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CAMBIO
CLIMÁTICO
La
formulación y estructuración de la
Estrategia Andina sobre Cambio Climático -EACC
y su correspondiente Plan de Acción están
contempladas en la Agenda Ambiental Andina
2006-2010 a fin de que sirvan de fundamento
para la coordinación subregional en los
temas prioritarios de los países y de la
Convención Marco de las Naciones Unidas
sobre Cambio Climático y del Protocolo de
Kyoto. Están también contempladas la
generación de capacidades para evaluar los
efectos del cambio climático en
temas/sectores prioritarios regionales, y la
concertación de posiciones conjuntas ante
los foros internacionales de negociación en
materia de Cambio Climático y el
fortalecimiento de la participación de los
delegados nacionales.
Su incidencia en la subregión andina
La subregión
andina ilustra la paradoja de ser un área
que, pese a tener una reducida participación
en la producción mundial de gases de efecto
invernadero (GEI), enfrenta altos riesgos de
sufrir los efectos de este problema, dada la
fragilidad y vulnerabilidad de su población
y ecosistemas.
De acuerdo a
la base de datos de emergencias de la
Universidad de Lovaina, tres de los países
andinos aparecen entre los 5 países más
vulnerables a peligros climáticos y los
otros dos, entre los países de alto riesgo.
Del análisis de dicha base de datos se
aprecia que el 68% de las emergencias son
originadas por peligros de origen
hidrometeorológico.
Escenarios
desarrollados por el
IPCC
y a nivel de un país de la subregión,
indican que el Fenómeno El Niño (FEN) puede
ser más frecuente y más intenso debido al
calentamiento de la tierra. Como una
referencia reciente, y en base a estudios
desarrollados por la
CAF,
el FEN del 97/98, significó 7,545 millones
de dólares de pérdida, equivalentes al 2.6%
del PBI de la subregión, pero al 14% del PBI
de Ecuador, 7% del de Bolivia y 4.5% de
Perú, los 3 países más afectados.
La
vulnerabilidad de los países se ve
incrementada por los altos niveles de
pobreza (superiores al 50%) y pobreza
extrema (entre el 15 y 30%) que se registran
en la subregión, lo que limita las
capacidades de respuesta de la población, el
Estado y sus instituciones. Por otro lado,
los cinco son países megadiversos, siendo
sus especies altamente sensibles a los
cambios de temperatura y sus impactos. Los
países andinos además albergan el 30% de la
superficie de los bosques existentes a nivel
sudamericano y el 6.2% de los bosques a
nivel mundial, ocupando estos
aproximadamente el 52% de su superficie
terrestre.
El
cambio climático presenta pruebas
fehacientes de su impacto en la región,
ocasionando daños que son inevitables. Los
glaciares tropicales, 95% de los cuales se
encuentran en esta subregión, han disminuido
drásticamente, habiendo perdido algunos de
ellos hasta el 80% de su superficie glaciar.
El retroceso de los glaciares tiene un
enorme impacto en actividades de generación
de energía (aproximadamente el 60% de la
electricidad de los países andinos es
generada por hidroenergía, dependiendo el
agua que utilizan de las cuencas glaciares),
alimento y disponibilidad de agua para
consumo humano e industrial.
Los
países andinos son, sin embargo, causantes
de menos del 2.5 % de las emisiones
globales, debiéndose estas principalmente,
en países como Bolivia, Ecuador y Perú, a
procesos de deforestación, mientras que en
Venezuela y Colombia al sector energético.
La matriz energética de la subregión
presenta una baja intensidad de carbono, ya
que alrededor de 28% de su oferta total de
energía es producida limpiamente, a partir
de fuentes renovables (cero emisiones de
dióxido de carbono). La subregión tiene un
potencial hidroeléctrico evaluado en 267.000
MW que representa cerca del 9% del potencial
hidroeléctrico del planeta.
Acciones desarrolladas
El
tema de cambio climático es en suma, de gran
importancia para la subregión andina, siendo
los Puntos Focales de la Convención Marco de
las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUC),
en cada país, los impulsores de los avances
logrados a la fecha. El ordenamiento
institucional de los países de la Comunidad
Andina en el área climática sigue patrones
similares en todos ellos, aunque con
particularidades propias para cada uno de
los países.
Los
países andinos han suscrito tanto la
CMNUCC
y el
Protocolo de Kyoto,
han cumplido con su compromiso de entrega de
sus Primeras Comunicaciones Nacionales a la
CMNUCC, y están en el proceso de elaboración
de las Segundas Comunicaciones. Tres de los
países (Colombia, Ecuador y Perú) además,
han finalizado sus autoevaluaciones de las
capacidades existentes para la
implementación de las convenciones de Río
(Bolivia ha iniciado el proceso), habiendo
identificado potencialidades para la
sinergia y las prioridades para el
fortalecimiento de capacidades.
