El contexto Latinoamericano de
ocurrencia de desastres*
La
Estrategia Andina ha sido concebida
para dar respuesta a la problemática
de riesgos de desastres presentes en
la Comunidad Andina. La Subregión
Andina se inserta en el contexto
general de los países de América
Latina, los cuales han presentado en
los últimos años una cantidad
desproporcionada de desastres que han
causado graves penalidades sociales y
económicas. Entre 1900 y 1999 en
América Latina y el Caribe se
registraron 1.309 desastres naturales,
que corresponden al 19% de los
desastres reportados a escala mundial;
esto ubica a esta región como la
segunda de mayor ocurrencia de
desastres después de Asia (44%). Entre
1970 y 1999, la región se vio afectada
por 972 desastres que se estima
causaron la muerte de 227.000
personas, dejaron sin vivienda a
aproximadamente ocho millones de
habitantes y afectaron indirectamente
casi 148 millones de personas. El
costo promedio anual de estos
desastres en los últimos 30 años se
estima entre US$ 700 y US$ 3.300
millones.
Cuadro
1. Región andina. Estadísticas
básicas. 2003
|
Países |
Superficie
(Km2) |
Población
Total |
Población urbana
(%) |
PIB (p)
(millones US$) |
|
Bolivia |
1.098.581 |
8.894.363 |
65 |
7.688 |
|
Colombia |
1.141.748 |
44.561.609 |
73 |
81.800 |
|
Ecuador |
256.370 |
12.842.576 |
61* |
26.844 |
|
Perú |
1.285.216 |
26.950.838 |
72 |
60.993 |
|
Venezuela |
916.445 |
25.553.504 |
93 |
97.000 |
|
Región Andina |
4.745.891 |
119.302.972 |
75 |
274.325 |
Fuente:
Sistema de Información Macroeconómica
– IMACRO- Secretaría General de la
Comunidad Andina. Datos oficiales
preliminares.
* Datos oficiales del Instituto
Nacional de Estadísticas y Censos del
Ecuador – INEC.
En lo
que respecta a la Subregión Andina,
constituida por Bolivia, Colombia,
Ecuador, Perú y Venezuela, ésta cuenta
con una población de 119 millones de
habitantes y una superficie de
4´745.891 kilómetros cuadrados y donde
se genera un PIB anual de 274 mil
millones de dólares, y presenta uno de
los más complejos panoramas de
riesgos.
Las
vulnerabilidades creadas por los
modelos de desarrollo en los países
andinos son la explicación primaria de
la mayor parte de los riesgos. La
Subregión es extremadamente propensa a
terremotos, deslizamientos, tsunamis y
erupciones volcánicas debido a que su
territorio se asienta sobre tres
placas tectónicas activas (Nazca,
Suramericana y Caribe), y está ubicada
dentro del “Anillo de Fuego” del
Pacífico, donde tiene lugar el 80% de
la actividad sísmica y volcánica de la
tierra y donde ocurre un proceso de
conformación del relieve que entraña
fallas y fracturas geológicas activas.
Las
amenazas que se ciernen sobre la
Subregión Andina están estrechamente
relacionadas con los fenómenos
naturales que actuaron para su
creación y de aquellos modeladores del
paisaje. En efecto, los Andes han sido
objeto de una intensa erosión, que ha
llevado a la formación de sedimentos
depositados en las vertientes
exteriores o en los valles existentes
entre las cordilleras, lugares que han
sido preferidos por la población
debido a la riqueza de los recursos,
en especial, por la presencia de agua
y suelos fértiles (en su mayoría
inestables), los cuales coinciden y
han contribuido al incremento de los
riesgos de desastres, por las
vulnerabilidades existentes y creadas
en la Subregión.
Por otro
lado, en la Subregión Andina se
observan extremos climáticos que se
manifiestan en forma de sucesivas y
prolongadas sequías, inundaciones y
fuertes vientos, asociados a anomalías
climáticas por diversas causas que
afectan diversas zonas en el
territorio de los Países Andinos. Al
parecer, los cambios climáticos
recientes han agravado la variabilidad
del clima de la Subregión, con un
incremento en la cantidad de lluvias
torrenciales y en la mayor frecuencia
e intensidad de los fenómenos de El
Niño y La Niña, que han provocado
inundaciones y sequías. Igualmente, se
asume que un incremento de la
temperatura de la Tierra llevaría a un
aumento del nivel del mar poniendo en
riesgo las zonas costeras al hacerlas
más vulnerables a inundaciones.
