sectores sociales para apoyar la gestión y las políticas de estado que propendan a la modernización y al cambio.

Debemos estar conscientes de que el ALCA y sus posibles beneficios aparecerán preferentemente en contextos de economías estables, en las que la institucionalidad sea la referencia básica y en las que la competencia prevalezca sobre los intereses de grupo.

Hay muchas experiencias que muestran que la conducción sesgada de las políticas macroeconómicas y la ausencia de objetivos nacionales de largo plazo, ha impedido sentar las bases de un mejor futuro económico y social, lo que ha derivado en no pocas ocasiones en el aumento de la conflictividad social, derivada de la acumulación de las disparidades distributivas que tal tipología de gestión implica.

La integración y el libre comercio serán, con mayor fuerza, en los próximos años, las variables determinantes de las tendencias del desarrollo en los países de América Latina y el Caribe. Las teorías modernas y la experiencia reciente han confirmado que los países que optan por una mayor inserción al escenario internacional tienden a aumentar su nivel de bienestar de modo persistente y que los países que exportan crecen de manera más rápida y persistente.

Ese es uno de los objetivos de nuestra participación en el ALCA: abrir posibilidades de mercado en base a reglas previsibles de comportamiento, negociadas multilateralmente, lo que confiere seguridad respecto del escenario en el que han de desenvolverse nuestros empresarios.

Así como la vigencia del ALCA implicará para la región una serie de oportunidades, supone también un conjunto de riesgos para los todos los países, riesgos que se acrecentan en función del nivel de desarrollo de cada uno. En esa medida, los mecanismos de compensación son absolutamente necesarios y me he referido ya a los justificativos y a la necesidad de definirlos con premura, de modo concreto.

Sin embargo, hay un denominador común para todos: si los países en desarrollo adoptan las previsiones del caso en materia de gestión macroeconómica y búsqueda persistente de la competitividad, esos riesgos serán menores. Esa parece ser una verdad evidente y, al mismo tiempo, un gran desafío, en un continente en el que la consistencia temporal en la aplicación de políticas públicas no ha sido precisamente una de sus virtudes.

En efecto, la zona de libre comercio va a transparentar las estructuras productivas y la generalidad de países deberá lograr la estabilidad al tiempo que reconvierte e innova sus industrias. Difícil tarea, en medio de una coyuntura inestable. Pero tarea ineludible, que llevará a los gobiernos y a los pueblos latinoamericanos a tomar conciencia de la importancia que tiene la planificación a largo plazo del desarrollo y la coherencia que deberá guardar las políticas de corto plazo, en todos los ámbitos.

En la práctica, hay que tener en cuenta que los países pequeños enfrentan de partida cambios fundamentales que abren interrogantes acerca de la eficiencia de la economía y de la política económica correcta: de un lado, está el hecho de que la apertura hará que las empresas soporten una mayor presión importadora; de otro, el que de todos modos las oportunidades de exportación aumenten y que en ocasiones no haya posibilidad de aprovecharlas de modo oportuno al existir problemas de calidad; y, finalmente, está el que por la puja mundial para atraer inversiones, se reduzca el espacio de maniobra de la política económica, pues al parecer estaría restringido el recurrir a los instrumentos del pasado, preferiblemente a los que se utilizaron bajo los criterios de apoyo a las industrias nacientes2/.

Escenario difícil, que se complica para los países que no han logrado la estabilización interna; en esos casos, enfrentados a la apertura y a negociaciones de compromisos de acceso mercados, tienen un reto doble. A la búsqueda de los equilibrios internos se suma la optimización de la apertura, en términos de definir y aplicar estrategias que minimicen los costos que de todos modos involucra la liberalización

Nuevo desafío de la región: comprender también que la liberalización comercial no necesariamente supone dejar hacer, dejar pasar, sino, al contrario, una rigurosa visión del largo plazo, de acciones que pueden hacer funcionales los mercados y de políticas que estimulen la redistribución de los ingresos, como opción coherente de apoyo a la demanda interna, de lo que depende el crecimiento económico.

Esto, en medio de un contexto en el que la visión clásica del ajuste continúa vigente, lo que implica encontrar nuevas alternativas, que vuelven a pasar siempre por la necesidad de la reconversión y de las nuevas tecnologías, a fin de que las industrias nacionales capten sus propios mercados, no obstante la baja de aranceles, antes de competir en los mercados abiertos. Así se consolidará el crecimiento económico y se enfrentará con mejores herramientas la liberalización del sector externo.

