El concepto de frontera en el contexto y en la
perspectiva de la integración andina
Dr. Luis
Alberto Oliveros
Coordinador del Banco de Proyectos de
Integración y Desarrollo Fronterizo de la CAN
Febrero de 2002
I. INTRODUCCIÓN
En más de tres décadas de
integración andina, las fronteras han sido un
componente poco prioritario del proceso
comunitario, razón por la cual las iniciativas
de desarrollo y de integración fronteriza
puestas en práctica en ese período se han
ejecutado, en lo fundamental, ya sea en el
marco de las políticas nacionales sobre el
tema o bien al amparo de los acuerdos
bilaterales entre pares de países poseedores
de fronteras comunes, pero, adicionalmente,
bajo una atmósfera más o menos favorable a la
exclusión de "terceros", incluyendo como parte
de ellos a los organismos de integración,
creados -y de los que son partícipes- los
propios países involucrados. Sin pretender
emitir un juicio valorativo al respecto, es
evidente que esta situación traduce una
percepción del escenario fronterizo por parte
de los Estados fuertemente impregnada aún de
la noción de soberanía territorial, exclusiva
y excluyente.
El Protocolo de Quito, de
1987, modificó el Acuerdo de Cartagena
introduciendo, como parte del nuevo
articulado, uno que hace alusión a la
importancia y prioridad de las fronteras para
la integración andina, el mismo que reza: "Los
Países Miembros emprenderán acciones para
impulsar el desarrollo integral de las
regiones de frontera e incorporarlas
efectivamente a las economías nacionales y
subregional andina" (artículo 144 del texto
oficial codificado del Acuerdo de Cartagena).
Si bien el citado artículo
constituye solo un marco enunciativo respecto
al tema, su incorporación en el texto del
Acuerdo de Cartagena fue determinante para
impulsar, junto con los avances mostrados por
las iniciativas que algunos Países Miembros
venían desplegando bilateralmente (por
ejemplo: el Programa de Apoyo a la Integración
Fronteriza Boliviano-Peruana; o los proyectos
impulsados por la Comisión Presidencial de
Asuntos Fronterizos Colombo-Venezolanos), el
proyecto "Programación de Actividades de
Desarrollo e Integración Fronteriza entre los
Países de la Región Andina", el mismo que,
contando con el soporte técnico y financiero
del Banco Interamericano de Desarrollo (BID),
fue ejecutado por la entonces Junta del
Acuerdo de Cartagena (JUNAC) entre 1990 y
1991, con el objetivo final de "Definir una
estrategia de desarrollo e integración
fronteriza y la elaboración de planes de
acción que contengan iniciativas comunitarias
y nacionales que puedan ser las más
pertinentes y eficaces para promover la
integración fronteriza de los países del Grupo
Andino".
Sin embargo, el proyecto
BID-JUNAC, a pesar de los aportes en término
de diagnósticos muy precisos de la situación
fronteriza por pares de países, de las
propuestas de estrategia de desarrollo y de
integración fronteriza que contenían, y de los
proyectos de corto y mediano plazo que
proponían, tampoco significó un avance
significativo del tema, en parte porque no
ofrecía alternativas claras sobre cómo se
financiaría el conjunto bastante amplio de
iniciativas de inversión en frontera, pero, en
parte, también, porque los gobiernos de los
Países Miembros no terminaron de adoptar unos
documentos-propuesta que de alguna manera
podía entenderse que constituían una
invitación a relevarlos del papel que, en el
marco de la noción de soberanía, siempre les
correspondió cumplir de manera exclusiva en el
pasado.