Así, por
ejemplo, durante la ocurrencia de El
Niño en los años 1997 y 1998 las
pérdidas económicas en la Subregión se
estima que ascendieron a 7.500
millones de dólares y, en los últimos
cinco años ha ocurrido, por lo menos,
un desastre severo en cada uno de los
cinco países andinos.
|
País |
Evento y efectos
|
|
Bolivia |
Año
1997 - 1998. Fenómeno El Niño.
Sequías e inundaciones. Efectos
equivalentes a 527 millones de
dólares. |
|
Colombia |
Año 1999.
Terremoto en la región del Eje
Cafetero.
1.811 muertes y más de 1.800
millones de dólares en
reconstrucción. |
|
Ecuador |
Año
2001-2002. Erupciones Guagua
Pichincha, Tungurahua y El
Reventador.
Año 1997-1998 – Fenómeno El Niño
Pérdidas cercanas a los 2.800
millones de dólares |
|
Perú |
Año
2001. Terremoto sur del país
afectó a 213.000 personas |
|
Venezuela |
Año 2000.
Tragedia del Estado Vargas.
10.000 muertes y 3.000 millones de
dólares en pérdidas |
Fuente: CAF
Rasgos
subregionales comunes en la
problemática de riesgos
La
similitud de situaciones de riesgo
constituye otro rasgo que refuerza la
identidad a nivel de la Subregión. El
panorama de vulnerabilidades que
tipifican de manera similar a las
sociedades de los diferentes países,
es la consecuencia del tránsito por
procesos semejantes, en cuanto al uso
de los recursos y a los esquemas de
ocupación y desarrollo del territorio
desde las culturas prehispánicas hasta
nuestros días.
A los
eventos desastrosos rotundos y de gran
significado se suman los eventos
menores, que aunque no son tan
difundidos en los medios de
comunicación, ocurren a lo largo y
ancho de los países latinoamericanos
con gran frecuencia y con efectos
acumulados muchas veces superiores a
la mayoría de los grandes desastres.
El efecto directo de los desastres, si
bien se concentra en la población
directamente afectada y que habita en
la zona donde éstos se manifiestan con
mayor intensidad, tiene repercusiones
que, en general, afectan de una manera
u otra la totalidad de la población
del país. En algunos casos la
irradiación incluso llega a otros
países de la Subregión (migraciones,
menor demanda de importaciones,
interrupción en comunicaciones,
transmisión de vectores, etc.).
Los
procesos de ocupación y desarrollo y
el inadecuado manejo de recursos:
factores determinantes del nivel de
los riesgos en la Subregión
La
Estrategia Andina para la Prevención y
Atención de Desastres ha sido
construida con base en la necesidad de
reducir el nivel de los riesgos de
desastres que la caracteriza. En
efecto, los riesgos como consecuencia
de eventos naturales y/o antrópicos
han estado determinados por la
presencia de una gran variedad de
fenómenos físicos, la frecuencia de su
ocurrencia y el alto grado de
vulnerabilidad de los asentamientos
humanos.
Adicionalmente al incremento de
amenazas/peligros determinados por la
ubicación y el clima propio de la
Subregión, están los factores
relacionados con las vulnerabilidades
socioeconómicas que aumentan
considerablemente el riesgo o la
probabilidad de daño.
Los
mayores factores de vulnerabilidad en
la Subregión se dan por los patrones
de asentamientos en suelos frágiles,
mala calidad de las viviendas e
infraestructura, degradación
ambiental, carencia de estrategias
eficientes para reducir los riesgos, y
el tipo y manejo de las actividades
económicas.
El
rápido crecimiento demográfico y el
aumento de la densidad poblacional en
las tres últimas décadas en la
Subregión Andina han incrementado la
cantidad de personas y elementos
expuestos a las mismas
amenazas/peligros.
Esta
dinámica se ha focalizado en las
ciudades, que son física, funcional y
económicamente más vulnerables a las
amenazas, debido a la concentración de
población y bienes y al alto grado de
dependencia de redes de servicios
públicos y de distribución de
alimentos. Adicionalmente, la atención
de una emergencia en una ciudad media
o grande presenta una enorme
complejidad por la gran demanda de
recursos y preparación para su manejo.
En general las ciudades capitales de
los países andinos están ubicadas en
zonas de medio o alto riesgo sísmico,
como ocurre en el caso de Lima, que
desde 1856 ha sufrido seis grandes
terremotos y desde 1940, año del
último sismo importante, su población
se ha incrementado doce veces.
Las
zonas de alta densidad poblacional,
resultantes de los patrones de
urbanización y migratorios, suelen
estar ubicadas en zonas costeras,
zonas con fallas geológicas y/o en
zonas de fragilidad ambiental. En el
Perú por ejemplo, la proporción de
habitantes que actualmente residen en
áreas costeras a no más de 80
kilómetros del mar, más susceptibles a
El Niño y otros fenómenos, es del 73%
en contraste con el 54% hace tres
décadas.
