Documento final de la Comisión
Estratégica de Reflexión
Un Nuevo Modelo de Integración
de América del Sur
Hacia la Unión Sudamericana de
Naciones
Señores Presidentes,
La
Comunidad Sudamericana de
Naciones nació de los ejemplos
de nuestros Libertadores y como
lo señala la declaración del
Cuzco, está inspirada en las
gestas libertarias de Junín y
Ayacucho, la convocatoria del
Congreso Anfictiónico de Panamá,
el coraje de nuestros pueblos y
héroes independentistas que
construyeron, sin fronteras, la
gran Patria Suramericana
interpretando las aspiraciones y
anhelos de sus pueblos a favor
de la integración, la unidad y
la construcción de un futuro
común.
La
Comunidad Sudamericana de
Naciones se conformó con la
decisión de los Presidentes de
la región reunidos en Cuzco,
Perú, el 8 de diciembre de 2004,
y tiene en las Declaraciones de
Cuzco y Ayacucho sus documentos
fundacionales. Refleja un
intenso proceso de aproximación
de los dirigentes políticos de
la región en los últimos años.
En
la reunión Cumbre de Brasilia,
del 30 de septiembre de 2005,
una Declaración Presidencial
definió la Agenda Prioritaria y
el Programa de Acción de la
Comunidad, al mismo tiempo en
que aprobó las Declaraciones
sobre la Convergencia de los
Procesos de Integración de
América del Sur y sobre la
Integración en el Área de
Infraestructura, entre otras.
A
pesar de los avances obtenidos,
se ponderó la necesidad de dar
mayor profundidad a los
contenidos de la integración y a
las formas institucionales de
que deberían revestirse. Esas
preocupaciones estuvieron
presentes en la carta dirigida a
los líderes sudamericanos por
los Presidentes Hugo Chávez y
Tabaré Vázquez. Se hizo
necesario definir sus alcances a
los fines de garantizar la
construcción de un nuevo modelo
de integración, que aproveche
efectivamente las experiencias
positivas de los mecanismos de
integración subregional
existentes, como el CARICOM, la
CAN y el Mercosur.
En
la reunión extraordinaria de
Montevideo, en diciembre de
2005, surgió la decisión de
crear esta Comisión de
Reflexión, constituida por
representantes personales de los
Presidentes, con la tarea de
producir un Documento de
Reflexión para ser sometido a la
II Reunión de Jefes de Estado de
la Comunidad Sudamericana de
Naciones, en fines de 2006.
La
Comisión Estratégica de
Reflexión se reunió en cinco
ocasiones durante el año de 2006
para dar cumplimiento a su
mandato de formular propuestas
con miras a impulsar el proceso
de integración sudamericano en
todos sus aspectos. La Comisión
instituyó un grupo de trabajo ad
hoc sobre integración
financiera, que se reunió en dos
ocasiones.
Optamos por un documento que
pretende reflejar la naturaleza
general del debate y que es un
insumo para el proceso en
desarrollo, toda vez que hay
propuestas que requieren de un
análisis más profundo. En los
anexos, se recoge un conjunto de
aportes nacionales individuales
presentados a lo largo de los
trabajos de la Comisión, sobre
los cuales sería necesario un
esfuerzo adicional de análisis y
deliberación.
Agradecemos la confianza
depositada en la Comisión
Estratégica y esperamos que este
trabajo pueda contribuir para un
impulso renovado y decisivo a la
integración de América del Sur,
en beneficio de nuestros
pueblos.
Documento final de la Comisión
Estratégica de Reflexión
Un Nuevo Modelo de Integración
de América del Sur
Hacia la Unión Sudamericana de
Naciones
1.
Introducción
La
integración regional se presenta
como la respuesta más adecuada
para enfrentar las circunstancias
internacionales actuales y
permitirá una presencia más sólida
y competitiva de nuestra región en
el mundo, más acostumbrada a las
necesidades y desafíos
particulares de América del Sur.