En la fase de transición los países enfrentarán ya presiones importadoras. Recuérdese que en la lista de liberalización automática deberá incluirse una parte sustancial del comercio, estando el resto sujeto a una liberalización programada a 5 y 10 años, básicamente. Posiblemente habrá un shock inicial que tendrá efectos sobre el mercado del trabajo de los países.

Para enfrentarlo se tiene un plazo corto, hasta inicios del 2006, casi 3 años, en el que deberán definirse nuevas oportunidades, en el marco de una necesaria planificación del largo plazo y de la precisión de los sectores que los países estiman que deben ser estimulados bajo el convencimiento de que poseen ventajas comparativas, estáticas o adquiridas. Esto es imprescindible.

El ALCA no es un esquema ganadores-ganadores necesariamente; hay sectores que ganarán y otros que perderán o serán afectados. De ahí la importancia de determinar desde ya estrategias de corto plazo y, por supuesto, precisar la visión del largo plazo, de modo integrado, pues la primera determina la última.

"Acojamos los tiempos como ellos vienen", decía un gran escritor inglés: pero, ello no significa acogerlos pasivamente, sino de modo pro-activo, al menos al estar en juego el futuro de generaciones de latinoamericanos. Nuevo desafío, pues, éste de inducir la planificación y el cambio, de consolidar planes de largo plazo, de ser coherentes en la aplicación de políticas coyunturales.

Al sector productivo le corresponde también una responsabilidad esencial: la de impulsar mejoras en la gestión macroeconómica. Si bien la mayor competitividad pasa por la estabilidad macroeconómica, si no hay una correspondencia con la innovación macroeconómica los resultados finales pueden ser relativos. El empresario debe ser un agente del cambio, un motor de las transformaciones y las transformaciones, en la nueva economía, son persistentes, del día a día, no esperan, se introducen constantemente. El empresario debe seguir el progreso, al menos si los hacedores de las políticas públicas hacen bien su trabajo.

En este marco, convendría suscribir, críticamente, la antigua expresión de Keynes en el sentido de que resulta "...sorprendente el número de tonterías que se pueden creer temporalmente si se aísla uno demasiado tiempo del pensamiento de los demás, sobre todo en economía...". Esto podría inducir una nueva reflexión sobre el estilo de la regulación macroeconómica de corto plazo respecto de los problemas del sector externo y promover otras posibilidades de ajuste y estabilización.

La globalización -y en ese marco, el ALCA-, es un proceso complejo, que puede afectar indistintamente a los sectores de la producción de nuestros países y alterar los entornos nacionales bajo distintas formas; no obstante, son al mismo tiempo oportunidades que no puede dejarse de lado. Como ha sido señalado en alguna oportunidad, la globalización y la apertura no son malas per se sino que sus resultados dependen de la forma como los países las enfrentan.

El ex Director de la Organización Mundial del Comercio (OMC), R. Ruggiero3/ anotaba que se requiere construir un nuevo esquema político para la globalización basado en una nueva visión del mundo. En suma, otro desafío.

Para concluir, a los países en desarrollo les corresponde un papel de primera línea en los cambios del futuro. La liberalización comercial es un medio para alcanzar algunos objetivos, en un mundo que ha relativizado una gran parte de los valores tradicionales.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Tilman Altenburg, La globalización y los países pequeños, estrategias para insertarse con éxito, mimeo, s.f.

Welber Barral organizador, O Brasil E A OMC, Diploma Legal, Florianópolis, Brasil, 2000.

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Celso Furtado, en La Fantasía Organizada, Eudeba Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1985.

Philippe Hugon, Economie politique internationale et mondialization, Paris, Economica, 1997.

Amartya Sen, Development as Freedom, Kpnof, New York, 1999.

Jeffrey J. Scott ed., The WTO after Seattle, Institute for International Economics, Washington D.C., julio de 2000.

Sarath Rajapatirana, Macroeconomic Conditions for Optimal Trade Opening: Issues for Latín America, Quito, BCE, 1997.


2/ Tilman Altenburg, La globalización y los países pequeños, estrategias para insertarse con éxito, mimeo, s.f.

3/ Ibidem.