Debido
al acelerado crecimiento poblacional y
a la migración rural, la gran mayoría
de las ciudades se ha expandido sin
planificación, ni códigos de
construcción, o regulaciones
apropiadas sobre el uso de la tierra
que se adapten a su entorno físico. En
los últimos 30 años la Subregión
Andina ha pasado de ser
mayoritariamente campesina o rural a
tener la población concentrada
actualmente en las ciudades (75%) y
representará el 79% para el año 2015.
La colonización, la migración
incontrolada y el desplazamiento
forzoso ha traído consigo la expansión
de vecindarios pobres sobre terrenos
de bajo valor económico en áreas
propensas a amenazas/peligros. Es así
como no sorprende que los barrios de
invasión sean los más afectados por
los eventos adversos.
La mala
calidad de la vivienda incrementa los
efectos de los fenómenos naturales, y
es resultado de la incontrolada
construcción y de la expandida
pobreza. En general, los hogares
pobres, además de su imposibilidad de
acceder económicamente a condiciones
de habitabilidad, tampoco pueden
acceder a la información que les
permita lograrla, por lo tanto,
carecen del conocimiento y destrezas
técnicas de construcción adecuada, y
de los ingresos para atender las
exigencias para el manejo de terrenos
inestables, el drenaje de aguas
servidas y superficiales, entre otros
aspectos.
Paralelamente, de las viviendas
edificadas anualmente, sólo una mínima
proporción es controlada por las
autoridades locales para el
cumplimiento de las normas de
construcción. Cuando éstas normas
existen, se desconocen o no se
cumplen; como ocurre inclusive con
compañías de construcción del sector
formal y en las empresas responsables
de la infraestructura pública. Es así
como el fenómeno de la ilegalidad, la
corrupción y la indiferencia de las
autoridades frente a las normas han
dado espacio a la proliferación del
riesgo.
Por otra
parte, el manejo inadecuado e
indiscriminado de los recursos
naturales ha sido un factor
determinante de las actuales
condiciones de riesgo, al transformar
hábitats, que en el pasado eran
seguros, en zonas con nuevas amenazas
y vulnerabilidades. Actividades como
la deforestación, la agricultura y la
minería incontrolada han sido
intervenciones generadoras de daño
ambiental y riesgos. El 90% de
hectáreas de bosques que son
deforestadas anualmente en la
Subregión Andina es provocado por
prácticas de agricultura no
sustentable.
La
degradación del medio ambiente,
consecuencia de las actividades
productivas y los procesos de
ocupación y desarrollo se constituye
en un factor transformador de
fenómenos naturales en desastres.
Actualmente en la Subregión Andina el
riesgo de inundaciones y
deslizamientos se ve exacerbado por la
deforestación de cuencas
hidrográficas, la ausencia de
programas de conservación del suelo y
el uso inapropiado de la tierra. Cabe
señalar, que la ocupación de
ecosistemas frágiles, el desarrollo de
actividades agrícolas inapropiadas, o
la construcción de carreteras rurales
en laderas inestables, para citar
algunos ejemplos, alteran la capacidad
reguladora hídrica de las cuencas y
detonan procesos erosivos y de
remoción en masa.
Sumado a
los riesgos asociados a eventos
geológicos e hidrometeorológicos se
encuentran los antrópicos relacionados
con el desarrollo de los procesos
industriales, tecnológicos y
sanitarios, tal como ocurre cuando se
presentan incendios, derrames de
hidrocarburos, contaminación química,
epidemias, crisis en lugares de
afluencia masiva de personas, entre
otros. Este conjunto de eventos se ha
venido incrementando con el proceso de
desarrollo de los países.
En
síntesis, el patrón de desarrollo
seguido por los países andinos, con
altos grados de pobreza, exclusión
socioeconómica y deterioro del
ambiente es un factor determinante de
la alta vulnerabilidad y en
consecuencia del riesgo ante las
amenazas naturales y antrópicas.
Escasa
capacidad social e institucional para
la reducción de vulnerabilidades y
para enfrentar riesgos no controlados
Si bien
la Subregión Andina viene avanzando en
la internalización de la nueva
perspectiva sobre la responsabilidad
social en la generación de los
desastres, lo que se evidencia en la
propia configuración del CAPRADE con
participación de representantes de las
Defensas Civiles, Ministerios de
Planificación o entidades que hagan
sus veces y los Ministerios de
Relaciones Exteriores, se evidencia la
debilidad en las políticas públicas
multisectoriales en el tema de riesgos
y los frágiles procesos
institucionales de planificación del
desarrollo.
