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Caracterización de la frontera
Colombo-Venezolana
1. El medio físico
Colombia y Venezuela
comparten una dilatada frontera, con una línea
limítrofe de 2,216 kilómetros de extensión. En
ella se reconocen tres grandes sectores:
- Primero, el de la
península de la Guajira, en el extremo
norte, que ocupa un medio desértico habitado
por la etnia wayuú, zona que gradualmente,
hacia el interior del continente, va siendo
reemplazada por la Sierra de Perijá, cuya
línea de cumbres establece el límite entre
los dos países, quedando hacia occidente el
departamento colombiano del Cesar y hacia
oriente, el estado venezolano de Zulia.
- Luego, el de Norte de
Santander (Colombia) – Táchira (Venezuela),
en el sector centro-occidental,
comprendiendo una zona en donde el macizo
andino se atenúa configurando un paso
natural cuyo punto más bajo se encuentra a
600 m.s.n.m., territorio en el que la
hidrografía ha establecido una cuenca
compartida binacionalmente, la del río
Catatumbo, que con sus numerosos afluentes,
la mayoría de los cuales atraviesan la
frontera desde Colombia hacia Venezuela
(ríos Táchira, Pamplonita, La Grita, Zulia),
entrega sus aguas al Lago de Maracaibo. Todo
ello contribuye a crear condiciones
naturales que favorecen una intensa relación
entre los dos países, liderada
históricamente por las ciudades de Cúcuta y
Villa del Rosario, en Colombia, y San
Antonio y San Cristóbal, en Venezuela.
- Finalmente, el sector
de los llanos orientales, en donde los
procesos de ocupación humana y económica son
más recientes y menos intensos,
organizándose la relación fronteriza en
torno a varios ejes viales y de navegación
fluvial, siendo uno de los más dinámicos el
de Arauca (Colombia) – Guasdualito
(Venezuela), a ambas márgenes del río Apure,
tributario del Orinoco.
Sin duda, el sector
fronterizo de mayor interés e importancia para
la relación bilateral y para la integración
andina es el mencionado en segundo término,
que comprende administrativamente al
departamento de Norte de Santander, en
Colombia, y al estado Táchira, en Venezuela,
donde tiene lugar uno de los procesos de
integración fronteriza más intensos
reconocibles a escala de todo el subcontinente
sudamericano, promovido y estimulado desde las
metrópolis regionales, Cúcuta (Colombia) y San
Cristóbal (Venezuela) que congregan, en
conjunto, alrededor de un millón y medio de
habitantes. Ellas se han consolidado como los
centros motrices de la economía
regional-fronteriza y han favorecido que esta
zona configure el más importante eje comercial
transfronterizo en la subregión andina, con
repercusiones a escalas binacional e
internacional.
Sin embargo, esta dinámica
también se encuentra asociada a un conjunto de
problemas que no han encontrado aún una
adecuada solución, tales como la intensa
deforestación en las cuencas binacionales; la
contaminación de los ríos con desechos sólidos
y líquidos; proliferación de pequeñas y
medianas empresas industriales informales;
carencia de plataformas logísticas funcionales
que incrementen la eficiencia del importante
comercio bilateral que se canaliza por ese
eje, entre otros.
2. La población
Norte de Santander, en
Colombia, tiene una población de 1’500,000
habitantes mientras que Táchira bordea
1’150,000 habitantes, con lo cual esta región
fronteriza supera los 2’600,000 habitantes
(2005).
Lo más destacable en
materia demográfica es que se trata de una
población predominantemente joven y urbana,
constituyendo esta última alrededor del 85 %
del total. Por lo demás, los indicadores
sociales en materia de salud, educación,
vivienda, empleo y otros, se sitúan en torno a
los promedios nacionales de cada uno de los
dos países, lo que es indicativo de un cierto
nivel de bienestar que es interesante destacar
por su virtual carácter de excepción con
relación a lo que ocurre en muchos otros
lugares de las fronteras andinas.
Se trata, además, de un
población que tiene una alta movilidad
geográfica, particularmente la de los
municipios limítrofes de los dos países y
dentro de ellos los de Cúcuta y Villa del
Rosario (Colombia) y Ureña y San Antonio
(Venezuela), con movimientos pendulares
cotidianos predominantes en la dirección
Colombia a Venezuela, donde unas 250,000
personas se movilizan de un lado al otro de la
frontera semanalmente, para trabajar en faenas
temporales agrícolas, en instalaciones de la
pequeña y mediana industria, y en el comercio
informal, principalmente, pero en su gran
mayoría sin un status legal reconocido. En la
medida en que Venezuela disponga la aplicación
de los aspectos sustantivos del Instrumento
Andino de Migración Laboral (Decisión 545),
esta situación evolucionará favorablemente.
