Declaración Sindical Mercosur Comunidad Andina
Integración con Desarrollo Social, Soberanía y Democracia
Brasilia, 31 de agosto de 2000

Con los objetivos de analizar la Participación Sindical y la Dimensión Social de los Procesos de Integración, se reunieron en la ciudad de Brasilia los días 30 y 31 de agosto del presente año, las centrales sindicales de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, agrupadas en el Consejo Consultivo Laboral Andino (CCLA), la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur (CCSCS) y el Consejo de Trabajadores del Cono Sur (CTCS), organismos de representación sindical de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y del Mercado Común del Sur (Mercosur). Asimismo el encuentro contó con la presencia y apoyo de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (CIOSL/ORIT) y de la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT/CMT).

Habiendo analizado la situación económica, social y política del continente sudamericano, el desarrollo y características de las negociaciones entre esos dos bloques geopolíticos y, en especial, el tratamiento que viene siendo dispensado a la dimensión social de ese proceso, las centrales sindicales aprobaron una declaración pública en la cual no sólo se presentan sus consideraciones sobre los temas tratados, sino también propuestas y reivindicaciones que esperan sean atentamente analizadas por los Presidentes de América del Sur que se reunirán el día 1º de setiembre en esta misma ciudad, con el respeto y consideración que merece una representación de más de 30 millones de trabajadores y trabajadoras.

1. Mercosur y CAN: profundización de la integración y formación de un bloque para la defensa de los derechos y desarrollo social en nuestro continente.

Nuestras organizaciones sindicales siempre apoyaron la concreción de un proceso de integración económica, social, política y cultura entre los países de América Latina, entendiendo que ese puede y debe ser un instrumento de construcción de un modelo de desarrollo, centrado en la construcción de una sociedad con equitativa distribución de la renta, en la promoción de condiciones de vida dignas y en el fortalecimiento y consolidación de la democracia con justicia social.

Es porque queremos que la integración de nuestras economías sean un factor de progreso y de promoción de la justicia social, que discordamos con la política que ha dirigido las negociaciones en el Mercosur y la CAN, y entre las dos sub-regiones, la cual ha subordinado la construcción de un modelo de desarrollo basado en la integración y complementariedad de sus potenciales económicos y productivos, a los intereses de los grandes grupos y empresas multinacionales.

Apesar de lo consignado en los documentos que crearon y renovaron el Mercosur y la CAN (el Acuerdo de Ouro Preto y el Acuerdo de Cartagena), en los dos procesos, las negociaciones han estado absolutamente subordinadas a la lógica del libre mercado, donde prevalecen y se imponen los grupos empresariales transnacionales que pasan a dictar sus reglas de competencia y de comercio. Eso ha significado la liberalización de fronteras comerciales sin salvaguardas y/o mecanismos de apoyo a la reconversión y compensación de los sectores económicos y sociales excluidos del mercado, lo que ha provocado altos índices de desempleo y miseria.

A partir de nuestros foros de organización, hemos contribuido para que esas metas se concreten y en este sentido vemos como positivas las negociaciones entre el Mercosur y la CAN, para la constitución de un bloque integracionista en nuestra región. Y entendemos que así como nos opusimos en el ALCA, esas negociaciones no pueden darse entre países aisladamente, sino mantener una forma de negociación bloque a bloque, para que las mismas estén basadas en un mayor equilibrio y soberanía.

Otro desacuerdo profundo que tenemos en cuanto a la forma subalterna y perjudicial para nuestros pueblos, en la forma como nuestros bloques están estableciendo su inserción en la economía internacional - ya sea por la inexistencia de una estrategia ofensiva y común en los foros de la OMC, ya sea por la posición de extrema fragilidad con que se insertan en las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) -, un proyecto que lejos de ampliar nuestra participación en la economía hemisférica y global, solamente nos debilitará aun más y aumentará aun más el grado de exclusión social que ya viven nuestras poblaciones.

Consideramos positiva la reunión de los Presidentes de América del Sur, y en este sentido consideramos que es obligación de nuestros gobernantes acordar una actuación como bloque integrado en nuestro hemisferio, reconociendo como absolutamente insuficiente la adopción de una estrategia solamente dilatoria y defensiva, que no modificará los aspectos perversos de los que se reviste el ALCA - o sea la conformación de un libre comercio entre las economías con gran desigualdad, sin la adopción de instrumentos de protección adecuadas para garantizar relaciones comerciales con mayor equilibrio, sin medidas de salvaguarda y políticas de Promoción de desarrollo tecnológico y sin ningún instrumento de garantía y protección de los derechos sociales y laborales.