El
establecimiento de la Comunidad
Sudamericana de Naciones debe
sustentarse fundamentalmente en
las bases históricas de los
pueblos sudamericanos y en las
fortalezas que ofrece el proceso
de integración, para la
construcción de una unión de
Repúblicas democráticas y
soberanas.
En
lugar de basarse en la
contraposición y en el antagonismo
a otros bloques y regiones, la
Comunidad debe explotar
fundamentalmente las virtualidades
de los procesos de integración y
de asociación internacional.
Contribuirá asimismo para el
fortalecimiento de la unidad de
toda América Latina y Caribe.
Es
necesario plantear un nuevo modelo
de integración con identidad
propia, en medio de la diversidad
y las diferencias, que permita
construir la ciudadanía
sudamericana.
La
posibilidad de concretar estas
aspiraciones pasa por construir
una visión estratégica y de largo
aliento, que se base en el
patrimonio de integración
acumulado en la región.
1.
1. La integración de América del
Sur: oportunidades
América del Sur es una región que
presenta un enorme potencial.
Posee una extensión de 17.6
millones de km2. La diversidad de
su territorio abriga ecosistemas
diversos, como el Caribe, la
Amazonia, la Cordillera andina, el
Pantanal, la Pampa, el Cerrado o
las regiones heladas del sur del
continente. Su población es de 377
millones de habitantes y su
producto bruto interno es de US$
1,5 billón.
Los
países de la región se encuentran,
hoy, en proceso de expansión
económica, habiendo registrado en
conjunto, en 2005, un crecimiento
del 4.7%, con bajos índices de
inflación, tasas de interés en
descenso y disminución de la
vulnerabilidad externa, en función
del crecimiento de sus
exportaciones. Las estimativas
preliminares apuntan que, en 2006,
el crecimiento del Producto Bruto
Interno será del orden de 5,4% en
promedio.
La
región dispone de elementos
fundamentales para el futuro de la
humanidad: (a) abundantes recursos
energéticos renovables y no
renovables; (b) grandes reservas
minerales; (c) significativos
manantiales de agua; (d) enorme
potencial de producción de
alimentos y (d) riquísima
biodiversidad. Dispone además de
un importante y diversificado
parque industrial, Universidades y
centros de investigación
científica y tecnológica de
excelencia.
A
diferencia de otras regiones, hay
pocos litigios territoriales entre
las naciones sudamericanas, todos
ellos con grandes posibilidades de
que sean resueltos por la vía de
la negociación diplomática.
América del Sur es una zona de
paz, libre de manifestaciones de
intolerancia política, ideológica
o religiosa.
El
continente presenta hoy día una
enorme vitalidad democrática, que
se expresa en la sucesión de
elecciones libres y justas, en las
reformas políticas que dan solidez
institucional a los Estados, en la
creciente promoción y defensa de
los derechos humanos y, sobre
todo, en la ampliación de la
participación popular,
especialmente de sectores social y
étnicamente marginados a lo largo
de nuestra historia.
Mas
allá de las lenguas de los pueblos
originarios, que constituyen un
rico patrimonio, existe en América
del Sur una considerable
homogeneidad lingüística, lo que
facilita el diálogo cultural.
Los
grandes flagelos que afectan a la
región, como conjunto, son la
pobreza, la exclusión y la
desigualdad social persistentes,
que se han transformado en los
últimos años en una preocupación
central de todos los gobiernos
nacionales, los cuales han
reconocido la impostergable
necesidad de atender al déficit
social.
La
percepción del difícil cuadro
internacional, por un lado, y de
las potencialidades que la región
posee, por otro, reforzaron en los
gobiernos, pero también en los
movimientos sociales y la sociedad
civil como conjunto, la conciencia
sobre la necesidad de la
integración. Sin embargo, este
reforzamiento no se hace sin
contradicciones. Al mismo tiempo
en que el Mercosur se expandió,
con la integración de Venezuela
como miembro pleno y de muchos
otros países como miembros
asociados, además de la asociación
del bloque con la CAN, cobra
importancia el problema de las
asimetrías entre los países
miembros, incluso las de
naturaleza geográfica que afectan
los países mediterráneos de la
región, todas las cuales exigen la
máxima atención y soluciones
adecuadas.