La Cuarta Reunión del
Consejo Andino de Ministros de Relaciones
Exteriores, realizada en mayo de 1999,
introdujo un cambio sustancial en esta
perspectiva nacional o binacional de
aproximación al tema del desarrollo y la
integración de las fronteras andinas. En esa
ocasión, el Consejo Andino de Cancilleres
aprobó la Decisión 459 "Política Comunitaria
para la Integración y el Desarrollo
Fronterizo", la que contiene los principios,
lineamientos generales, objetivos, e
institucionalidad y mecanismos de la política
comunitaria de desarrollo e integración
fronteriza, es decir, estableciendo un marco
de política común –Andina-, sobre el tema, y
creando una institucionalidad comunitaria
básica para el tratamiento y promoción del
tema, representada por el Grupo de Trabajo de
Alto Nivel para la Integración y Desarrollo
Fronterizo. Este último, en sus cinco
reuniones realizadas hasta noviembre de 2001,
ha realizado un intenso trabajo de análisis,
consideración de propuestas y evaluación de lo
actuado, que se resume en la formulación de
dos proyectos de Decisiones Andinas finalmente
adoptadas por el Consejo Andino de Ministros
de Relaciones Exteriores en su Octava Reunión
de junio de 2001: la Decisión 501 "Zonas de
Integración Fronteriza (ZIF) en la Comunidad
Andina" y "Centros Binacionales de Atención en
Frontera (CEBAF) en la Comunidad Andina"; así
como en el firme apoyo a la creación del Banco
de Proyectos de Integración y Desarrollo
Fronterizo de la Comunidad Andina.
Sin embargo, la V y más
reciente reunión del citado Grupo de Trabajo
(Lima, Perú, 26 y 27 de noviembre de 2001) ha
permitido constatar que los avances en la
instrumentación de esas Decisiones son muy
lentos y que, en esencia, ningún país ha
constituido aún un Centro Binacional de
Frontera (CEBAF) o una Zona de Integración
Fronteriza (ZIF) en los términos previstos en
las Decisiones en mención, si bien en cuanto a
los CEBAF, varios pares de países cuentan con
avances significativos en el camino a su
implementación.
En este contexto, el
sentido del presente ensayo es el de ofrecer,
en una forma muy concisa, algunas propuestas
de definición y un conjunto de reflexiones que
contribuyan a entender mejor lo propio al
concepto de frontera, la importancia y los
alcances de una actuación orgánica y -cuando
fuera necesaria- conjunta de los Países
Andinos en sus territorios de frontera, y las
distintas escalas geográficas de posible
intervención para llevar adelante sus
iniciativas de desarrollo e integración
fronteriza.
I. LAS DOS NOCIONES
IMPLÍCITAS EN EL TÉRMINO FRONTERA
El término frontera es, de
suyo, complejo, de difícil definición. Las
nociones que él suscita en personas de
distinta formación o dedicadas a diferentes
actividades (juristas; militares; empresarios;
autoridades nacionales, regionales o locales;
campesinos; miembros de comunidades nativas),
es muy diversa y está asociada a sus vivencias
cotidianas, su herencia y formación cultural,
sus intereses específicos o la carga que
aporta la "deformación" de los enfoques y
prioridades profesionales u ocupacionales.
En realidad, en la
percepción del fenómeno fronterizo se
entrecruzan dos nociones: la de "linealidad" y
la de "zonalidad".
1. Frontera y noción de
linealidad
Desde su fundación, los
Estados modernos se definen como entidades
espaciales soberanas, de ahí que la necesidad
de establecer la cobertura territorial de
dicha soberanía postule la linealidad, es
decir, el conocimiento preciso de los
límites de esa porción de territorio
dentro de los cuales el Estado ejerce su
jurisdicción. Por esa razón, la noción de
linealidad o de línea limítrofe tiene una
connotación fundamentalmente jurídica que se
hace perfectamente tangible con la suscripción
de los tratados internacionales de límites y
su consecuente ejecución.
2. Frontera y noción de
zonalidad
En el marco de la noción de
zonalidad, frontera no es un término
que posea una acepción principalmente
jurídica, sino más bien social y económica, en
el sentido de constituir la manifestación, en
una porción de territorio situado en los
confines de un Estado, de fuerzas organizadas
que actúan de un lado al otro del límite y
cuyos vectores son la población y los
acondicionamientos de todo tipo (por ejemplo,
senderos, carreteras u otras vías de
comunicación; líneas de transmisión de energía
eléctrica; explotaciones agrícolas o
pecuarias; implantaciones industriales;
centros educativos o de salud; etc.), todo lo
cual estimula un movimiento e intercambio de
personas, bienes y servicios, procesos con
base a los cuales se construyen en el tiempo
solidaridades e intereses comunes que van
perfilando, dentro de ciertos ámbitos
espaciales, "lo fronterizo".