Por otra parte, algunos de nuestros gobiernos se rehusan a aceptar la dimensión social y laboral del comercio, y a pesar que ya existe un Foro Empresarial del ALCA, en diversos momentos vetaron la constitución de instancias superiores de consulta al movimiento sindical y la sociedad civil de los países de las Américas.

A ese proyecto de ALCA, nuestros gobiernos tienen que decir no.

Y consideramos que para que esa posición sea viable y consistente, es fundamental la profundización de los procesos de integración - en el Mercosur, la CAN y entre ambos - lo que significa mucho más que la integración física de las vías de comunicación, de energía y telefonía. Significa la adopción de políticas comunes de promoción productiva, de tributación y tasas fiscales (impedir que las grandes empresas multinacionales utilicen la guerra fiscal como arma de chantaje como se viene haciendo) y principalmente la decisión de adoptar como prioridad el tratamiento de la dimensión social que ese proceso reviste.

Por esto, recordamos a los Presidentes que coloquen en práctica las resoluciones que aprobaron en la XVI Reunión de los Estados Miembros de la OIT en las Américas, realizada en Lima en agosto de 1999, que otros aspectos concluyó que "las políticas económicas deben ser armonizadas con las de justicia social, ya que el crecimiento económico es una condición necesaria pero no suficiente para generar trabajo decente". Más allá de eso las conclusiones de Lima reafirmarán la importancia del diálogo social auténtico y apuntaron la necesidad de "fortalecimiento de los interlocutores sociales para alcanzar soluciones compartidas que den legitimidad a las políticas y que propicien una distribución equitativa del crecimiento".

Y finalmente consideramos que la sociedad civil organizada de nuestros países tiene que ser un interlocutor fundamental de los estados en ese proceso. Los acuerdos de integración por más exitosos que sean tienen como resultado pérdidas y disminución de la soberanía nacional y por lo tanto del control democrático que la sociedad debe ejercer sobre sus gobiernos.

Para subsanar esas pérdidas es fundamental que los Parlamentos Nacionales sean parte integrante de las negociaciones, que tengan un papel decisivo en la aprobación de nuevos pasos y que caminemos para dotar a nuestro continente de un foro parlamentario con poder y representación.

Las negociaciones tienen que contemplar entre sus prioridades, los intereses generales de la sociedad y también las particularidades y debilidades de segmentos sociales específicos que han sido más marginados y excluidos - las mujeres, los grupos indígenas, los niños y grupos sociales marginados. Para esto, es fundamental que los Estados que integran el Mercosur y la CAN se rijan por el pleno cumplimiento y respeto a los convenios de la OIT y de la Declaración de la OIT sobre los Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo. Consideramos que nuestros gobiernos tienen la obligación de promover la plena vigencia y la aplicación de los instrumentos jurídicos de protección laboral y social ya aprobados - la Declaración Sociolaboral del Mercosur y la Carta Social y Convenio Simón Rodríguez de la Comunidad Andina de Naciones, garantizando los medios y medidas políticas necesarias para su pleno respeto.

De la misma forma consideramos que es fundamental para la democratización de todos en ese proceso, que nuestros gobiernos valoricen y fortalezcan los organismos de representación social que crearon el Foro Consultivo Económico-Social del Mercosur (FCES) y el Consejo Consultivo Laboral Andino (CCLA), y que incluyan en la estructura de negociaciones que establecerán entre sí, la constitución de un organismo de representación de la sociedad de los 10 países, garantizándole condiciones materiales de participación y funcionamiento, acceso a las informaciones y principalmente lo consulten previamente a la toma de decisiones.

2. Deuda Externa

Hace más de dos décadas que nuestros países vienen sufriendo retrocesos económicos y sociales impresionantes, motivados en gran parte por el pago de tasas de intereses absurdas, impuestas por los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional y otros organismos del sistema financiero internacional. Por imposición de los compromisos asumidos por nuestros gobiernos, en la última década los modelos económicos que han imperado en nuestros países se han pautado por la adopción de medidas de ajuste y de estabilización, donde la primera norma es la acumulación de divisas para pagar los intereses de la deuda externa. En nombre de esa política, el patrimonio público de nuestros países viene siendo destruido por una política predadora de privatizaciones y el recorte de las políticas sociales ha ido creciendo, haciendo aumentar aun más la exclusión de la mayoría de nuestras poblaciones.