3. La economía
En Norte de Santander –
Táchira, la agricultura mantiene importancia
dentro de la economía regional y está liderada
por la producción de café, caña de azúcar y
panllevar; en las décadas de 1970 y 1980, la
CAF auspició en esta zona un proyecto
industrial integral basado en un complejo
azucarero, bajo el modelo de Empresa
Multinacional Andina (EMA) y mediante la
colocación de capital semilla. Las relaciones
capitalistas de producción dominan en el
campo, si bien aún coexisten distintas formas
de propiedad de la tierra. La ganadería es
menos importante, pero la de bovinos de doble
propósito tiene un buen desarrollo.
La actividad industrial
está constituida por pequeñas y medianas
empresas que manufacturan bienes de consumo
final. Existe una alta concentración en las
actividades productoras de alimentos, prendas
de vestir y calzado, metal-mecánica, cerámica,
y transformación de la madera. En el rubro de
prendas de vestir y calzado se da una
articulación dinámica entre las empresas
localizadas a uno y otro lado de la frontera,
pero de carácter informal, a falta de un
régimen binacional que ofrezca un respaldo
oficial a esta relación.
Sin embargo, el comercio es
el rubro económico más representativo de la
zona fronteriza: sólo en la Cámara de Comercio
de Cúcuta (Colombia) existen registradas
11,955 empresas. Buena parte de ellas cumplen
funciones respecto al comercio bilateral
colombo-venezolano, mediante la provisión de
servicios y facilidades logísticas a un
movimiento que durante varios años, ha
representado casi la mitad del intercambio
comercial intra-andino. Sin embargo, para los
años 2002 y 2003, el comercio bilateral
colombo-venezolano representó el 35 % y el 28
%, respectivamente, del comercio intra-andino.
Por otro lado, el modo de transporte carretero
canaliza regularmente las dos terceras partes
de dicho intercambio bilateral: para los años
2002 y 2003, representó, en valor, el 61 % y
el 66 %, respectivamente, mientras que, en
tonelaje, el 48 % y el 56 %.
La explotación de las
importantes reservas de carbón de esa región
fronteriza también constituyen un importante
rubro de su economía, y si bien en la
actualidad el producto se exporta a terceros
países a través de puertos venezolanos
(principalmente La Ceiba, en el Lago de
Maracaibo), según diversos estudios y
planteamientos, podría transformar la base de
acumulación regional y determinar el tránsito
de una economía agrícola, comercial y de
servicios a otra esencialmente
minero-extractiva, de industria pesada, y de
los servicios que demandarían estas
actividades especializadas. Sin embargo, ello
requiere comprometer grandes inversiones,
reabrir el puerto de Maracaibo para tráficos
distintos al petrolero, y habilitar a la
navegación internacional el eje fluvial
Apure-Orinoco para trasladar el carbón hasta
el complejo industrial de Ciudad Guayana, en
el oriente venezolano, que sería el principal
comprador de estas materias primas.
A todo esto, el
empresariado de la región no se ha
caracterizado precisamente por mantener lazos
de cooperación significativos que les permita,
por ejemplo, construir cadenas productivas
formales, proyectadas de un lado al otro de la
frontera. Sin duda, la falta de mecanismos
binacionales de apoyo ha jugado un papel a
este respecto, pero es sintomático el hecho de
que recién a causa de la última crisis
bilateral, se constituya la Asociación de
Cámaras de Comercio de la Región Fronteriza
Colombo-Venezolana.
4. La infraestructura
La región de Norte de
Santander – Táchira tiene una alta densidad de
vías de comunicación, energía y
telecomunicaciones y, lo más significativo de
ello, es que en buena parte tiene un diseño y
una calidad que apoya los esfuerzos por
consolidarla como una entidad geoeconómica con
individualidad propia.
En materia de carreteras, a
la alta densidad de vías de comunicación se
suma el hecho de que la mayoría de ellas son
asfaltadas. La conurbación binacional Cúcuta –
Villa del Rosario (Colombia) y San Antonio –
Ureña (Venezuela), es un punto nodal del
Sistema Andino de Carreteras (“eje troncal”
según la Decisión 271) o del Eje Andino de la
IIRSA, que se articulan a través de dos
puentes internacionales (Simón Bolívar y
Francisco de Paula Santander), con lo que se
consolida un anillo vial (haciendo uso del
cual circulan, de un lado al otro de la
frontera, 65,000 vehículos/semana) y se
asegura la eficiente vinculación de la región
fronteriza con el interior de ambos países
(ver mapa adjunto: Sistema Vial). Sin
embargo, son muchos miles más de vehículos los
que atraviesan los dos puentes internacionales
cotidianamente generando una gran congestión
(se menciona hasta 30,000 vehículos día),
principalmente en el sentido
Colombia-Venezuela, que en su mayor parte van
a repostar combustible cuyo precio en
Venezuela es varias veces menor que en
Colombia.