Una de
las mayores debilidades de las
políticas públicas y el desarrollo
institucional de los países de la
región en la reducción de riesgos
radica en que los proyectos y acciones
de desarrollo e inversión carecen
muchas veces de un proceso adecuado de
planificación de mediano y largo plazo
donde esté incorporada una comprensión
de los límites y posibilidades que
determinan la geografía y las
condiciones de riesgo.
La
construcción de infraestructura, como
vías, servicios públicos, hospitales y
colegios se hace generalmente sin las
condiciones de seguridad que deberían
tener; así mismo, el desarrollo de
actividades productivas, como las
agropecuarias y mineras, son cada vez
más susceptibles a los fenómenos, a la
vez que se constituyen con frecuencia
en generadoras de condiciones de
riesgo.
El
fenómeno El Niño de los años 1982/83 y
1997/98 puso en evidencia las intensas
vulnerabilidades de los sectores del
desarrollo como se aprecia en los
estudios de impactos socioeconómicos
de la CEPAL y la CAF.
Pérdidas sectoriales
por Fenómeno El Niño 1997 1998
|
Sector |
Pérdidas
millones de dólares |
|
Agropecuario |
2,070 |
|
Transporte |
1,758 |
|
Industria |
944 |
|
Emergencia
|
722 |
|
Electricidad |
509 |
|
Comercio |
394 |
|
Vivienda |
384 |
|
Por Tipo de
Sectores |
|
|
Sectores
Productivos |
3,593 |
|
Infraestructura |
1,752 |
|
Sectores
sociales |
736 |
|
Sectores de
servicios |
621 |
|
Otros sectores |
844 |
Fuente. CEPAL, CAF.
Evaluación Impactos FEN 1997 1998.
A pesar
de que los países de la Subregión
cuentan con políticas para la
prevención y atención de desastres
existen deficiencias para su
implementación. En lo que respecta al
sector del conocimiento de las
amenazas y vulnerabilidades la
principal responsabilidad ha estado
concentrada en los organismos
estatales de investigación débilmente
financiados y poco articulados con los
usuarios potenciales de la
información. Por su parte, el sector
académico e investigativo está poco
orientado a formar a los futuros
profesionales y ciudadanos con visión
y conciencia de sus realidades
ambientales, geográficas y de sus
riesgos.
La
información sobre los riesgos, la
medición de impactos y los mecanismos
para evaluar la prevención y atención
de desastres son insuficientes y por
lo tanto se carece de la información
necesaria que permita la toma de
decisiones y por ende, el control de
la gestión pública.
Adicionalmente, se observa una
limitada coordinación entre las
autoridades nacionales responsables de
la planificación del desarrollo, de la
prevención y atención de los
desastres, del medio ambiente, entre
los niveles de los gobiernos
nacionales, regionales y locales, lo
que limita la incorporación de la
reducción de riesgos y atención de
desastres en la planificación del
desarrollo.
La
inexistencia o la débil formulación de
responsabilidades y lineamientos
centrales para regular la ocupación en
zonas de amenazas/peligros constituye
otra debilidad institucional en los
países Andinos; en particular en la
incorporación del componente de
prevención y atención de desastres en
los planes de ordenamiento
territorial, en planes de desarrollo
territoriales y en planes de expansión
sectoriales.
Frente
al cúmulo de vulnerabilidades ya
creadas y no resueltas no se ha
desarrollado con la fuerza necesaria y
con la participación activa y
comprometida de los actores del
desarrollo, una política clara y
fuertemente sostenida de prevención y
atención de desastres. Los organismos
que tienen estas responsabilidades
están mal financiados con relación a
los costos de la respuesta que ellos
deben atender. Los organismos fundados
en cuerpos voluntarios carecen de
mecanismos que soporten sus
actividades; así mismo, no toda la
sociedad responde a la realización de
planes de contingencia, y cuando
existen, la mayor parte de ellos son
elaborados sin la participación
intersectorial requerida.
Los
procesos de rehabilitación y
reconstrucción post desastres han sido
asumidos por organizaciones creadas
coyunturalmente para tal fin, con
procesos de instalación y de
aprendizaje costosos y usualmente
tardíos que no garantizan la
preservación de políticas y esquemas
institucionales permanentes de
respuesta para esta fase.
El
potencial y la responsabilidad del
sector privado y la sociedad civil en
la prevención y atención de desastres
Tradicionalmente, las
responsabilidades en la prevención y
atención de desastres han estado
concentradas en los Estados,
comprometiendo, en el caso de los
desastres, la estabilidad fiscal y el
desempeño macroeconómico, o, poniendo
una carga excesiva en la gestión que
las administraciones no podrían
atender. En este contexto, el papel
del sector privado ha sido poco
explorado en áreas donde puede