II. FRONTERA: DEFINICIÓN
En una definición amplia
del término frontera, es pertinente
destacar su contenido sociológico y económico,
y expresar que constituye la concreción de una
intensa relación y hasta una interdependencia
en las diversas manifestaciones de la vida en
sociedad, promovida y ejecutada por
poblaciones asentadas a uno y otro lado del
límite entre dos países, hasta un lugar
determinado (respecto del texto subrayado
ver el desarrollo del punto V).
Por ello, aludir a la
frontera en el contexto del desarrollo
socio-económico, implica, por un lado,
reconocer la existencia de vínculos de una
comunidad humana con otra que, siendo vecina,
pertenece a otra jurisdicción nacional y, por
otro, que sólo es dable percibir la frontera
en la medida en que aquellos espacios situados
en los confines de un Estado cuenten con una
base demográfica; así definida, la frontera
siempre constituye una frontera activa.
A falta de población, la esencia del concepto
de frontera se diluye y entonces los confines
territoriales no ocupados ni acondicionados (y
a veces ni siquiera transitados
esporádicamente) de un Estado pasan a
configurar "espacios vacíos", "espacios no
incorporados" a la economía y sociedad
nacionales. En esa situación, la noción lineal
de la frontera cobra plena amplitud; asistimos
a la frontera no activa.
En consecuencia, la
frontera es un concepto y una realidad
compleja, pero que siempre constituye un
espacio de actuación compartida, escenario
de una densa trama de relaciones económicas,
sociales y culturales, pero un espacio cuya
delimitación, por lo mismo de existir allí una
relación dinámica, sólo puede ser establecida
en forma aproximada y transitoria,
constituyendo su esencia el carácter cotidiano
de dicha relación, la heterogeneidad de
situaciones que en ella se constatan, su
equilibrio momentáneo, y, consecuentemente, su
permanente evolución en el espacio y en el
tiempo.
Por lo que acaba de
expresarse, si se efectuara un corte temporal
que facilite una visión instantánea de todas
las fronteras de un país determinado, se
encontraría una gama de situaciones, cada una
de ellas individualizada en su problemática,
en la diversidad de las variables que la
componen y en el distinto grado de
articulación e integración interna (con el
propio país) y externa (con el país vecino)
existente. Esta situación dinámica que se
configura con características específicas en
cada sector de la frontera entre dos países, y
que prevalece en un momento dado, puede ser
denominada "situación de frontera".
III.
IMPORTANCIA DE LAS FRONTERAS
En un contexto
internacional signado por la interdependencia
cada vez más acentuada entre países y bloques
económicos, consecuencia del impresionante
progreso tecnológico contemporáneo y del auge
que ha cobrado el comercio internacional como
motor del desarrollo, las fronteras asumen
actualmente una renovada importancia y
prioridad, para cualquier país y bloque de
integración, por lo menos en las siguientes
tres dimensiones :
1. En lo que hace a la superación de los
desequilibrios regionales del desarrollo
A nadie escapa que en los
países de la Subregión Andina las fronteras
constituyen, en su mayor parte, espacios
marginales, periféricos, débilmente integrados
o carentes de integración a la economía y a la
sociedad nacional, situación que responde a la
vigencia de modelos de desarrollo
centralistas, en el marco de los cuales se han
considerado a las fronteras implícitamente
–pero, en ocasiones, también de modo
explícito- como "áreas de reserva", pasibles
de ser incorporadas en algún momento futuro al
espacio activo nacional. Las consecuencias de
este manejo se reflejan en el hecho de que la
problemática económica, social y cultural
actual de las fronteras es finalmente tanto o
más crítica que la de muchas áreas rurales
interiores de nuestros países.
