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Comunidad Andina: Políticas de segunda generación 
para afrontar los desafíos regionales


Por Guillermo Fernández de Soto
Secretario General de la Comunidad Andina

La decisión de la última reunión del Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores, realizada el pasado 11 de marzo en Bogotá, de aprobar por unanimidad la iniciativa de la Secretaría General para brindarle una nueva orientación a la integración subregional, debe registrarse como un hecho de gran trascendencia.

Se trata, en la práctica, del ingreso de la integración en una segunda generación de políticas, que le permitirá a los socios de la subregión liberarse de la “obsesión por arancel” como lo he señalado de manera coloquial en varias oportunidades. Y el momento resulta propicio, no sólo por la urgencia de ofrecer nuevas alternativas a los profundos desafíos económicos, políticos y sociales que vive la subregión, sino además por las certezas obtenidas en la consolidación de una etapa de realizaciones comerciales. De hecho, los Cancilleres consideraron que ya era maduro el momento para notificar a la Comunidad Andina como una Unión Aduanera ante la OMC, en un acto que pondera en toda su magnitud los avances alcanzados en los 33 años de integración.

Los ejes temáticos identificados y priorizados por la Secretaría General para la nueva agenda estratégica y que han recibido el aval de los Cancilleres, se refieren, principalmente, al desarrollo de una agenda social, la profundización de la política exterior común, la construcción del Mercado Común, el desarrollo sostenible y la integración física de Sur América.

Debo destacar, en particular, la prioridad asignada a la agenda social, la cual se concentrará sobre dos grandes pilares: las acciones tendientes al establecimiento del Mercado Común andino y, de otro, el desarrollo de mecanismos para la cohesión regional y la lucha contra la pobreza.

Es esta una lógica y sensible respuesta para atender el grave deterioro de los indicadores sociales en la subregión. Alrededor de un 54% de la población andina - más de sesenta millones de habitantes - se encuentra bajo la línea de pobreza. Casi un cuarto de la población presenta niveles de indigencia. Los índices de concentración del ingreso de los países andinos figuran entre los más altos de América Latina. Los servicios sociales básicos, como la salud y la educación, siguen siendo altamente deficitarios, particularmente en las zonas rurales.

Acompaña también esta preocupación social la necesidad de una mayor participación en el proceso de integración. Existen ya los Consejos Laboral y Empresarial y una Mesa de Trabajo sobre Derechos de los Pueblos Indígenas. Ahora los Cancilleres han decidido crear una Mesa de Trabajo para la defensa de los consumidores y de los usuarios de los servicios públicos, lo cual revela la importancia que adquiere en esta nueva fase el interés en democratizar aún más los temas y los actores del proceso.

De igual trascendencia fue el hecho de que, después de analizar los diferentes tipos de inserción en el entorno internacional, los Cancilleres optaran por intensificar las negociaciones con terceros países desde una posición comunitaria, a fin de asegurar una inserción internacional con autonomía que facilite la suscripción de acuerdos.

Debo resaltar, en este contexto, la decisión de los Cancilleres de otorgarle a la Secretaría General la tarea de apoyar técnicamente al Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores en la conducción de la negociación y suscripción de un Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con la Unión Europea, con miras a un futuro Acuerdo de Asociación. De igual relevancia ha sido, además, el consenso suscitado para buscar el fortalecimiento de un sólido espacio sudamericano, para lo cual los Cancilleres ratificaron su voluntad de abrir vía libre a la realización de un acuerdo de libre comercio con MERCOSUR con la profundidad necesaria y en los plazos que ya se habían previsto con anterioridad, en la perspectiva de diciembre del presente año. Todo lo anterior, sin perjuicio de que los países puedan intensificar las relaciones con los Estados Unidos, con miras a un Acuerdo Marco.

Resultó absolutamente claro de esta trascendental reunión, que los diferentes escenarios de inserción internacional no son excluyentes y el criterio es que se pueda trabajar en plataformas simultáneas con los Estados Unidos, MERCOSUR y Europa. En consecuencia, las negociaciones se conducirán de manera comunitaria y con un enfoque que consulta los ritmos y plazos variables de los países Miembros, al tiempo que preserva la identidad y autonomía del proceso andino de integración.

Corresponde también al ámbito de los Cancilleres, desarrollar el programa del denominado Compromiso de Lima para la Paz, la Seguridad y el Fomento a la Confianza. Este es un reto de la mayor importancia porque significa, por vez primera, el ejercicio de una verdadera cooperación política al interior de la Comunidad Andina. De igual manera que lo será el Plan Andino contra las Drogas Ilícitas que es un flagelo común, del cual han derivado grandes sufrimientos nuestros países, y que resulta tema ineludible en el marco del principio de corresponsabilidad global.

En materia de desarrollo sostenible, se debe destacar el interés manifestado por nuestros gobiernos en abrir nuevos frentes estratégicos, como los referentes al aprovechamiento de la biodiversidad y a las alianzas energéticas regionales, que ofrecen un gran potencial para el desarrollo de los Países Miembros.

Concientes de la importancia de iniciar la ejecución de esta nueva fase de realizaciones y ajustar en todo momento el alcance de las estrategias, los Cancilleres reafirmaron el papel de la Secretaría General como unidad estratégica y ejecutiva de los temas centrales de la agenda multidimensional, lo cual se constituye en un paso decisivo en el fortalecimiento de la institucionalidad andina.

La nueva carta de navegación andina adquiere cada vez mayor compromiso de sus actores fundamentales. Y la próxima reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Andina, a realizarse en Rionegro - Colombia, los días 27 y 28 de junio de 2003, se encargará de rubricar, con el acompañamiento de la voluntad política de nuestros mandatarios, las nuevas líneas de actuación por las que se orientará y transcurrirá el proceso andino de integración.