La
construcción de un nuevo modelo de
integración no puede estar basada
únicamente en las relaciones
comerciales, sobre todo cuando es
bien sabido que la región admite
regímenes distintos: Mercosur,
CAN, CARICOM y Chile. Con miras a
la construcción de una integración
equilibrada y la consolidación de
una Agenda de Integración Social y
Productiva, los países de América
del Sur, dando énfasis a la
convergencia comercial, deben
buscar una articulación económica
y productiva más amplia, así como
formas de cooperación política,
social y cultural. Ella debe
favorecer un desarrollo más
equitativo, armónico e integral de
América del Sur.
En
un período de reafirmación del
Estado Nacional, la integración
regional surge como un elemento
indispensable de realización de
nuestros proyectos nacionales de
desarrollo. Se abren fuertes
posibilidades de cooperación en
materia de infraestructura,
energía, complementación
industrial y agrícola, medio
ambiente, combate a la pobreza y a
la exclusión social, fuentes de
financiamiento para el desarrollo,
seguridad, educación, cultura,
ciencia y tecnología. Estas
distintas formas de cooperación
exigirán soluciones
institucionales integradas.
No
fueron pocas las diferencias entre
las naciones sudamericanas en
estos últimos meses.
Paradójicamente, éstas se dieron
cuando parecían haberse reunido
condiciones excepcionales,
objetivas y subjetivas, para la
integración regional. Sin
desconocer estas cuestiones, ni
dejar de buscar soluciones
inmediatas para ellas, es
fundamental pensar la integración
como un proyecto estratégico y con
sentido de política de Estado,
superior a las contingencias
adversas que puedan surgir
puntualmente.
Sin
perder nunca su dimensión
“utópica” – un legado valioso de
nuestros próceres – es evidente
que la integración sudamericana
tiene sus fundamentos en la
realidad más apremiante de nuestro
continente. Así como también es
cierto, que es y será pluralista,
porque abriga distintas
concepciones políticas e
ideológicas, que corresponden a la
diversidad democrática interna de
nuestros países.
En este sentido, la construcción
integral de la Comunidad
Sudamericana de Naciones debe
buscar el desarrollo de un espacio
integrado en lo político, social,
cultural, económico, financiero,
ambiental y en la infraestructura.
Ese proceso debe fortalecer la
identidad propia de América del
Sur, basada en el carácter
multiétnico, multicultural y
plurilingüe de nuestros pueblos.
Debe reconocer el papel de los
pueblos originarios, de los afro
descendentes y de los inmigrantes
que tuvieran rol importante en la
formación y e las luchas sociales
del continente. Desde esa
perspectiva, debe contribuir, en
articulación con otras
experiencias de integración
regional, al fortalecimiento de
América Latina y el Caribe,
otorgándole una mayor gravitación
y representación en los foros
internacionales.
1.2
La integración de América del Sur:
desafíos
La
última década del siglo pasado fue
marcada por importantes
transformaciones del orden
internacional en sus dimensiones
económica, social y política.
El
fin de la bipolaridad construida
inmediatamente después de la
Segunda Guerra si, por un lado,
puso fin a la "Guerra Fría", por
el otro profundizó las asimetrías,
en la medida en que el
multilateralismo entró en crisis
y, con él, el conjunto de
organizaciones internacionales
surgidas en el siglo XX.
Expresión de esto son las
dificultades que enfrentan hoy el
proceso de reforma de la ONU y las
negociaciones comerciales de la
Ronda de Doha, en el ámbito de la
OMC, para citar dos ejemplos
significativos.