Ante este cuadro,
constituye una necesidad prioritaria concretar
una integración efectiva de los territorios
fronterizos "hacia adentro", en beneficio de
cada país y particularmente en lo que hace a
la solución de los graves desequilibrios
regionales del desarrollo. En consecuencia, el
desarrollo fronterizo debe ser asumido
como un objetivo nacional, independientemente
de la "situación de frontera" que tenga
vigencia en un momento dado, propósito en el
cual las iniciativas bilaterales con los
países limítrofes, pueden constituir parte
importante de la estrategia a poner en
práctica. En ese sentido, mientras las
fronteras sean un campo de actuación conjunta
de los Estados limítrofes, indudablemente que
las iniciativas de cooperación fronteriza
y de integración fronteriza que ellos
ejecuten en dichos territorios contribuirán a
otorgar fluidez a las relaciones bilaterales
en su conjunto, que encontrarán allí un
terreno propicio para su desarrollo y
fortalecimiento.
2. En cuanto al afianzamiento de los
procesos de cooperación e integración
económica
Los países de la Subregión
Andina participan del esquema de integración
normado por el Acuerdo de Cartagena. El
objetivo de este Acuerdo es construir un
espacio económico ampliado que haga perdurable
un proceso sostenido de crecimiento de la
capacidad subregional para producir bienes y
servicios, intercambiarlos y consumirlos, pero
en condiciones de eficiencia y competitividad,
incorporando cada vez mayor número de actores
y nuevas áreas geográficas.
Dado que gran parte del
creciente flujo de personas y mercancías que
la integración propicia utiliza el modo de
transporte terrestre, las fronteras intra-andinas
deben ser acondicionadas para cumplir
eficientemente el papel de puntos de
articulación de nuestras economías nacionales,
a fin de operar como una suerte de "bisagras"
que faciliten los intercambios biunívocos
entre los Países Andinos limítrofes, pero
también entre éstos y otros socios
comunitarios.
Sin embargo, esta
adecuación de las fronteras debe ser efectuada
con pleno reconocimiento de su realidad
económica y social actual, a fin de no agravar
el precario equilibrio socio-económico allí
vigente que en buena medida es el resultado de
las modificaciones ocasionadas en los modos de
vida de la población y en la orientación de
las actividades económicas por el encuentro o
"choque" de dos sistemas nacionales que tiene
lugar en dichos espacios. Estas modificaciones
secularmente han sido consecuencia de las
diferencias en las políticas monetarias,
fiscales, laborales, migratorias, y otras, que
cada Estado adopta de manera autónoma y
soberana –por supuesto, sin evaluar cuánto
pueden repercutir ellas en frontera-, pero
que, en la práctica, se "confrontan" allí en
la frontera con las del Estado vecino. A
partir de la década de 1970, el mencionado
"choque" también es propiciado por la puesta
en práctica de los mecanismos de la
integración andina (liberación del comercio;
algunos componentes de la política
agropecuaria, sobre todo en materia de sanidad
agrícola; eliminación de la reserva de carga
para el transporte marítimo y la opción formal
de realizar transporte terrestre de carga bajo
el régimen de tránsito aduanero internacional;
entre otros), los que en general tienen un
efecto negativo en el modo de vida y en el
nivel de ingresos de las poblaciones
fronterizas al reducirles el "margen de
preferencia" que ellas laboriosamente
construían en el marco de sus estrategias de
sobrevivencia capitalizando la confrontación
en frontera de los diversos componentes de las
respectivas políticas económicas nacionales.
En consecuencia, el
necesario acondicionamiento de las fronteras,
arriba citado, debe comprender medidas y
proyectos de facilitación administrativa, de
simplificación y armonización documentaria, de
construcción o mejora de infraestructura vial
y ferroviaria, de instalación de locales
equipados en los pasos de frontera (complejos
fronterizos para el registro y control del
tránsito; construcción de almacenes o bodegas;
habilitación de equipos para carga y descarga;
servicios para los pasajeros y tripulantes de
vehículos). Pero, es importante que todas
estas medidas y proyectos no traduzcan
exclusivamente una visión "metropolitana" de
las fronteras, en el sentido de interpretar
sólo las prioridades e intereses del comercio,
turismo y otras actividades económicas con
origen y destino fuera de la frontera, sino
que deben ejecutarse con el criterio de
contribuir a superar las distorsiones
presentes en la frontera que fomentan las ya
mencionadas "estrategias de sobrevivencia"
(contrabando, pacotilla, cargadores,
tramitadores y, en general, todas las
actividades ubicadas en el sector terciario
"refugio"), propiciando también la generación
de oportunidades de empleo productivo, el
incremento y diversificación de la oferta de
servicios originarios de la zona y la
incorporación de producciones y servicios
locales a las corrientes de intercambio
bilateral, comunitario e internacional.