Con
el fin de contribuir a la mitigación de la
emisión de los Gases Efecto Invernadero (GEI),
cuatro de los cinco países de la región
(Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú) han
designado a su Autoridad Nacional de
Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) (que
recae en las Autoridades Ambientales), estos
tienen implementados procesos de aprobación
nacional que han probado ser eficientes, y
cuentan con gran potencial de mitigación en
sus carteras de proyectos que incluyen los
sectores energía (renovable y no renovable),
industrial, transporte, residuos y forestal.
A la fecha, 9 proyectos que significan un
total de 442.000 toneladas de reducción
anuales (CERs) han sido registrados en la
Junta Ejecutiva del MDL, mientras que otros
17 están en proceso de validación y uno más
ha solicitado registro.
En
el campo de la vulnerabilidad y adaptación,
a pesar de que no se cuenta con escenarios
de cambio climático y sus impactos a nivel
de la región en su conjunto, se cuenta con
evaluaciones que han sido desarrolladas a
nivel de cada país y que reflejan la
vulnerabilidad al cambio climático de los
mismos. Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú se
encuentran desarrollando proyectos (2 de
alcance nacional, 1 de alcance subregional),
financiados con los fondos de adaptación
disponibles en el GEF, que permitirán
evaluar e implementar propuestas piloto de
adaptación y contar así con mejores
herramientas para contribuir a la
incorporación de las consideraciones de los
impactos en procesos de desarrollo
(regionales, nacionales, sectoriales,
locales), gobernabilidad y/o ordenamiento
territorial.
En
casi en todos los países de la subregión se
dispone de recursos humanos formados a
partir del trabajo en las distintas Oficinas
Nacionales de Cambio Climático, y de los
Servicios de Meteorología, instituciones
académicas e institutos especializados. Sin
embargo, estos recursos humanos son
insuficientes para implementar los estudios
necesarios y las medidas contempladas en las
Comunicaciones Nacionales, las estrategias y
planes, y para las necesidades de los
emergentes mercados del carbono.
A
pesar de la importancia que el tema debe
tener en las agendas nacionales, el tema de
cambio climático no es una prioridad,
estando catalogado como un problema
meramente ambiental y no de desarrollo. Esto
se refleja en el nivel de financiamiento con
el que cuentan las Oficinas Nacionales
encargadas del Cambio Climático, y las
Oficinas para el MDL, nacional e
internacional. La realidad indica que las
Oficinas de Cambio Climático de la subregión
no podrían subsistir sin el financiamiento
externo. Los niveles actuales de
financiamiento con los que se cuenta además,
no toman en cuenta dos aspectos: a)
la sostenibilidad del financiamiento en el
largo plazo; y b) la implementación
de las acciones estratégicas contenidas en
los planes o estrategias de mitigación,
adaptación y medidas de respuesta.
Existe por
otro lado, una enorme potencialidad de
trabajo sinérgico con otros temas de la CAN
(prevención de desastres, energía,
biodiversidad, aguas continentales) que de
explotarse, permitiría catalizar la
incorporación de las consideraciones de
cambio climático en otros procesos. Esto, no
solamente permitiría hacer un uso más
eficiente de los recursos disponibles, sino
que podría darle la relevancia debida al
tema.
En suma, la
comunidalidad de la vulnerabilidad de los
países andinos, su alto potencial de
generación de energía a partir de fuentes
renovables, los distintos grados de avance
en la implementación de la CMNUCC y el
Protocolo de Kyoto (PK), las fortalezas,
áreas no explotadas y vacíos comunes
identificados, así como la potencialidad de
establecer sinergias con otros temas,
sustentan la necesidad de elaborar una
Estrategia Andina sobre Cambio Climático,
que permitan fijar un norte común en la
región para la gestión del cambio climático.
Esta necesidad ha sido reconocida por los
Presidentes de los Países Andinos, quienes a
través del Consejo Presidencial Andino
(julio de 2004) aprobaron la Directriz 32,
que resuelve encomendar “al Consejo
Andino de Ministros de Medio Ambiente y
Desarrollo Sostenible que, en coordinación
con el Consejo Andino de Ministros de
Relaciones Exteriores y el Consejo Asesor de
Ministros de Energía, formule una estrategia
andina para enfrentar y mitigar los efectos
negativos del cambio climático...”.
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