A una escala más bien
regional, es importante señalar que a través
del eje Cúcuta – San Antonio, Venezuela ofrece
una servidumbre de paso a la carga colombiana
que tiene destino en Arauca, en el oriente
colombiano, la que por problemas de seguridad
en las carreteras internas, no puede ser
trasportada por las carreteras del piedemonte
oriental de este país. Asimismo, los problemas
del transporte internacional por carretera
entre ambos países, con miras a superar las
trabas y mejorar la eficiencia del transporte
internacional, vienen siendo considerados en
la Mesa de Trabajo Binacional
Colombo-Venezolana, cuya cuarta reunión tendrá
lugar en San Antonio de Táchira, el 14 y 15
del presente mes.
En materia aeroportuaria,
Cúcuta cuenta con un aeropuerto internacional
dotado de dos pistas, mientras que el sector
venezolano dispone de dos aeropuertos, en San
Antonio (prácticamente sobre el límite
internacional) y en Santo Domingo, a
cuarentaicinco minutos de la capital regional,
San Cristóbal.
En cuanto a telefonía,
existe una facilidad de los municipios
fronterizos para comunicarse entre ellos, de
un país al otro, a menor costo que desde el
resto de los respectivos países, utilizando un
determinado prefijo.
Por su parte, en materia
energética, la interconexión eléctrica
funciona en varios sectores de la frontera
entre las operadoras eléctricas
administradoras de las redes, en el marco de
acuerdos bilaterales; básicamente se trata de
empresas venezolanas que venden energía
eléctrica al sector colombiano de la frontera.
Es de destacar, asimismo, el compromiso
adoptado por los Presidentes de ambos países,
en su reunión realizada en Cartagena de
Indias, en noviembre de 2004, para desarrollar
el estudio de factibilidad de un poliducto y/o
oleoducto, que integraría Venezuela con el
Pacífico colombiano, proyecto que, sin duda,
crearía nuevas opciones de desarrollo a la
región fronteriza.
5. El régimen fronterizo
El régimen fronterizo
existente es muy antiguo, resultando en la
actualidad más bien un factor desestimulante
del incremento y estabilización de la relación
fronteriza. La Decisión 503, sobre
“Reconocimiento de documentos nacionales de
identificación”, tampoco ha logrado efectos
positivos mayores, en tanto Venezuela sigue
exigiendo el pasaporte y visado a los
ciudadanos andinos que ingresan por la
frontera terrestre. En el eje urbano Cúcuta –
San Antonio, por ejemplo, los ciudadanos
colombianos sólo pueden circular en territorio
venezolano, sin pasaporte y visa, hasta
Peracal, a sólo ocho kilómetros del límite
internacional, de manera que el acuerdo que
respecto a este tema suscribieron ambos países
en 1942, modificado luego por el Tratado de
Tonchalá de 1959, han quedado sumamente
rezagados en función de la dinámica y las
necesidades que imponen los tiempos actuales.
6. La institucionalidad
binacional fronteriza
Ambos Estados, Colombia y
Venezuela, han creado para su frontera común
una importante institucionalidad binacional.
La Comisión Presidencial de Integración y
Asuntos Fronterizos Colombo-Venezolanos –
COPIAF, creada por los Presidentes Virgilio
Barco y Carlos Andrés Pérez, en 1989, tiene el
encargo específico de estudiar y preparar los
acuerdos específicos relativos al desarrollo
económico y social de las áreas fronterizas.
Antes de ello, en marzo de
1987, el Parlamento Andino creó, mediante
Decisión 184, la Asamblea Regional Fronteriza
(ARF), integrando en torno a temas de interés
fronterizo compartido a los órganos
legislativos del departamento Norte de
Santander, en Colombia, y el estado Táchira,
en Venezuela.
También constituyeron
evidencia de la voluntad de avanzar hacia
metas superiores en la integración fronteriza
colombo-venezolana, las propuestas de la
década de 1980 para aprobar un régimen de
Empresas Multinacionales de Integración
Fronteriza (EMIF) y para crear un Consejo de
Planificación y Desarrollo de la Frontera
Colombo-Venezolana.
No obstante lo señalado, es
realista precisar que el tratamiento de la
agenda de la integración fronteriza
colombo-venezolana, en un entorno signado por
la reciente crisis política que ha afectado
algunos componentes de la relación bilateral,
deberá retomar en los próximos meses un ritmo
más dinámico.
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