Quito, 12 de Julio de 2004
Se realiza la presente Cumbre Presidencial, en la
histórica y siempre hospitalaria ciudad de San Francisco de Quito,
en un momento crucial para la integración andina.
Después de 35 años de vigencia del Acuerdo de
Cartagena, con logros que resultan visibles a pesar de las
dificultades recurrentes, el impacto del proceso no puede evaluarse
como si se tratara de un factor exógeno y residual. Son los propios
Países Miembros los que han determinado sus características y el
grado de profundización, aunque ahora, como antes, lo deben hacer en
medio de profundas transiciones nacionales e internacionales.
Por tal razón, una vez más, recurrimos a la
orientación y decisión política de los Presidentes en esta Cumbre,
para llegar a directrices realistas y solidarias que permitan
reafirmar la confianza y despejar el camino de incertidumbres.
Entiendo que ello no es una tarea fácil. Los
países andinos se enfrentan a realidades internas que resultan
complejas y que demandan, por lo tanto, una mirada nueva y una
sólida voluntad para sobreponerse a los desafíos y acechanzas.
La persistencia de la pobreza y el agravamiento
de la desigualdad están contribuyendo a erosionar la gobernabilidad
democrática en nuestra región. Las principales previsiones
macroeconómicas, que anuncian tasas de crecimiento superiores al 4%
en promedio para el presente año, se muestran poco optimistas sobre
su impacto en la generación de nuevos empleos y en la mejora de
calidad de los existentes.
De otro lado, el proceso de globalización está
poniendo sobre nuestras espaldas la necesidad de anticipar agendas y
movilizar recursos que superan, en muchos casos, la capacidad de
nuestros Estados nacionales.
Globalización con integración
Fue en este contexto que consideré oportuno abrir
un espacio para la reflexión cuando asumí el cargo de Secretario
General el 15 de enero del presente año.
En aquella ocasión cuestioné la relevancia de una
agenda de la integración andina reducida a la construcción de un
Arancel Externo Común – cuya relevancia, aunque no desaparece, se
reduce en un horizonte de libre comercio internacional - y propuse
una nueva agenda andina de globalización con integración y
desarrollo con inclusión. Esta propuesta ha sido enriquecida y
precisada en sus líneas esenciales gracias al consejo oportuno de
los señores Presidentes, a las opiniones calificadas de la mayoría
de los ministros con quienes he compartido estos planteamientos, así
como a la consulta con los más diversos actores de la integración en
cada uno de nuestros países.
En estos meses de continuo bregar integracionista
he fortalecido la convicción – que me acompaña desde antes de la
firma del Acuerdo de Cartagena – de que la integración constituye
condición necesaria para el desarrollo integral de nuestros pueblos.
Hoy, más que nunca, la integración puede y debe constituir un
poderoso instrumento de articulación entre la agenda interna y la
agenda externa de nuestros países, en la perspectiva de construir
una agenda única para el desarrollo y la inserción internacional, en
la que todos los Países Miembros se sientan interesados y
representados, que haga posible una inserción justa y equitativa de
nuestros países en el nuevo ordenamiento internacional y que
coadyuve al proceso de consolidación democrática que viven nuestras
naciones.
Esta es, desde luego, una tarea política y, por
eso, corresponde a los Presidentes definir qué dirección deberá
tomar de aquí en adelante nuestro proceso de integración.
Un nuevo Diseño Estratégico para la Integración
Andina
En consecuencia, es oportuno e indispensable
avanzar hacia una nueva agenda de la integración andina: un nuevo
Diseño Estratégico para la integración andina, cuyos ejes centrales
deberían ser:
1. Profundización de la Integración Comercial
En la actualidad los cinco países andinos se
encuentran comprometidos en una activa agenda de negociaciones
comerciales internacionales que se desarrolla, cuando menos, en
cuatro escenarios: la Ronda Doha de la OMC, el ALCA, los tratados de
libre comercio con los Estados Unidos y próximamente la UE, y el
MERCOSUR. Es decir, cuatros escenarios y una misma agenda, porque
los temas son similares y los planos están estrechamente
interrelacionados. A ellos cabe agregar, como soporte indispensable,
el espacio andino y nuestra propia agenda comunitaria.
Esas negociaciones exigen a los países
participantes un gran esfuerzo para preservar los valores,
principios y ventajas de la integración, sin supeditar la
profundización de nuestro proceso a los tratados de libre comercio
con terceros; resguardar la cláusula de la nación más favorecida,
para evitar discriminaciones entre andinos; y realizar un
intercambio de información y consultas en un marco de transparencia
y solidaridad, y adaptar y perfeccionar conjuntamente la normativa
comunitaria a las nuevas realidades que deriven de esos acuerdos
internacionales.
Por otra parte, tales negociaciones brindan una
oportunidad para profundizar la integración en aquellos aspectos que
estimulan la construcción de un mercado único armonizado, con
evidentes ventajas tanto para los Países Miembros como para las
tratativas con terceros. Entre los más inmediatos se encuentran las
normas técnicas, las normas sanitarias, los regímenes aduaneros, el
reconocimiento de títulos, los servicios financieros, el transporte
internacional por carretera y el perfeccionamiento de los sistemas
de salvaguardias y de solución de controversias, preservando y
fortaleciendo nuestra avanzada institucionalidad jurídica.