Frente a este difícil cuadro,
apenas aludido aquí, la
integración regional se constituye
en una alternativa para enfrentar
una globalización que profundiza
asimetrías, y contribuye a la
marginalidad económica, social y
política de decenas de países y de
miles de millones de seres
humanos.
El
proceso de globalización afectó
profundamente nuestras economías,
agravando todavía más la situación
social de nuestros países. Más
recientemente, cuando se hicieron
visibles las consecuencias de ese
proceso - en algunos casos, en
situaciones dramáticas - fue
posible comenzar a construir
alternativas que apuntan a retomar
el crecimiento, a la preservación
de equilibrios macroeconómicos, al
énfasis en la distribución de la
renta como instrumento de
eliminación de la exclusión social
y de reducción de la pobreza o
también a la disminución de la
vulnerabilidad externa.
En
el plano político, al lado de una
clara opción por la democracia,
después de dolorosas experiencias
autoritarias en muchos países,
cobró importancia la tesis de que
nuestros problemas podrán ser
mejor enfrentados cuando tengamos
la capacidad de unir esfuerzos en
torno de una serie de objetivos
comunes.
2. Principios rectores y
elementos de la integración
sudamericana
Debe
considerarse un conjunto de
principios básicos de la
integración que informen un nuevo
modelo de integración y la
estructura que le regirá. Dichos
principios deben ser:
I.
Solidaridad y Cooperación:
promoción de instancias que
expresen de modo vinculante la
voluntad integradora de los
Estados, mas allá de sus fronteras
y un tratamiento sistemático de
las asimetrías tanto entre los
países sudamericanos como
internamente al espacio nacional.
La solidaridad supone mayor
equidad, reducción de la pobreza y
refuerzo del multilateralismo como
principio rector de las relaciones
internacionales.
II.
Soberanía y Autodeterminación de
los Pueblos: respecto a la
soberanía nacional de los Estados
de América del Sur y a sus
prerrogativas para definir
estrategias nacionales de
desarrollo y las pautas de su
inserción internacional.
III.
Paz: reforzar la decisión de hacer
de América del Sur zona de paz en
la cual los conflictos
internacionales sean resueltos por
medios pacíficos, en conformidad
con la Declaración de Guayaquil
del 2002.
IV.
Democracia y Pluralismo: promoción
de la democracia y compromiso de
su perfeccionamiento. Una
integración sin dictaduras y
respetuosa de los derechos
humanos. Reconocimiento de los
derechos de los pueblos
originarios, de los afro
descendentes y migrantes, con
igualdad de género y respecto a
todas minorías y sus
manifestaciones lingüísticas y
culturales. Valoración de los
aportes de los movimientos
sociales y organizaciones de la
sociedad civil y su derecho a
espacios de participación
democrática en cada uno de los
países sudamericanos.
V.
Armonía con la Naturaleza:
promoción del desarrollo
sostenible. Las preocupaciones de
naturaleza ambiental deben estar
presentes en todas las iniciativas
de desarrollo regional, sobretodo
en las obras de infraestructura y
energía. Equilibrio de los
ecosistemas y protección de la
biodiversidad, con reconocimiento
y valoración de los conocimientos
tradicionales.
3. Objetivos de la integración
sudamericana
El
proceso de construcción de la
Comunidad Sudamericana de Naciones
debe ser ambicioso y preciso en
sus objetivos estratégicos, al
tiempo que flexible y gradual en
su implementación.
Debe
fundamentarse en alianzas
estratégicas pautadas por el
compromiso democrático, el
refuerzo del diálogo político, la
creación de un espacio de
concertación y conciliación, la
contribución a la estabilidad
regional, la articulación de
políticas sociales regionales y la
valorización de una identidad
cultural sudamericana.
Debe
darse de manera articulada en las
esferas nacional y subnacional,
propiciando un involucramiento
directo en el proceso de los
actores locales y regionales, a
partir de estrategias horizontales
y descentralizadas.