Sólo entonces podrá
reconocerse un rol a las fronteras en el
proceso de construcción del espacio económico
ampliado andino y, en sentido inverso, un
aporte de la integración andina en favor de la
modernización, diversificación y crecimiento
de la base económica de las fronteras comunes.
3. En lo que respecta a la
articulación de los Países Andinos con el
contexto internacional
En esta dimensión, se
considera importante identificar un papel para
las fronteras, que suponga su participación
dinámica en los esfuerzos por expandir y
diversificar la oferta exportable de los
Países Andinos, de modo de mejorar los
términos de la participación de la Subregión,
en su conjunto, en la economía internacional y
en el contexto de la globalización económica.
En esta necesaria apertura
hacia el mundo, algunos corredores comerciales
y ejes de desarrollo que articulan regiones
interiores de los Países Andinos con los
puertos de la Subregión sobre los océanos
Pacífico y Atlántico, a través de sus
territorios fronterizos, deben permitir que
estos últimos se consoliden como verdaderos
espacios – encrucijada, proyección en la
cual su posición geográfica privilegiada
constituye el principal activo. En este macro
escenario, la concreción de los proyectos de
integración física y concretamente los
corredores viales, ferroviarios o multimodales,
que ya han sido identificados por los
gobiernos y organismos financieros y de
integración regional (Iniciativa IIRSA),
tienen una importancia fundamental para la
proyección de la economía andina en una
dimensión internacional.
Debemos insistir, sin
embargo, en la necesidad de que estos
proyectos de integración física continental
también contribuyan al despegue económico de
las regiones de frontera, para lo cual los
requerimientos que su funcionamiento plantee
debe considerar el empleo de factores locales,
principalmente mano de obra y servicios en
frontera, pero también la habilitación de
opciones para la progresiva incorporación de
producciones de las regiones fronterizas a las
corrientes de comercio que transitan a través
de ellas.
IV. DESARROLLO FRONTERIZO
En una concepción de las
fronteras que reconoce como componente
esencial de su definición la vigencia de una
dinámica relación entre grupos humanos
próximos geográficamente pero pertenecientes a
dos Estados, el desarrollo fronterizo y
la integración fronteriza constituyen
nociones afines, no obstante lo cual es
posible esbozar, sobre todo con propósitos
metodológicos de estudio y de formulación de
propuestas, definiciones específicas y
diferenciadas de ambos términos.
1. Desarrollo fronterizo
Es el proceso necesario e
impostergable de incorporación de las
fronteras al patrimonio activo de cada país,
conducido mediante iniciativas nacionales
que responden a objetivos y estrategias
integrales de desarrollo. El desarrollo
fronterizo se concreta con referencia a un
marco de normas y documentos (leyes, planes,
estrategias, programas, proyectos) que, en
conjunto, definen una política nacional de
desarrollo fronterizo, en cuya ejecución se
despliegan iniciativas públicas y privadas
en los campos de la infrastructura social y
económica, en la dotación de servicios
básicos, en la promoción de actividades
productivas y en el fortalecimiento de la
capacidad de gestión local y regional, todo
ello bajo criterios de sostenibilidad.
Lograr un determinado
grado de desarrollo fronterizo es necesario
para que la integración fronteriza sea un
proceso con perspectivas de éxito, pero
tampoco constituye un condicionante
absoluto, como que algunas iniciativas
conjuntas que los Estados convienen adoptar,
de mutuo acuerdo, en sus zonas de frontera
contigua, no se contraponen a los objetivos
y metas que dichos Estados promueven
individualmente en esas mismas zonas y,
antes bien, pueden contribuir a su mejor o
más pronta obtención.