En materia de negociaciones comerciales
internacionales, las cifras son contundentes. Entre cerca de los 200
socios comerciales que registra el intercambio de doble vía de los
Estados Unidos en el año 2003, los países andinos de manera aislada
apenas empiezan a figurar del puesto 16 hacia abajo, y ello gracias
a las exportaciones de petróleo de Venezuela porque el resto de los
países andinos empieza a aparecer a partir del puesto 32. En cambio
La Comunidad Andina en su conjunto ocupa el puesto número 10, un
lugar destacado que debe hacernos reflexionar.
Las cifras de lo que representamos en el comercio
europeo son igualmente elocuentes de nuestra capacidad comunitaria.
En conjunto, los países andinos aparecemos en el puesto número 35 en
su comercio de importaciones y exportaciones. Individualmente no
aparecemos en el radar.
En este caso, es particularmente visible el
interés de la Unión Europea en una Comunidad Andina que ofrezca
señales claras en torno a la construcción de un mercado armonizado,
incluyendo un arancel externo común.
Como se puede apreciar, nunca antes como ahora
han estado tan entrelazadas las negociaciones comerciales
internacionales y las tareas propias de una integración más
profunda.
2. Desarrollo y competitividad
El contexto antes mencionado es propicio para
recuperar en el proceso andino de integración la agenda del
desarrollo con miras a obtener una inserción eficaz e incluyente en
los nuevos escenarios mundiales.
El enfoque de competitividad con cohesión social
debe formar parte integral de un nuevo Diseño Estratégico para la
integración. En él adquieren especial relevancia los asuntos
referidos a la infraestructura, en armonía con el programa IIRSA; el
diseño de estrategias de desarrollo territorial que conviertan a
nuestras ciudades – región andinas en vanguardias de la integración
y la inserción internacional; así como estrategias innovadoras para
las micro, pequeña y mediana empresa, el desarrollo rural y la
competitividad agrícola.
3. Nuevos temas estratégicos
Nuestras naciones cuentan con ventajas
comparativas de carácter estratégico en el contexto internacional,
que pueden ampliar nuestros márgenes de autonomía en nuestras
políticas de desarrollo e inserción internacional.
Una Alianza Energética Andina y una Alianza
Andina para el Desarrollo Sostenible pueden constituirse en
fortalezas para el bienestar de nuestros pueblos y en un factor
gravitante en las aproximaciones políticas y económicas andinas con
terceros países.
Asimismo, resulta urgente elaborar y poner en
marcha una estrategia andina que articule las iniciativas de los
sectores público y privado para un efectivo aprovechamiento de las
tecnologías de la información y la comunicación (TICs), con el fin
de lograr acceso a los beneficios de esta nueva frontera de la
cultura, la producción y el comercio.
4. Cooperación Política y Cohesión Social
Una integración profunda se fortalece como
consecuencia de la cooperación política, económica y socio –
cultural y nos convierte en actores relevantes en múltiples tableros
en armonía con la profundización de nuestra integración.
Entre ellos, el espacio sudamericano reviste la
mayor prioridad para aumentar la complementariedad productiva, el
impulso a la innovación tecnológica y la articulación de la
infraestructura física regional, así como para el fortalecimiento de
nuestra capacidad de negociación internacional.
Una integración profunda se nutre de confianza,
de principios y valores compartidos que se traducen en la defensa y
promoción de intereses que son comunes a los Países Miembros, en
aspectos tan fundamentales como son el fortalecimiento de la
democracia, la promoción de la cohesión social, la protección de los
derechos humanos y el fortalecimiento de la seguridad andina. El
proceso andino de integración aporta un importante valor agregado a
las posibilidades y potencialidades individuales de sus cinco países
miembros en esos campos.
Señores Presidentes:
Creo compartir con ustedes la convicción de que
esta Cumbre será decisiva para el futuro de nuestra Comunidad
Andina, como el ámbito de concertación que:
impulse nuestro desarrollo integral y nos
proyecte con una mayor relevancia en la defensa de un sistema
internacional multilateral basado en el derecho y la
cooperación;
nos asegure una gravitación real en el
diseño de un orden mundial multipolar, libre de hegemonías;
nos permita el desarrollo de las
capacidades necesarias para insertarnos en la economía global,
en un marco de equidad e inclusión social; y que
contribuya al bienestar del ciudadano
andino de a pie y a una mayor fortaleza y legitimidad de
nuestras democracias.
En el desenlace que adquieran estas aspiraciones
estará la diferencia entre una agrupación que se paraliza o una
Comunidad Andina que se consolida y profundiza como un gran proyecto
político: la “Nación de Repúblicas” que nos legó el Libertador Simón
Bolívar.
Esa es la tarea histórica de esta XV Cumbre que,
una vez más, coloca en manos de los Presidentes Andinos definiciones
cruciales para nuestro proyecto integrador.
Muchas gracias.