Debe
tener por objetivo la conformación
de una zona de libre comercio,
teniendo en cuenta los acuerdos
existentes de integración
económica y atenta al tratamiento
de las asimetrías constatadas.
Debe
perseguir objetivos económicos y
sociales estructurantes,
coadyuvantes a la consolidación de
un espacio sudamericano integrado.
La
construcción de la Comunidad
Sudamericana de Naciones debe
constituirse a partir de grandes
objetivos regionales y tomando por
base un conjunto de acciones de
impacto inmediato, con énfasis en
la reversión del enorme déficit
social de la región.
Una
vez aceptadas las premisas aquí
presentadas, cabrá a los
Presidentes definir y aprobar la
prioridad, el ritmo y el alcance
de las acciones concretas, basados
en una evaluación realista, aunque
ambiciosa, de las posibilidades de
implementación en cada país.
-
Un Nuevo Contrato Social
Sudamericano: promoción de una
integración con rostro humano
articulada con la agenda
productiva, que se exprese en el
establecimiento de metas
definidas de desarrollo social y
en mecanismos sistemáticos de
evaluación.
- Establecimiento de un marco
institucional permanente para el
intercambio de experiencias
nacionales en el desarrollo de
políticas públicas en el campo
social, especialmente para
promover la cohesión social y
enfrentar el hambre y las
situaciones más agudas de
exclusión y pobreza extrema.
- Fortalecimiento de la
capacidad del Estado de ejecutar
políticas públicas eficientes en
el campo social.
- Precisión de los indicadores
que van a permitir medir los
avances en ese modelo de
integración sudamericano en lo
social.
- Definición de metas sociales
compartidas a ser alcanzadas en
la región, en conformidad con
los Objetivos del Milenio, y de
mecanismos de seguimiento de su
implementación, en áreas como
erradicación del analfabetismo,
combate a la desnutrición, el
paludismo, la tuberculosis, las
enfermedades tropicales y otros
flagelos de la extrema pobreza.
- Formulación de un plan
regional de Empleo Decente.
- Promoción del acceso universal
a los servicios de educación,
salud, saneamiento, agua potable
y electrificación rural.
- Creación de una red
sudamericana de vigilancia y
control de la salud pública, que
articule programas regionales de
vacunación y el desarrollo de
proyectos para la compra
conjunta o producción concertada
de medicamentos esenciales y
vacunas.
- Estudiar la posibilidad de una
convención sudamericana del
agua, tomando en cuenta la
legislación interna de cada
país.
- Promoción de la agricultura
familiar y de la seguridad
alimentaria.
- Coordinación en el área de
educación, con énfasis en el
estudio de las lenguas de la
comunidad y en el reconocimiento
de diplomas y títulos de
graduación y de posgraduación.
- Creación de una Universidad
Sudamericana.
-
Seguridad energética de la
región: la energía, al lado de
la infraestructura física, debe
cumplir un papel análogo al que
el carbón y el acero
representaron para la
integración europea.
- Articulación de las políticas
energéticas nacionales.
- Construcción de redes
regionales de gasoductos,
sistemas de interconexión
eléctrica, programas de
producción de biocombustibles y
actividades industriales conexas
en el sector de plataformas de
explotación y sistemas de
transporte de combustibles.
- Convocación de una reunión
extraordinaria de Presidentes de
América del Sur para avanzar en
las grandes líneas de una
planificación energética
continental, teniendo en cuenta
los estudios que se están
realizando en este sector hace
más de un año.
-
Infraestructura física,
conectividad y comunicaciones:
es necesario actualizar la
información sobre los proyectos
prioritarios de infra-estructura
consensuados en agosto de 2003
en el marco de la IIRSA, que es
parte integrante de la
Comunidad.
- Realizar una evaluación de
dicho plan a fin de garantizar
su orientación hacia la
construcción de redes de
transporte que interconecten los
países, atendiendo criterios de
desarrollo social y económicos
sustentables para acelerar el
proceso de integración,
preservando el ambiente y el
equilibrio de los ecosistemas.