2. Integración fronteriza
Es el proceso convenido
por dos Estados en sus territorios
fronterizos colindantes a través de acuerdos
o tratados específicos, que tiene por objeto
propiciar su desarrollo sobre la base del
aprovechamiento conjunto y complementario de
sus potencialidades, recursos y afinidades,
así como de costos y beneficios compartidos,
proceso que generalmente constituye un
componente central del progreso y
fortalecimiento de la relación bilateral en
su conjunto. El primer paso de la
integración fronteriza implica la definición
de un régimen fronterizo, es decir,
la puesta en vigencia de uno o varios
acuerdos orientados a la desregulación de
los desplazamientos de personas, bienes y
medios de transporte en zonas pre-establecidas;
la utilización conjunta o compartida de
servicios públicos en el campo social
(salud, educación); la complementación de
los servicios de telecomunicaciones, de
suministro de energía eléctrica, etc. Con
ello, a la vez que se hace más llevadera
para las poblaciones fronterizas las
desventajas que supone su ubicación
periférica en los respectivos contextos
nacionales, se contribuye a eliminar el
carácter espontáneo que secularmente ha
caracterizado a la relación fronteriza,
sentando las bases de una integración
fronteriza formal, orgánica, con objetivos,
metas y estrategias mutuamente convenidos
por los dos países involucrados.
3. Cooperación
fronteriza
Complementariamente, se
considera de utilidad proponer una
definición de cooperación fronteriza.
Podemos entender a esta última como
el conjunto de iniciativas comprometidas por
dos países limítrofes en sus territorios de
frontera contiguos, poco poblados y
desarticulados entre sí y con el resto del
territorio de cada país (fronteras no
activas), para sentar las bases del
desarrollo e integración futura de dichos
espacios mediante la ejecución de acciones y
proyectos en temas tales como evaluación de
recursos naturales, protección de los
ecosistemas compartidos, medidas de
seguridad y confianza mutua, asistencia a
las comunidades nativas, entre otros.
En síntesis, "desarrollo
fronterizo", "integración fronteriza" y
"cooperación fronteriza" son conceptos y
procesos esencialmente afines. Unos y otros en
el fondo constituyen distintas estrategias que
procuran como meta el desarrollo integral,
sostenible, de los territorios de frontera,
abriendo opciones para la dinámica
incorporación de estos espacios en los
procesos de desarrollo nacional, de
cooperación bilateral y de integración
económica subregional andina.
En cuanto a esto último,
precisamente, la participación del Sistema
Andino de Integración, particularmente a
través de la Secretaría General de la
Comunidad Andina, que ha promovido la adopción
por el Consejo Andino de Ministros de
Relaciones Exteriores, de las Decisiones 459
"Política Comunitaria para la Integración y el
Desarrollo Fronterizo", 501 "Zonas de
Integración Fronteriza (ZIF) en la Comunidad
Andina", y 502 "Centros Binacionales de
Atención en Frontera (CEBAF) en la Comunidad
Andina", y que participa como Secretaría
Técnica del Grupo de Trabajo de Alto Nivel
para la Integración y Desarrollo Fronterizo
creado por la ya citada Decisión 459, tiene el
sentido de propiciar una coherencia global de
las iniciativas que en el tema del desarrollo
y la integración fronteriza los Países
Miembros acuerden y pongan en práctica
bilateralmente, velando porque ellas confluyan
o coadyuven al logro de los objetivos de la
integración andina, estimulando la generación
de un espacio de análisis y reflexión
colectiva sobre el progreso y obstáculos que
confrontan las mismas, y buscando, también,
concretar acciones de cooperación técnica y
financiera que puedan contribuir a la
ejecución de los programas y proyectos que los
Países Miembros comprometan en beneficio del
desarrollo de sus territorios de frontera.
V. LA DIMENSIÓN TERRITORIAL DE LA FRONTERA
Una interrogante y a la vez
una necesidad que frecuentemente se presenta
al estudiar el fenómeno fronterizo es conocer
hasta dónde éste se hace patente. Dicho en
otros términos, a partir de la línea de
frontera o límite ¿dónde termina la frontera?;
¿es posible que la percepción de los procesos
propios a la noción de frontera coincida con
los límites de las circunscripciones que con
fines administrativos ha sido dividido el
territorio de un país (departamentos, estados,
provincias, agrupaciones, cantones,
municipios, distritos o parroquias, en el caso
de los Países Andinos)?.