Varios foros internacionales ya reconocieron la ilegitimidad y perversidad de esa deuda, que ya fue pagada, y recientemente la Conferencia Episcopal de los EUA divulgó su posición diciendo que "el pago de la deuda externa es económicamente imposible, políticamente peligroso y éticamente inaceptable".

Consideramos que el proseguimiento de esos compromisos inviabilidad cualquier salida económica y cualquier programa de desarrollo. Más allá de eso, consideramos inaceptable que nuestros gobiernos se sometan a negociaciones individuales con el FMI y continúen aceptando ese nivel de injerencia en nuestras economías. Por tanto, también en esa esfera nuestros países deben actuar como un bloque y exigir la revisión de todos los acuerdos firmados, poniendo como metas para las negociaciones el desarrollo y la expansión de la producción agroindustrial, la financiación a la reindustrialización, en especial el apoyo a la pequeña y media empresa productiva, y la adopción de un plan acelerado de desarrollo económico sustentable y perdurable, negociado con los actores sociales, económicos y políticos.

3. En defensa de la democracia y soberanía de nuestro continente

Analizando la situación política actual de nuestros países, constatamos con gran preocupación, los ataques que ha sufrido la ya débil democracia en nuestros continentes, debido a la situación alarmante que vive Colombia y los recientes hechos en Ecuador y Perú.

Frente a las graves violaciones de los derechos, y fraudes que ocurrieron en las últimas elecciones presidenciales en Perú, creemos que esa reunión debe solicitar a la OEA la suspensión de la participación del gobierno peruano de los foros políticos interamericanos (OEA, Grupo de Río, etc), en tanto no sea restaurada en aquel países la democracia plena, lo que implica anular las elecciones y realizarlas dentro de parámetros de transparencia y democracia.

Nos preocupa también la forma como se responde al levantamiento social y político que tuvo lugar en Ecuador a comienzos de este año, motivado por una grave crisis económica y social resultante de una política desreguladora y predatoria , y por los altos compromisos de la deuda externa. La dolarización de la economía ecuatoriana, prontamente apoyada por el gobierno norteamericano, no sólo no resolverá ninguno de los problemas apuntados, sino que subordina definitivamente la economía de la nación ecuatoriana, lo que puede ser factor de nuevas inestabilidades y ataques a la democracia.

Y finalmente manifestamos nuestra extrema preocupación por la grave situación política que vive Colombia, que ya contabiliza millares de muertes y entre ellos, hay más de 3 mil dirigentes sindicales. Somos contrarios al narcotráfico y queremos el fin de la violencia por todos los males que representa y no podemos aceptar que el diálogo y la búsqueda de la paz sean sustituidos por la acción constante de los grupos paramilitares y de las fuerzas de represión.

Somos totalmente contrarios a la implementación del Plan Colombia por parte del gobiernos norteamericano, pues consideramos que más allá de una fuerte injerencia externa, una acción represiva de esa naturaleza no sólo no resolverá esos graves problemas sino que aumentará la inestabilidad en Colombia y los países vecinos.

Los presidentes de los países de América del Sur debe manifestar su total oposición a esa injerencia y ayudar a la sociedad colombiana a restaurar la democracia y el respeto a los derechos humanos en aquel país.

Las organizaciones sindicales consideran de extrema importancia haber realizado esta reunión entre sindicalistas del Mercosur y la Comunidad Andina, y principalmente la decisión adoptada de establecer un plan de unidad de acción y de buscar un protagonismo real y concreto, no sólo al interior de los procesos de negociación de los países en que viven, sino también en las negociaciones que deberán realizarse entre Mercosur y CAN.

Brasilia, 31 de agosto de 2000

Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur
CCSCS

Consejo Consultivo Laboral Andino
CCLA

Consejo de Trabajadores del Cono sur
CTCS

Organización Regional Interamericana de Trabajadores
ORIT/CIOSL

Central Latinoamericana de Trabajadores
CLAT/CMT