- El primer grande objetivo
común debe ser la interconexión
entre el Pacífico y el
Atlántico, por medio de los
llamados corredores bioceánicos,
en articulación y en beneficio
de los países mediterráneos de
la región.
-
Integración industrial y
productiva: implica acciones de
política industrial y de
innovación comunes,
privilegiando inicialmente la
articulación de las industrias
regionales en determinados
sectores con potencial de
sinergias y de establecimiento
de consorcios, tales como
construcción naval, industria
aeronáutica, industria de
material militar e industria
farmacéutica.
- Promoción de un proceso de
integración de cadenas y redes
productivas a nivel regional,
privilegiando la PyMES,
cooperativas y las distintas
formas de economía social.
Consolidación del programa común
de combate a la aftosa.
- Realización de Foros
Empresariales y Ruedas de
Negocios sudamericanos.
- Realización de talleres y
seminarios en temas que aporten
soluciones para la cuestión de
las asimetrías y a la
construcción de instrumentos
efectivos que permitan avanzar
en la complementación económica
y productiva y en el desarrollo
en una estrategia de integración
basada en los principios de
gradualidad, flexibilidad,
equilibrio y reconocimiento de
las asimetrías a través del
trato especial y diferenciado,
teniendo en cuenta el desarrollo
desigual de países y regiones.
-
Integración financiera
sudamericana: desarrollo de
mecanismos financieros que
apoyen la implementación de la
agenda de integración
sudamericana en el área social,
productiva y de infraestructura,
teniendo en cuenta las
discusiones llevadas a cabo en
el grupo de trabajo sobre la
integración financiera
reproducida en Anexo.
Valorización y universalización
de los instrumentos y mecanismos
ya existentes en la región. En
ese sentido, cobra relevancia
una mayor utilización del
Convenio de Créditos Recíprocos
(CCR) de ALADI y la
incorporación a la CAF de todos
los países sudamericanos que así
lo soliciten como socios plenos
en la categoría A.
-
Identidad cultural: promover el
reconocimiento y la valorización
del patrimonio cultural común
sudamericano y facilitar la
circulación de las expresiones
culturales representativas de la
memoria e identidad de nuestros
pueblos. En ese contexto,
iniciativas comprometidas con la
investigación, la conservación y
la difusión del patrimonio
lingüístico de la comunidad
deben ser estimuladas.
-
Participación ciudadana:
creación de mecanismos que
permitan a la sociedad civil, en
particular a los movimientos
sociales organizados, participar
de manera más eficaz en la
definición de las grandes
políticas de integración,
inclusive a través del diálogo
reforzado entre los mecanismos
existentes del Mercosur (Foro
Consultivo Económico y Social,
por ejemplo) y de la CAN,
incluyendo a Chile, Guyana y
Surinam. Apoyo a la realización
de un Foro Social Sudamericano,
como preparación para el Foro
Social Mundial.
-
Coordinación en el área de
defensa: teniendo en cuenta la
especificidad de la problemática
de la seguridad colectiva, es de
fundamental importancia una
reflexión sobre el posible
desarrollo de una doctrina de
defensa regional, que refleje
las reales necesidades y
preocupaciones de la región, y
el diseño de organismos que
podrán implementarla en el
futuro, tales como una Junta
Sudamericana de Defensa. En ese
sentido, la Declaración de
Bogotá (julio de 2006) de los
Ministros de Defensa de la
región subraya la importancia de
los principios de soberanía y no
intervención y apunta hacia una
serie de iniciativas de
cooperación en la materia.
-
Promoción de una política
migratoria sudamericana:
asegurar la libre circulación de
las personas, teniendo como base
el respecto a los derechos
humanos, que lleve a la
realización de proyectos que
promuevan el pluriculturalismo y
la plena integración de los
migrantes en los países de
destino. Los países
sudamericanos