En realidad, la frontera
difícilmente puede ser delimitada. Podría
decirse que "hay más frontera" en aquellos
lugares en donde la relación cotidiana
entre actores sociales y económicos que operan
de uno a otro lado del límite es más intensa,
lo que no implica necesariamente la vigencia
de una relación inversamente proporcional
entre frontera y distancia geográfica (¿a
menos distancia del límite, más frontera?).
Sin embargo, en función de la intensidad con
que se manifiesta o "se vive" la frontera, la
ya mencionada cotidaneidad de la relación, así
como el distinto grado de articulación que
puede establecerse entre la frontera, como
proceso, y los objetivos del desarrollo
regional o de la cooperación e integración
bilateral, es conveniente identificar, en
principio, tres escalas territoriales de la
frontera, conformadas, en cada caso, por
porciones de territorio de dos países que
poseen límites comunes:
1. Area de frontera
Es una franja de territorio
generalmente pequeña (unos cuantos kilómetros
cuadrados) que funcionalmente está íntimamente
asociada a la noción de linealidad. En ella la
manifestación tangible del fenómeno fronterizo
ocurre a una escala local y se patentiza con
el funcionamiento de los pasos de frontera
–algunos de ellos habilitados por acuerdo de
los Estados y otros informales- y la
existencia de infraestructura y servicios
vinculados a su utilización (servicios
públicos de control y registro de los tráficos
bidireccionales instalados en Centros
Nacionales, o Binacionales, de Atención en
Frontera –CENAF o CEBAF- o bien en puestos de
control fronterizo; servicios complementarios
como cambio de moneda, telecomunicaciones;
guarniciones militares o puestos de
vigilancia; población local que se moviliza
intensamente para aprovisionarse de bienes o
servicios en la localidad vecina del otro país
en el marco de "estrategias de sobrevivencia"
vinculadas al comercio de pacotilla y al
contrabando). Para fines prácticos, en
aquellos sectores de frontera activa quizás
convendría equiparar las "áreas de frontera"
con las unidades territoriales estadísticas
(UTE), de categoría UTE 4, tal como se
encuentran éstas definidas en el "Anteproyecto
de Decisión sobre Nomenclatura de las Unidades
Territoriales Estadísticas Andinas – NUTE"
cuya jurisdicción toca un segmento del límite
internacional y en donde, de lado a lado,
funciona un paso de frontera, sea este formal
o informal.
La correspondencia o
equivalencia de UTE entre los Países Andinos,
según el citado anteproyecto de Decisión, es
la siguiente:
CUADRO DE
CORRESPONDENCIA ENTRE
LAS UNIDADES ADMINISTRATIVAS Y LA
NOMENCLATURA DE LAS UNIDADES
TERRITORIALES ESTADISTICAS - NUTE
|
PAIS |
UTE O |
UTE 1 |
UTE 2 |
UTE 3 |
UTE 4 |
|
Bolivia |
País |
Regiones |
Departamentos |
Provincias |
Municipios |
|
Colombia |
País |
Regiones |
Departamentos |
Agrupaciones |
Municipios |
|
Ecuador |
País |
Regiones |
Provincias |
Cantones |
Parroquias |
|
Perú |
País |
Regiones |
Departamentos |
Provincias |
Distritos |
|
Venezuela |
País |
Regiones |
Estados |
Municipios |
Parroquias |
2. Zona de frontera
Es un ámbito
territorialmente mayor que el anterior, en
donde pueden conducirse acciones de desarrollo
de manera orgánica en la medida en que existen
ciudades dotadas de funciones urbanas más o
menos diferenciadas o complementarias entre
sí, que cuentan con equipamientos básicos (si
bien por lo general se trata de centros
urbanos de tercer orden dentro de la jerarquía
urbana nacional). Asimismo, las zonas de
frontera cuentan con una cierta dotación de
infraestructura de transportes, energética y
de comunicaciones, además de la presencia
organizada de actores económicos y otros
grupos de la sociedad civil (gremios, cámaras
del comercio y la producción, asociaciones
culturales). En esa medida, a partir de la
zona de frontera es posible ofrecer soporte al
área de frontera así como operar como nexo
articulador de aquélla con una región
nacional. Probablemente cada parte nacional de
una zona de frontera pueda definirse por
agregación de varias UTE 3, contiguas
geográficamente, y, en algunos casos,
considerar una UTE 2 en forma completa.
En la medida en que en las
zonas de frontera existe una estructura urbana
más o menos definida, un determinado nivel de
organización de las fuerzas representativas de
la sociedad, y cierta base productiva y de
servicios en funcionamiento, podríamos señalar
que se dispone de lo esencial de una entidad
geoeconómica básica en la que podría
proponerse la constitución de las primeras
Zonas de Integración Fronteriza (ZIF),
conforme lo establece la Decisión 501 de la
Comunidad Andina.
3. Región de frontera o
región fronteriza
En el contexto de la
planificación del desarrollo, una región
constituye un ámbito subnacional de
programación y gestión del desarrollo que
generalmente coincide con los límites de
unidades político-administrativas mayores,
integrando por ello más de una UTE 2 o
configurando una UTE 1, en ambas opciones, a
escala de cada país.
En toda realidad regional,
vale decir, en todo recorte territorial que
funcione como una unidad geoeconómica mayor,
deben reconocerse tres aspectos esenciales:
- Los vínculos
existentes entre sus habitantes, pero
no sólo los vínculos étnicos, sociales o
económicos que favorecen la germinación de una
identidad y una solidaridad regional (el
sentido de "pertenencia" a una región), sino
todos aquellos que a través de una densa
maraña de redes pueden llevar a reconocer en
la región, entre otros elementos de cohesión,
sistemas de producción especializados
("regiones agrícolas", "regiones mineras",
"regiones industriales"); una jerarquía
ordenada de centros urbanos; diversificación y
especialización en actividades del sector
servicios, como pueden ser servicios
financieros, centros de educación superior y
de investigación especializada, oferta
portuaria, etc. Sin embargo, esos vínculos por
sí solos no crean una región en tanto no son
suficientes para establecer una sólida y
perdurable organización económica y social.
- La organización de
las actividades regionales en torno a un
centro. Los vínculos a los que se
alude en el párrafo anterior se concretan en
un centro urbano, en una capital regional. La
ciudad capital, que siempre debe ser una
metrópoli multifuncional, ocupa una posición
de vanguardia dentro del sistema urbano
nacional, organiza y gobierna el espacio que
la rodea a través de una malla de redes
viales, de telecomunicaciones, bancarias,
comerciales, de tráfico aéreo, entre otras,
que los distintos actores –gobierno, empresas-
van tejiendo progresivamente.
- El hecho de que la
región sólo existe como parte integrante de un
conjunto, es decir, sus vínculos con
el exterior, su pertenencia y su funcionalidad
dentro de un conjunto nacional, constituyen
parte consustancial a su definición. En ese
sentido, puede decirse que la región se
encuentra a la vez abierta e integrada.
La región de frontera o
región fronteriza, en su componente nacional,
sería la estructura espacial mayor de
articulación de la estrategias de desarrollo
fronterizo de cada país con la respectiva
estrategia de desarrollo nacional;
binacionalmente planteada, constituiría el
escenario privilegiado, de avanzada, de la
relación bilateral, es decir, una suerte de
"región programa-piloto" en la cual podrían
experimentarse derroteros de lo que sería una
integración bilateral capaz de abordar
componentes que trasciendan el terreno
exclusivamente económico. Sin embargo, al
momento actual, cuando las regiones son en la
mayoría de Países Andinos una aspiración
colectiva o una meta por alcanzar antes que
una realidad geoeconómica acabada, es
inevitable asumir que el funcionamiento de
regiones fronterizas binacionales todavía
constituye una posibilidad futura entre los
países de la Subregión Andina.
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